
Tarde o temprano, en cualquier circunstancia, se puede llegar a un punto de no retorno.
Es lo que le ha sucedido a este blog.
Pienso que ya no tiene mucho sentido seguir publicando varios cuentos semanales.
He intentado ser fiel a su nombre. Tanto al del blog como al de mi nick.
En este tiempo he tenido, además, la oportunidad de descubrir otros blogs y a los escritores que había detrás. He comprobado el calor de algunos lectores, con los que he mantenido una deliberada distancia. Muchísimas gracias y perdón si en ocasiones he podido parecer, o ser, desconsiderado.
No sé qué es lo que va a ocurrir a partir de ahora. Lo que tengo claro es que para dar un paso hacia adelante en mi trabajo he de distanciarme de la inmediatez de la blogsfera, que tanto me ha dado y donde he aprendido lecciones que no se enseñan en ninguna otra parte.
Me gustaría seguir presente en el medio colaborando en espacios colectivos. Eso sin duda. Estoy abierto a cualquier propuesta.
Tampoco renuncio al canal para la difusión promocional.
Soy desordenado y el blog me ha ayudado a organizarme. Por lo pronto a guardar textos que sin él ahora mismo no sabría dónde buscar.
En fin, que el espíritu que ha soplado detrás de este blog tal como lo habéis conocido, llega hasta aquí. Más adelante ya se verá.
Muchísimas gracias.

El tío de las fotos es Raymond Queneau. Muy elocuentes, ¿no creéis?