sábado, 8 de junio de 2013

Un fragmento




Mis clases eran peripatéticas. Transcurrían en torno al estanque desde el que los cisnes y los patos nos miraban. Mis alumnos seguían suspendiendo las mismas asignaturas que suspendían antes de que sus padres me contrataran, pero habíamos mejorado la presentación de los boletines de notas, que ya no mostraban esos lamentables resultados gracias a mi pericia falsificadora. A los chicos les gustaba hablar conmigo, fumar dando un paseo, desacelerarse de todo el estrés que les provocaban los profesores cabrones que tenían en el instituto. Contábamos chistes obscenos, me pedían que les refiriese alguna aventura, yo los entretenía y les mostraba los posibles caminos a seguir en cada encrucijada. Cada semana ellos me pagaban lo convenido. Una vida dulce para todo el mundo. Tan solo eso queríamos. Nadie decía estupideces del tipo que suelen decir padres y maestros. Eran idioteces muy propias, muy sacadas de nosotros mismos, sin la envergadura de esos edificios de aire que se construyen hacia el porvenir. Les dije que me tendrían que invitar de vez en cuando a una lata de cerveza del chino y no les pareció mal. Les conté que me había tenido que gastar el sueldo en un salón de masajes porque estaba llevando a cabo una investigación para escribir un libro.
-¿Y para qué vas a escribir un libro?
-Siempre pensé que me gustaría escribir uno y ahora tengo una buena historia.
-¿Y por qué no te conformas con la historia? Mi padre también quiere escribir un libro con todo lo que sabe sobre los egipcios. Yo le digo que se conforme con lo que sabe sobre los egipcios. Que ya hay bastantes libros escritos sobre los egipcios por pobres idiotas como él.
Ya me diréis si no practicábamos una verdadera formación integral y socrática.

jueves, 9 de mayo de 2013

Leer con niños




Inspirada en el título de un ensayo que se publicó en 2007 y cuya portada es la de arriba nace una sección dentro de este blog con el mismo nombre. Ayer mismo puse en mi estado de facebook un anuncio para ver si alguien me podía facilitar dicho libro (a cambio, por supuesto, de otro que yo le enviaría previo acuerdo). La idea inicial es la de anotar las impresiones, observaciones o cualquier ocurrencia al hilo de una serie de lecturas en voz alta practicadas con mis propios hijos.

En el experimento participarán los siguientes sujetos: dos adultos (Adulto1, Adulto2) y tres tiernos infantes, consignados con nombre y edad: Santiago9, Pablo7 y Juan3. En un principio los lectores serán los adultos y los otros actuarán como receptores en sesiones que tendrán lugar, principalmente, durante sus cenas.

La primera lectura, elegida por Adulto1, sin consulta ni acuerdo previo es Pippi Calzaslargas. Todas las historias. Editorial Blackie Books.
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Es a raíz de las sesiones de lectura en voz alta de este libro y del visonado de los capítulos de la serie televisiva, cuando surge la idea de crear una sección en el blog para compartir la experiencia.



Los capítulos son breves, como mucho se tarda veinte o venticinco minutos en leerlos, dependiendo de las interrupciones del sujeto Juan3, al hilo de cualquier palabra que le sugiere una experiencia propia digna de ser compartida. Tras la cena, que no debe prolongarse mucho más allá, se procede a ver un capítulo de la serie rodada en el año 1969 y emitida en España en los 70, cuando los sujetos Adulto1 y Adulto2 eran unos infantes más o menos tiernos.




En su momento, y aún después, se levantaron voces contra el personaje, que lo consideraron perjudicial para la educación de los niños. Pero las pegas a estas alturas resultan obsoletas y casi que ridículas. Desde aquí pensamos todo lo contrario y reivindicamos la necesidad de esa actitud crítica y divertida que Pippi tiene ante la vida.


martes, 16 de abril de 2013

Vivir en la cabeza del pulpo en el blog laplazadeolavide






En Madrid hay una plaza que me gusta mucho, a la que además le han dedicado un blog que no os deberíais de perder, por lo menos los que vivís allí. Se trata de la plaza de Olavide, a la que en el año 74 le volaron el mercado que tenía en su centro y que es el que se ve en la fotografía. Quedó una cabeza muy despejada de la que salen ocho calles como ocho patas. Como más o menos todos los años paso algunos días por la zona, hace un par de meses, con ocasión de la última visita y gracias a la hospitalidad de mis sin embargo amigos Ana y Jose Manuel, escribí un relatillo que ahora se pubica.

Aquí

lunes, 8 de abril de 2013

Tres cuentecillos escatológicos



MEAS PILLADO

   Un catedrático les dice a sus alumnos de medicina durante una clase que es posible detectar la presencia de un exceso de azúcar en la orina degustándola. Para demostrarlo, moja un dedo en una muestra de orina y luego se lo mete en la boca. Declara que la muestra es demasiado dulce y les pide a los alumnos que lo comprueben ellos mismos.
   Todos los estudiantes repiten la prueba, algunos se muestran de acuerdo con el diagnóstico y otros no acaban de percibirlo. Pero ninguno descubre, hasta que se lo explica el profesor, que él ha metido el dedo corazón en la muestra y el índice en la boca. Lo que quería probar era la atención de sus alumnos, no la capacidad de estos para descubrir el azúcar en la orina.


JAN HAROLD BRUNVAND, El fabuloso libro de las leyendas urbanas, Alba Editorial, Barcelona, 2002, 344 páginas.




EL PEDO EN LA OSCURIDAD

   Había una vez un hombre que sentía una pasión desmedida por las alubias estofadas. Le encantaban, pero siempre le producían unas enormes flatulencias inmediatas. Un día, conoció a una chica y se enamoró de ella. Cuando estuvo claro que pronto se casarían, pensó: “Es una chica tan dulce y delicada que nunca soportaría este comportamiento.” Así que hizo un supremo sacrificio y dejó de comer alubias. Poco después se casaron.
   Unos meses más tarde se le estropeó el auto mientras volvía del trabajo y, como vivían en el campo, llamó a su mujer y le dijo que llegaría un poco tarde, ya que tendría que ir caminando. Por el camino pasó cerca de un café y le llegó un abrumador aroma a alubias estofadas, pensó que podría liberarse de sus tremendos efectos antes de llegar a casa y se detuvo en el café. Antes de volver a la carretera se comió tres raciones dobles de alubias estofadas.
   Durante todo el camino a casa fue tirándose pedos y, al llegar, se sintió razonablemente seguro de que había soltado hasta el último gas. Su mujer parecía agitada y nerviosa y exclamó, encantada: “Cariño, esta noche te he preparado una deliciosa sorpresa para cenar.” Entonces le vendó los ojos y lo condujo a su silla en la cabecera de la mesa. Se sentó y, justo cuando iba a quitarle la venda de los ojos, sonó el teléfono. Ella le hizo prometer que no se quitaría la venda hasta que volviera y se fue a contestar la llamada.
   Aprovechando la oportunidad, basculó sobre una pierna y se tiró un pedo. No solo fue sonoro, sino apestoso como huevos podridos. Cogió la servilleta de su regazo y abanicó vigorosamente el aire de su alrededor. Las cosas ya se habían normalizado cuando sintió que una nueva urgencia le acuciaba, así que se ahuecó en la otra dirección y soltó otro pedo. Éste fue de campeonato. Siguió así otros diez minutos, mientras escuchaba la conversación que tenía lugar en el vestíbulo, hasta que las despedidas al teléfono le señalaron el final de su libertad. Se colocó la servilleta en el regazo y cruzó los brazos, sonriendo satisfecho, y cuando su mujer regreso disculpándose por haber tardado tanto, era la viva imagen de la inocencia.
   Le preguntó si había espiado y él, naturalmente, le aseguró que no. En ese momento ella le quitó la venda de los ojos y vio su sorpresa: sentados a la esa estaban los doce invitados a su cena de cumpleaños.

JAN HAROLD BRUNVAND, El fabuloso libro de las leyendas urbanas, Alba Editorial, Barcelona, 2002, 344 páginas.


LA BOÑIGA

   Una historia de origen polaco ilustra admirablemente cierta estructura del espíritu. Habla de un polaco y un judío que, juntos, se dirigen a pie a un mercado. Ven un montón de excrementos y el judío le dice al campesino polaco:
   —Te doy diez zlotys si te comes esa boñiga.
   El campesino se queda pensativo. Imagina todo lo que podría hacer con diez zlotys mientras se pregunta por las intenciones ocultas del judío, que tiene fama de pícaro.
   Al fin acepta y, mal que bien, se traga la boñiga. El judío le da los diez zlotys prometidos y los dos hombres siguen caminando.
   Sin embargo, el judío reflexiona y se dice que sólo ha conseguido perder diez zlotys y que el polaco no parece haber sufrido gran cosa al engullir la boñiga.
   Al descubrir un segundo montón de excrementos, el judío se para y le dice al polaco:
   —Si me como esa boñiga, ¿me devuelves los diez zlotys?
   —Bueno, de acuerdo —dice el campesino tras pensarlo brevemente.
   El judío se pone manos a la obra y, a duras penas, gruñendo y ahogándose, se traga toda la boñiga.
   Vuelven a ponerse en camino los dos. Una media hora más tarde, el polaco le pregunta al judío:
   —Puesto que eres tan inteligente, ¿puedes decirme por qué nos hemos comido toda esa mierda?
   No conocemos la respuesta del judío.


JEAN-CLAUDE CARRIÈRE, El círculo de los mentirosos, Lumen, Barcelona, 2008, 380 páginas.

domingo, 7 de abril de 2013

La elección de Ángeles Prieto Barba


Ángeles Prieto Barba ha publicado microrrelatos en diversos medios digitales y ha aparecido en la recopilación de Fernando Valls titulada Mar de Pirañas.





DISCRIMINADAS


A Ángel Olgoso

Kampa descendió majestuosa extendiendo sus torneadas extremidades, perfectas tras muchos siglos de genética aplicada. Recuerdo que mientras los rayos polares del sol lustraban su piel de circulares manchas oscuras, y los ojos purpurinos nos miraban con la seguridad de su raza salvaje, nuestra exclamación colectiva logró que se dibujara en su boca una especie de sonrisa, puerta temible de unos pequeños y afilados colmillos que se saciarían no más llegara al camerino lujoso que le habíamos preparado. Allí le aguardaban, conforme a lo solicitado, cuatro hombres de altura superior a los dos metros que nos había exigido para algún divertimento desconocido. Aunque dada la inmensidad de su belleza sólo tuvimos que seleccionarlos entre los cientos de varones voluntarios, agolpados en el hall, nada más enterarse de su petición extraña. Creo que nunca olvidaré aquel largo paseo suyo por la alfombra roja, con ese vestido de argentíneo tafetán plegado, hombros al aire y ahíta de suficiencia, con la afilada barbilla dividida en dos mirando a un lado y al otro, deteniendo tiempo y espacio para nosotras, pobres espectadoras asombradas y llorosas ante la primera de las reinas de la belleza que nos había deparado el destino.

A los diez minutos bajó Delenn, suma sacerdotisa de los Mensai, con ese brillo especial que le otorgaban los azules ojos achinados. Su hermosura era distinta, o al menos así me pareció porque mostraban esa modestia propia de los seres inteligentes, capaces de entrever lo que nos depara el futuro. Destacaba también por su vestimenta oriental con sedoso kimono rojo, como gesto de aprecio a nuestra cultura vetusta y por las joyas, con ese collar de amatistas que rodeaba el transparente cuello, combinación excelsa de buen gusto. Por ello, cuando alzó aquella cabeza suya sin cabellos, adornada con una diadema propia en forma de pez y nos saludó, supimos verdadero aquel viejo proverbio que afirmaba que el encanto, la clase y la belleza surgen de dentro, de algún lugar indeterminado entre el corazón y el cerebro. Además, no nos había pedido nada extraordinario para acudir, tan sólo unos cuantos tomos sobre aquellas viejas tácticas bélicas que necesitábamos en el pasado. Qué hermosa la vi aquel día. Era mi favorita.

Más tarde, la más original de todas no se hizo de rogar, sólo alargó su paseo triunfal con dos enormes y largos tentáculos que salieron de su vestido níveo terminados en pinzas rojas de cangrejo, crueles alicates que no dejaron de agarrar y destrozar a cada nuevo admirador que saltaba la valla. En su fiereza, con cada crujido de costillas humanas, sonreía ufana, segura de que ninguna de las otras podría igualarla en poder y fuerza. Su cuerpo artrópodo era inmenso, sus piernas peludas parecían kilométricas sin necesidad de zancos o tacones, Talao se sentía feliz e inmortal.

Y entonces yo, eufórica, no quise seguir contemplando más reinas excelsas para lanzar mi crónica al mundo. Qué poco me importó entonces el frío y las insistentes amenazas agoreras de mis compañeros periodistas, adustos varones humillados. Pues como remate ese día, tras siglos y siglos de marginación, tras repetidos intentos e incesantes luchas por alcanzar la belleza perfecta, las hermosas y valientes mujeres habíamos triunfado: por fin podríamos celebrar en la Tierra, aquí en el Polo Norte, un auténtico certamen de Miss Universo.



THERMIDOR



Cuando el riachuelo de sangre desbordado alcanzó un extremo de la plaza de la Concordia, el hercúleo Samson alzó la hoja con esfuerzo y dio por concluido su trabajo, sin saber que aquel sería su último día. Y su última noche. Pues espíritus, fantasmas y otras ánimas en pena por él creados, dóciles criaturas de su memoria hasta ese mismo instante, se rebelaron con estruendosos gritos que le impidieron dormir y con el mandato urgente de que debía acompañarles, por lo que Samson sufrió un infarto fulminante.
No pudo enterarse de que los lideraba un rabioso Robespierre, recién decapitado. Ni tan siquiera supo que, sin su eficiencia, la Revolución Francesa había terminado. Pues aunque algunos abogaran por la vuelta a la justicia y a los derechos humanos, más verdad fue que aquella cuchilla maldita pesaba demasiado.


CERCO A LA BELLA DURMIENTE

Ángel Olgoso (De La máquina de languidecer, en Páginas de Espuma)

El príncipe se inclina sobre el lecho adornado con flores y besa a la Bella Durmiente, pero la princesa no se despierta. Es posible que a) tenga el sueño muy, muy pesado, b) no sea la auténtica Bella Durmiente, c) él sea un impostor de mirada tierna en horas bajas, incapaz ya de despertar a una doncella tras otra, d) advertida por sus lecturas de cuentos populares, la Bella Durmiente se niegue a entregarse al primer príncipe que la roce con los labios, e) el huso que pinchó su dedo estuviese emponzoñado a conciencia, f) el príncipe no haya besado a la princesa en el punto propicio acordado por la tradición, g) la Bella Durmiente, dada su aristocrática condición, considere procaz e indigna la actitud del príncipe al no haber sido debidamente presentados, h) simule estar dormida al entrever el horrible aspecto del príncipe, i) la princesa, de naturaleza escasamente virtuosa, necesite algo más que un simple y casto beso para ser despertada, j) el hada benévola intente así evitarles la crueldad de vivir juntos hasta la muerte, y k) cuando el príncipe acertó a pasar cerca del palacio encantado y atravesó el espinoso seto de escaramujos, no habían transcurrido aún los cien años prescritos ni llegado, por tanto, el día en que la Bella Durmiente tenía que despertar, lo que obligará al torpe príncipe a esperar aquí dos, quince, treinta y ocho años más.

ACOSO CONTEMPORÁNEO Y METE-PATAFÍSICO A LA BELLA DURMIENTE by Ángeles Prieto Barba (inédito)

l) el anticuado príncipe apenas puede reconocerla ahora bajo atavío punkie, con ostentoso piercing en los labios que impide romper el hechizo, m) en realidad, la bella yace bajo halitoso coma etílico y él ni siquiera puede controlar sus arcadas, n) más de veinte cámaras esperan retransmitir el ansiado momento a todas las televisiones del mundo, por lo que el elegido, enfermo de tímida ansiedad y pese a los incentivos económicos, decide no comparecer, o) la princesa en verdad continúa bajo anestesia tras operación drástica por cambio de sexo y el príncipe, atribulado, se niega a aproximarse a eso, ¡qué corra el aire!, p) los áulicos consejeros integristas han cubierto por completo el rostro de la Bella con un burka que no permite el morreo salaz, q) superadas las oposiciones principescas, ella fue destinada a Siam y él, a Burkina Faso, por lo que deciden no continuar ante la imposibilidad de pasar más de tres días al año juntos, r) el príncipe, forofo del Atlético, es advertido antes de que la Bella luce tatuaje del Real Madrid situado justo entre el ombliguito y su frondoso venusberg: no hay nada que hacer, s) él nació en la señorial Sevilla y la princesa es gaditana: aún menos, t) certero fue el dramático diagnóstico que firmara Raymond Chandler, u) hasta el conde Drácula se adelantó al príncipe bobo, luego sería eficaz una estaca de madera y nunca un besuqueo cariñoso, v) la ardorosa Blancanieves, también princesa, ya sedujo antes al príncipe con senos mucho más firmes y orondos, w) él no ha conseguido aún superar su natural condición anfibia y sólo puede depositar sobre ella ósculos viscosos y fríos, inútiles, x) al menor contacto el milagroso botox que mantiene la juventud de esta princesa trimilenaria perderá toda su eficacia, y) el despertador verdadero de la Bella no radica precisamente en esos labios y z!) ¿Acaso conoce alguien pócima, remedio o beso mágico que pueda curar, de improviso y a la vez, la disfunción de un torpe príncipe y la frigidez de una doncella lacia?.



DOS MICROS MÁS DE OTROS AUTORES


HELIOTROPOS


de DANIEL MOYANO

El hombre es bípedo y andante por error biológico. De lo contrario, volaría. La evolución tiende a las congruencias, y el volar con naturalidad hubiera sido una de ellas. Todo estaba preparado para ese brillante comienzo. Porque volar era lo suyo. Una oportunidad única que le daba el Tiempo, entonces lento y generoso.
Por error o inclinación, prefirió el largo y tortuoso hecho de erguirse para reptar como un inválido (está a la vista que caminar sólo con dos pies es una de las costumbres más absurdas y antiestéticas) recorriendo el planeta, que, de paso, depredó escrupulosamente. A partir de entonces, el resto de los vivientes le llamó Dos Patas, triste nombre con el que lo reconoce la memoria biológica.
Pegado a la Tierra, a la que, por su naturaleza de evadido, no pertenece cabalmente, su comportamiento, debido a esta circunstancia, es el de un parásito, o como el de un pequeño y pernicioso gusano del universo, según la vio la implacable lupa del irlandés Jonathan Swift.
La Tierra estaba lista, como un regalo del tiempo en su primer milenio, para ser el descanso del vuelo, la mesa tendida llena de alimentos, un árbol en el diluvio. Pero él prefirió convertirla en cárcel, y como tal la ama, aunque a veces, en sueños, añora los espacios planetarios.
Cada vez que es consciente de la pérdida, dice que aquí abajo tiene como sustituto el consuelo del amor, y lo esgrime como respuesta a esa carencia fundamental. Ignorante de que en el espacio hubiera tenido acceso a esas casi increíbles mujeres descubiertas por el poeta y astrónomo argentino Oliverio Girondo, que hacen el amor en vuelo y que cada mañana, mientras desayunas terrícolamente, si te asomas un poco a la ventana puedes ver haciéndote señas desde las nubes bajas invitándote a un regreso.
Para cazarlas inventó unos sucedáneos metálicos del vuelo, de los que ellas huyen asustadas y como olas que desde la playa se alejasen mar adentro.
Acuciado por la nostalgia del paraíso perdido, últimamente construyó artefactos capaces de viajar por el cosmos. En el espacio, que pudo ser del hombre para siempre, estos pergeños, con o sin astronautas, actúan como intrusos.
En sueños, estos hombres que perdieron el espacio pueden a veces ver la Tierra-Jardín como desde lejos, ostentosa de mares azules mezclados con crepúsculos, salpicada por ínsulas extrañas, aguas súbitas, flores espasmódicas y mujeres en vuelo.
Y además verse a sí mismos, muy por encima de ese globo envuelto en luz, tal como hubiera podido ser, flotando, volando, renaciendo, arriba y abajo, como enormes mariposas transparentes y con consentimiento de los grandes heliotropos.



SIRENA EN SILLA DE RUEDAS

de Carmela Greciet

La sirena pidió a los servicios sociales que la llevaran tierra adentro porque iba a surcar los mares el atractivo, astuto, fecundo en ardides, saqueador y felizmente casado Ulises.
Algunos días de sol la llevan al parque, donde se la puede ver con su hermoso pelo suelto, leyendo a Joyce junto al estanque. Lleva una mantita de cuadros sobre -la que dicen es- su majestuosa cola plateada, y ya nunca nunca canta.

Los textos elegidos (Angel Olgoso, Carmela Greciet y Daniel Moyano) pertenecen a escritores a los que siempre guardé una gran admiración y amistad eterna, aunque me parece que de ellos no se me ha pegado gran cosa, como me gustaría. Bueno, eso deben juzgarlo los lectores.



viernes, 5 de abril de 2013

La elección de Eduardo Cruz Acillona

Eduardo Cruz tiene un blog llamado Más claro, agua.

Al buscar su imagen en internet te salen estos dos tipos. No sé.



De todos los géneros literarios, el que más me gusta es el microrrelato: ofrece emoción y concisión a partes iguales. Imagínense el tiempo que nos habríamos ahorrado si Dan Brown hubiera escrito:

El Código Da Vinci es: E H J R 7 5 3

Claro que, luego, a ver quien era el Tom Hanks de turno que hacía una película con ese material…

Si haces una rápida encuesta (yo es que no tengo tiempo) sobre cuál es el microrrelato más corto del mundo, la mayoría de lectores te dirá que el de Augusto Monterroso:

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

Pues no. Existe un microrrelato mucho más breve escrito por el argentino afincado en Granada Andrés Neuman:

Se despertó recién afeitado.


Yo, cuando sea mayor, también quiero despertarme recién afeitado y vivir tanto como los dinosaurios, que habitaron la Tierra durante millones de años, aunque luego tenga que extinguirme por causas desconocidas.

Mientras eso sucede, me dedico a escribir y publicar microrrelatos. Esta es una pequeña muestra:

# 1

“¡Carguen!... ¡Apunten!... ¡Fogueo!...” La guerra duró mucho tiempo, pero todos vivieron para contarlo.

# 2

Decidió suicidarse. Abrió la ventana y se lanzó al vacío… Años después, sigue viviendo en un bajo.

# 3


Uno de los invitados escondió un tenedor de plata en el bolsillo de su pantalón. Tuvo que disimular el pinchazo durante toda la cena.


Y ahora, otros tres microrrelatos de autores consagrados:


# 4 (Ana María Shua)

Todo es relativo. En mi planeta ganaba concursos de belleza, llegué a ser el equivalente de lo que Miss Universo es en la tierra. Aquí soy un fenómeno de circo, dice con tristeza la hembra de Alfa Centauri, sacudiendo sus apéndices vibrátiles. Total, quién puede desmentirla.

# 5 (Juan José Millás)

Hay novelas que aun sin ser largas no logran comenzar de verdad hasta la página 50 o la 60. A algunas vidas les sucede lo mismo. Por eso no me he matado antes, señor juez.

# 6 (Eduardo Galeano)


Un buen día, la alcaldía le encargó un gran caballo para una plaza de la ciudad. Un camión trajo al taller el bloque gigante de granito. El escultor comenzó a trabajarlo, subido en una escalera a golpes de martillo y cincel. Los niños lo miraban hacer….

Los niños partieron de vacaciones, rumbo a las montañas o al mar; cuando regresaron, el escultor les mostró el caballo terminado.

Uno de los niños, con los ojos muy abiertos le preguntó:
- … ¿pero cómo sabías que dentro de aquella piedra había un caballo?