domingo, 5 de marzo de 2017

Viajar con niños



Todos los años, yo soy él, viajo con niños desde que tengo hijos, antes viajaba sin ellos, con novias, porque las tensiones del viaje se resolvían como a mí, a él le gustaba, pero jamás viajé con mis padres, porque ellos no viajaban; mi padre nunca tuvo vacaciones y desde que se jubiló ni él ni mi madre han manifestado interés por el desplazamiento. Desde que tengo hijos hago la vida con niños; esto es, leo con niños, Las aventuras de Tom Sawyer; veo películas con niños, Los siete magníficos; viajo con niños, y con la madre, ella es ella, lo que este año nos ha llevado desde el 25 de febrero al 4 de marzo a Escocia. Cuando no tenía hijos lo que hacía no era muy diferente de lo que hago con ellos, pero tenía que trabajar menos y todo era mucho más descansado; echar un polvo era infinitamente más fácil, esta es una diferencia esencial. El viaje para mí es una oportunidad imaginaria, lo era así antes de ser padre y lo sigue siendo ahora. Lo que me interesa de los viajes son las posibilidades de creación. No voy demasiado documentado a los viajes, solo lo esencial. El pasado dos de marzo llegamos en coche alquilado a la ciudad de Inverness y acabamos aparcando, cuando ya oscurecía, en la explanada de un centro comercial, sin saber exactamente a cuánta distancia nos encontrábamos del centro histórico y sin hotel reservado para los cinco integrantes de la misión; pareja, él y ella, con hijos de trece, diez y siete años. Había que. Ubicarse y encontrar alojamiento a un precio razonable. Esos momentos son muy excitantes, hay que ir y venir, dar vueltas, preguntar, decidir, ponerse de acuerdo e incluso discutir, mientras tu cerebro va creando dos mapas, uno concreto y otro imaginario, de conexiones prácticas y poéticas, de dónde vas a poder dormir y cenar, y de qué te interesa ver y por dónde quieres pasear, evidentemente por las dos orillas del río para cruzar por sus puentes peatonales. Si cenamos, con todo merecimiento, después de cinco horas de conducir por la izquierda, y comer dentro del coche unos bocadillos, en McGonagall's Steakhouse, descubrimos que el nombre del restaurante hace referencia a William Topaz McGonagall (1825-1902) celebrado como el mejor de los peores poetas del mundo, pero advertimos también que el menú infantil tiene buena pinta a un precio moderado, lo cual a mis hijos les fastidia porque suelen comer lo mismo que los adultos y al de trece años, como comprenderán, a pesar del buen filete que se mete entre pecho y espalda, la cosa no le hace maldita la gracia. Por supuesto la recompensa de los adultos es adulta y se concreta en un Fillet Steak a la altura de las circunstancias. Los días de viaje son intensos, se camina mucho, se anda y se desanda, se visitan lugares que a veces ofrecen una información apabullante, puede haber crisis, malos entendidos, frío, lluvia, pero la cena es el momento para el resumen de todas las anécdotas, un par de pintas y una jar of water for the kids que sale gratis. El mapa que el viaje dibuja sigue un itinerario de lugares, que en Escocia son castillos, lagos, ciudades de nombres que uno acabará olvidando, refugios de montaña, carreteras estrechas y peligrosas, que los viajeros han de llevar, contra su costumbre, por la izquierda. Ella maneja los mapas, él conduce, ella baja un navegador al móvil, al que a veces hacerle caso estricto es un error y a veces el error es no hacérselo. El viaje tiene mucho de ir perdido por el mundo y enseñarles a tus hijos a ir perdidos por el mundo para encontrar lo que uno no sabe que busca es una de esas oportunidades imaginarias. Uno va en el viaje en paralelo a todas las atracciones turísticas, porque los viajeros son en nuestro tiempo esencialmente turistas, pero uno siente enorme satisfacción al ver que, aunque llega a los mismos lugares que todo el mundo que visita el país, lo hace un poco a su manera, que tampoco es única u original, sino una forma de acercarse al lugar del modo más sencillo y natural posible. En Edimburgo hay muchas librerías antiguas y de ocasión, que son unos maravillosos laberintos para los aficionados, con recovecos increíbles, altillos, sótanos y habitaciones minúsculas tapizadas hasta sus altos techos de volúmenes. En la calle West Port, donde dos tipos mataron y vendieron para que fuesen diseccionados en la facultad de medicina de la ciudad a 16 víctimas, historia que ha tenido muchas versiones literarias y cinematográficas, a continuación de la Grassmarket, donde estuvo la horca, está, entre otras, Edinburgh Books. Las librerías antiguas y estas historias son puntos más imaginarios que reales que conectan en los viajeros sus fantasías; allí el hijo mayor elige The ABC Murders de Agatha Christie, uno de sus pilares de iniciación a la lectura como adulto, y su padre, o sea yo, o sea él, que no lee en inglés, se queda con The Wilde Album, con gran profusión de fotos de Oscar Wilde. Ella busca un mapa que no acaba de encontrar, ella va dibujando el viaje de la jornada siguiente, ella da con el pub dedicado enteramente a Frankenstein, donde está puesta en bucle la película, al lado de aquel otro en el que todos los visitantes nos hacemos una fotografía, porque en él nació Harry Potter. Escocia es para el visitante también una sucesión de tópicos, un itinerario de batallas, de héroes, de clanes asesinados a traición, una filmografía revisada antes del viaje. Bob Roy, Mel Gibson como William Wallace, Los Inmortales, mala película donde las haya. Nuestro apartamento en Edimburgo estaba al lado de una discoteca que se promocionaba como escenario de Trainspotting 2. Pero también hay sitio para la realidad más dura. Los pedigüeños callejeros pasan frío, se arropan a las puertas de los supermercados con sus sacos de dormir, leen. La vida en la calle es visiblemente más dura que en las tierras meridionales. Los escolares, los estudiantes, como en cualquier parte del mundo, arrastran sus pies, hacia sus obligaciones. Y si el viaje se acaba como en efecto lo hace, es abrupta su interrupción; solo unas horas después de haber bajado de las altas tierras de Escocia los cinco turistas abren con llave propia la puerta de casa, desde donde muchas partes importantes del viaje se esfumarán en el olvido y otras, a las que quizás no se les prestó tanta atención, fermentarán en conexiones imaginarias, vagas, del recuerdo de lo asombrosa que es la naturaleza y lo curioso que es el hombre, uno por ejemplo, que se preparaba su cigarro de liar en la compañía de un conejo vestido con un jersey rojo, el conejo.

domingo, 11 de diciembre de 2016

El hijo de la estrella






Yo era un chico imberbe todavía cuando aquella mujer me asaltó por la calle, me dio unos abrazos y unos cuantos besos y me dijo que había estado casada con mi padre. Qué gran hombre tu padre, me dijo, qué recuerdos más maravillosos tengo, eres igual que él, las chicas te van a rifar. Luego vino la otra mujer, la que la arrancó del abrazo con que me sujetaba y le dijo, deja al muchacho tranquilo, ¿no ves que lo avergüenzas?, y se la llevó. Me pareció evidente que la mujer estaba desquiciada. Llegué a casa y fui a buscar a mi padre, que en ese momento estaba entretenido en una tarea muy delicada, no recuerdo si limpiaba las armas de su colección u ordenaba los volúmenes de su biblioteca. Cómo estás, me preguntó. Bien, papá. No le dije nada del episodio que acababa de vivir en la calle, pero durante unos segundos lo observé con curiosidad. Mi padre era, como todo el mundo sabe, un hombre fornido y atractivo, que le debía su gloria a un personaje de ficción interpretado con enorme solvencia. Quizás aquella mujer tenía razón y había estado casada con mi padre. Después de que mi padre y mi madre se separasen hubo un par de matrimonios más. Muchas veces me he detenido a pensar en aquel episodio, ¿quién era aquella mujer? No volví a verla, pero me di cuenta con el tiempo de que me hubiera gustado hablar con ella, era evidente que me había reconocido. He conocido a todas las mujeres con las que mi padre ha estado casado, antes y después de mi madre, y ninguna ha despertado en mí el interés y la curiosidad que siento por aquella mujer que me habló en mitad de la calle menos de un minuto. Dale un beso, me dijo, cuando su amiga ya la arrastraba hacia la playa. El caso es que sobre mi padre ya se han escrito unos cuantos libros y en ninguno de ellos se habla de una desconocida con la que pudo haber estado casado, lo que no quiere decir que ello no haya sido posible. Paseo mucho por la playa el cáncer de hígado que me va a matar y ahí es donde pienso y pienso, y pienso, luego, ya saben, existo. Creemos que conocemos a nuestros seres más queridos y eso, muchas veces, no es verdad, no tenemos ni idea. Mi padre contaba sus anécdotas a la hora de comer, cuando venían sus amigos a tomar una copa, siempre que alguien lo quisiese escuchar. Sus admiradoras le escribían y le pedían fotos firmadas y prendas de ropa para satisfacción de sus fetichismos, también le pedían matrimonio y otras extravagancias que yo no lograba cazar, pero que más tarde fui averiguando. La carrera cinematográfica de mi padre estuvo obviamente limitada, porque si bien tenía enormes virtudes atléticas y natatorias, en lo que se refiere a la actuación estaba mucho más limitado, de modo que con el tiempo, cuando su carrera empezó a declinar, acabó entrando en el mundo de los negocios. Un buen día alguien me asaltó por la calle, tu padre es un pedazo de hijo de puta enorme, como la copa de un pino, un cabronazo, dijo, sin que yo supiera todavía a qué carta apostar, si era bueno o malo lo que iba a decirme. Hasta que terminó la frase. Uno de los problemas de imagen de mi padre fue siempre la papada, esta misma, la misma papada familiar que ya tuvo mi abuelo y que yo mismo le he dejado en herencia a mi hijo. La frase venía a decir que mi padre le había hecho ganar un montón de pasta alicatando piscinas. Por lo que yo sé las piscinas casi arruinan a mi familia, así que me alegro de que alguien ganase dinero con aquel proyecto. También hubo un tipo que escribió un cuento sobre mi padre, una cosa absurda de un tío que iba de chalet en chalet por una urbanización, bañándose en todas las piscinas hasta llegar a la suya. Mi padre pensó que si se hacía la película lo llamarían a él, pero no fue así, le dieron el papel a otro, que no quiero mencionar aquí para no darle más publicidad. Seguramente todos conoceréis de sobra la marca de mi padre, su grito, a veces si tenía invitados y se lo pedían emitía aquella mezcla de chillido humano mezclado con aullido de hiena, rasgar de violín y el gruñir de los camellos. El grito de papá producía una gran satisfacción en todos menos en mí. A mí me avergonzaba. Me avergonzaba, luego existía. Ningún placer me pareció nunca una prueba de existencia tan rotunda como cualquier nimia contrariedad. En el colegio acabaron enterándose de quién era hijo y de repente me hice muy popular. Lo invitaron a dar una charla y aceptó. Al final le pidieron que lanzara su grito y lo hizo. Cuando mis padres se divorciaron sentí alivio. Mamá y yo nos mudamos y durante bastante tiempo mantuvimos el anonimato en una ciudad provinciana y tranquila, donde me enamoré de una chica con la que me acabé casando. Conforme me pasaron los años el parecido con mi padre fue creciendo y uno de mis mayores temores era que alguien me relacionara con él, que había pasado de ser una gran estrella a verse relegado a producciones en las que se evidenciaban todas sus carencias interpretativas, para finalmente dar palos de ciego en unos cuantos negocios ruinosos. Yo mismo no entendía muy bien cuál era el verdadero motivo que me hacía sentir aquel desapego hacia mi padre, que sin ser el padre perfecto siempre que había encontrado oportunidad había sido bueno y cariñoso conmigo. Mi madre había intentado por todos los medios que entre nosotros hubiese una relación cordial, pero después de que se separaron yo adopté una actitud huidiza. Si ponían alguna de sus películas por la televisión, yo pretextaba cualquier excusa para no verla con mi mujer y mis hijos. Mi padre nos visitó un par de veces y fue obsequioso con mis hijos, nada que reprocharle. En una de ellas antes de marcharse me tendió la mano y dijo algo que no entendí. Doy por hecho, mientras existo en el paseo que doy pensando por la playa en este relato de un desconocido, que nos deseaba a mí y a mi familia lo mejor.

lunes, 18 de julio de 2016

Entrevistas breves con lectoras sugestivas. Asun Gámez





Soy Asun y comparto con Antonio un amigo común (por ahora el facebook no nos ha relacionado todavía). José María acaba de iniciar su andadura en la escritura presentando hace un par de semanas su primera novela, a cuyo acto nos invitó y donde coincidimos con Antonio. A los pocos días José María me pasó el libro "La magia de los días" porque conoce mi afición a la lectura. Vivo en el Rincón de la Victoria y participo en dos tertulias literarias; una en el instituto Bezmiliana y la otra en la librería “la mínima”, ambas con una frecuencia mensual. Ahora mis lecturas centrales las ocupan las tertulias porque dos libros al mes ya ocupan el grueso de lo que leo de literatura, pero si me sobra tiempo leo de casi todo: novela negra, ficción, novela histórica. En este momento leo “El segundo hijo del mercader de sedas” de Felipe Romero Olmedo, novela histórica ambientada en el siglo XVI- XVII en Granada centrada en los libros plúmbeos del Sacromonte, una de las falsificaciones más famosas de la historia.

Antonio me ha pasado una entrevista con algunas preguntas que paso a responder.


Creo que formas parte de un club de lectores ¿Cómo estais organizados y cuál es el libro que más éxito ha tenido entre sus miembros?

En ambas tertulias se hace una proposición por parte de los integrantes de los libros a leer y coincidiendo en que en las dos se suele leer también de autores noveles que además suelen ir a las tertulias o en el caso de “la minima” hacer la presentación de su libro.
A las tertulias acuden sobre doce personas y el formato varía de una a otra. En la del instituto no hay formato, empezamos con una merienda y el personal va exponiendo sus impresiones. En la de la librería la mínima sí que hay un formato instaurado, empezamos con una ronda de la impresión general que nos ha causado el libro y seguimos ya desmenuzando aspectos del libro donde cada cual va haciendo sus aportaciones.
Los libros que leemos suelen gustar, no siempre a todos. El último leído en la mínima ha sido la ley del menor de Ian MCEwan, cuya lectura recomiendo.


¿Qué esperabas antes de leer La magia de los días, qué expectativas te creaste a partir de la recomendación por parte de nuestro amigo común José M. Narbona (a quien yo llamo, desde tiempos del instituto, Pepe?

Como cada libro que empiezo a leer espero que me aporte algo, como cuando veo una película o veo fotos, o acudo a una exposición. En este caso no tenía una idea predeterminada, sólo cuando José M. me prestó el libro me dijo que el autor había empezado a publicar no hacía mucho así que no tenía referencias como suele pasar con escritores más consagrados.

¿Cuál es ahora, una vez leído, tu impresión general sobre el libro?


La magia de los días está compuesta de varios relatos y una novela corta. A mí me gustó más la novela. Su extensión, no es muy larga lo que hace que se pueda leer de una sentada y ello también es posible porque es muy fácil meterse rápido en la trama. Su lectura me evocó “el laberinto de las aceitunas” de Eduardo Mendoza por lo descarnado de las escenas y sin embargo despierta la sonrisa en el lector. El final del libro me fascinó, me parece muy bien montada la estructura de la novela. Recomendable su lectura.


¿Te gusta comparar tus impresiones de lectura con críticas en blogs, periódicos o revistas, o haces caso de sus recomendaciones?


Para mí siempre ha habido un referente en literatura, el suplemento Babelia de los sábados del país. Me gusta leer las reseñas que hacen de los libros y en 30 años que lo leo creo que su línea es muy acertada. Por lo demás no utilizo redes sociales, soy más del vivo y por suerte en las dos tertulias que comparto hay personas que siempre hacen sugerencias y descubres cosas nuevas. Mi último descubrimiento ha sido “La leyenda del Ladrón” de Juan Gómez-Jurado.

¿A qué tipo de lector crees que le puede interesar La magia de los días?


No creo que el libro tenga un tipo de lector determinado, como he dicho antes por el formato de ser una novela y relatos cortos es más accesible que cuando te recomiendan un libro de 8000 páginas, la sociedad nos está “maleducando” a ver el tamaño de la lectura. El problema que yo veo en la actualidad para los nuevos autores es que al ser más fácil publicar hay una proliferación de títulos y si a ello le añadimos que el tiempo que se dedica a la lectura no ha aumentado quedan relegados a los bestseller que las grandes editoriales y el boca a boca nos hacen que tengamos en la recámara para la próxima lectura. El problema pues es su difusión.

¿Qué ocurre cuando te das cuenta de que un libro no te interesa y vas ya por la mitad?


Antes era reacia a abandonar la lectura de un libro sin acabarlo, tanto por la edad que provienes de la época en que comprar un libro no era un acto mecánico como por dar siempre una oportunidad al lector. Ahora aplico el decálogo de Pennac, si un libro no me engancha lo dejo…. Hay tantos libros y tan poco tiempo!

¿Cuáles son tus primeros recuerdos lectores?

Desde que era pequeña la lectura para mí siempre ha sido muy importante. Provengo de un medio rural y de una época en la que gran parte del acceso al saber era a través de los libros. Fui dando los saltos naturales en la edad, de cuentos y tebeos salté a libros infantiles, mis favoritos eran el club de los siete secretos de Enid Blyton y de ahí ya pasé a rapiñar la librería de mi hermano, once años mayor, por lo que accedí pronto a los grandes autores de la literatura, García Márquez, Tolstoy, Sénder….
Finalizo coincidiendo contigo en la importancia de la literatura en el hombre. Aporta conocimientos, vivencias, inflama la imaginación, los sueños. Aporta conocimientos…. Comentas tu creencia de que la lectura acaba desembocando tarde o temprano en cierta vocación por la escritura. Creo que la función de la escritura es un proceso más complejo, todos tenemos vocación de transmitir a los demás pero me parece un oficio muy complejo y hay tanto por leer que por ahora no es mi caso.
Te deseo la mejor de las suertes con tu novela. Ya pronto me pondré con otra tuya que me va a prestar José María.
Te leo …

viernes, 17 de junio de 2016

La magia de los días. Entrevistas breves con lectoras sugestivas. Rafael Muñoz




Hola, Rafael, se trata de una promoción que voy a hacer de mi novela a partir de entrevistas que le hago a sus lectores y lectoras. Si me pasas una biografía breve, aficiones y gustos, etc... Y una foto tuya con el libro o sin él, como te dé la gana, la publicaré en mi blog y en Facebook.

Breve biografía

Fui profesor en secundaria sin desertar... pero prefiero hablar de mis aficiones y etcéteras.
Estudiante de asignaturas pendientes, Arte, Literatura y Estética. Decreciente en redes sociales, me derivo en hablar donde sea con amigos o gente desconocida. Caminante incansable para chutes de endorfinas. Alumno de Yoga en cultivo de adentros. Atento a signos de refugiados. Cooperante de concretos estos o aquellos. Apasionado de la fotografía y comparto algunas en Instagram. Escribidor críptico adrede y compositor de piedras para regalar.



Rafael, el otro día tuve la oportunidad de comprobar la intensidad de tu lectura sobre La magia de los días. Lo primero que me dijiste es que lo entroncabas con la poética del extrañamiento y enseguida me pareció muy pertinente. ¿Lo podrías explicar?

En el concepto de extrañamiento me introdujo el profesor de Estética Luis Puelles. Una de sus lecciones magistrales sobre El cortesano y su fantasma,de X. Ruber de Ventos, como referencia de experiencia estética, propone tres tiempos, primero el desconcierto por el impacto y desconocimiento que nos puede producir una obra, segundo el reconocimiento que podemos alcanzar tras la reflexión, el análisis, la documentación etc. de dicha obra, y finalmente el des-reconocimento que puede suceder si la obra se sitúa más allá de lo que se dice en ella, genera una ruptura y no acaba de dejarse coger.
Me tomo la licencia de aplicar a la La magia de los días el tercer tiempo, el des-reconocimiento, el "extrañamiento", que percibo como leitmotiv de esta obra, su lectura me lo ha evocado de forma racional y emotiva. Paso a explicarlo en nueve epígrafes con dosis de parafraseo.

1.Extrañamiento
La indagación en el miedo desde un hastío infantil que da ojos para el mundo, levantarse dubitativo e insatisfecho en un ataque de melancolía que dura una semana, la pomada en la primera frase de El limón...
La extrañeza que produce la oreja de un gato, delgada y fría como la piel de una caña de bambú, coger cartas ajenas y no abrirlas, desarrollar la ironía buscando el nombre propio en las lápidas de los cementerios, -que por cierto amigo Antonio, con lo poco amigo que soy de visitar esos espacios, encontré la mía recientemente-
Imaginar a los amigos, la familia, como esos desconocidos que nos acompañan o correr perseguido por el aburrimiento en las oscuras y grumosas arenas de la Misericordia.
El zarandeo de La magia de los días en los dos versos últimos del poema de Alejandro Céspedes.

2.Extrañeza en lo propio
Con edad muy tierna y sonrisa pícara, Adán preguntó a su madre por qué la tierra se llama así, y ya adulto se cuestiona el planeta con pulmones de Asfalto y Nirvana. Se inspira en la observación y llegado el caso, sus enseñanzas son orales, le interesan las levitaciones y, aunque suspendió en el examen para mimo, sueña con representar en vivo a su Cristo levitante. Entrará en Madrid con el monóculo de las manifestaciones, y en el Km 0 encuentra la mejor versión del hombre volador así como un premio que le otorga cierto comisario, que agradece de todo corazón.
Adán es acuícola y anfibio, mueve el café sin endulzar y considera que el ceceo hace parecer más moreno, y en más profundidad, un suceso que se puede considerar, cuando menos de muy mal trago, para él es el fin de semana más divertido de su vida. ¿Se trata de un desconocimiento de los miedos o es la forma decidida o no, pero "extraña-inquietante" de abordar lo propio? La equivocidad está servida.

3.Conciencia fría de lo otro
Adán es un fisgón en la casa Amarga y Guarra, y en la casa de Teresa, la que llega a sentir miedo de él. En Figueres se encarama entre los huevos del Teatro-Museo, sin robar nada, mientras que a él le robarán el inexistente tomo de cuentos de Dalí. En Villa Felicidad revive sombras del pasado, y coronará sus escaladas en los muros del nº 11 de Jesús del Monte...
Las reiteradas alusiones a la hidrocefalia de Paco Tierra explica las obsesiones, los crecimientos, porque a quién no le ha crecido alguna vez la cabeza y no se ha ocupado con artimañas de internet para disimular. Si hasta Dios creó el pelo en los hombres el séptimo día, puesto que eran todos calvos.

4.Obstrucción de la transparencia
El recuerdo es como la caja de un puzle donde se juntan trozos y actúa como el taxidermista chino que falsifica piezas mezclando partes de animales. -metáfora prólogo en los avatares del protagonista-
El ganapán que entró por el ojo del Alemán, las reiteradas alusiones a la ceguera de Adán y esa parte por donde la bala perforó a Carlo Giulliani...
La mosca que eligió el libro canijo de Paco Vaca, que podría servir para calzar la inestable mesa de noche con el ras del suelo. Las diferentes formas de otear a quien rumia en el fondo de la Vaca Multicolor de Zaratustra como el gesto inútil de poner un tiesto con flores sobre la mesa de la biblioteca.
El ojo por el que el universo puede desahogarse llorando, la dolce vita de la metáfora del estanque del parque del oeste... si pudiese caminar con aquel libro, sobre sus aguas como Jesucristo, como si fuese una novia enamorada junto al pecho... allí donde nadan carpas gordas y sucias y peces cebados... y el jardinero advierte a Adán lo prohibido, para que éste pierda el anillo de compromiso, quizás porque le sobraba un brazo y le salían tres del troco. El mismo que con monóculo de cristal y ropa robada de Zara, dice que es traductor de húngaro y no fuma, el provocador... el fingidor de enfermero con la madre de Doña Elpidia... el que miente como solo los buenos poetas supieron hacerlo.

5.Estética de lo siniestro frente a lo bello
¿Será Adán un socarrón con el profe?, !no señor, su cara es así¡ Sonríe en el café Van Gogh como si ya supiera la cara que hay que ponerle a las hostias.
Porque no es lo mismo Pegar un martillazo a la belleza plástica espacial de la Piedad de Miguel Ángel, que pegar con una porra a un hermoso cuerpo desnudo y desarmado que debe gritar como el Laoconte temporal de Virgilio.
El grito que debió dar el jardinero gigante, armado con instrumentos de tortura, cuando fue arreado con la columna salomónica, -lo siniestro como en el hombre de la arena-, o el grito de Adán en la Villa Felicidad hasta enterrar dudas con sombras bajo siete capas de cal, -el extrañamiento como en El Horla-

6.Enrarecimiento del signo que deja cosas por significar
Adán se adapta al medio como los perros en el metro de Moscú, sin pretensiones de que a él le pongan un monumento en caso de apuñalamiento, duerme bajo una barca de la playa y de día hace números en la Paz, en uno de ellos se pone un metro por encima del suelo. En La ciudad perruna hay muchos perros pendientes de encontrar amos que los quieran como hizo Tamara, ella quería un Perro, y hubo Perro. Adán, agradecido desde su ojo sano, es consciente del sentido trágico y absurdo de las existencias ajenas.
Los perros no hablan, Perro comprende muchas implicaciones. Cuando Adán lo saca a pasear ve ¿en qué caverna? las sombras de los vecinos tras los visillos de las ventanas.
Y otro día que Perro no acudió a su llamada miró el techo ¿en qué sol? vio una pantalla de sombras caminando como el orbe de todas las tierras. Adán camina como si quisiera atornillarse al aire, sin pensamientos elevados, sin dignidad, insolidario con sus semejantes y se cruza con perros que no son Perro.

7.Ironía
Quien se ha permitido adquirir pronto un punto de vista irónico sobre sí mismo engendra un personaje con esperanza a veces, a pesar de los reveses y dificultades cotidianas, como el hecho de llevar semanas sin agua caliente. Adán dedica su sonrisa final al vacío, al número cero, a la nada inmaterial. La magia de los días es una odisea desesperanzada y alegre (!).

8.Pesimismo
Para quien ha penetrado en lugares de sombra, porque solo en ellos encuentra la ternura de la tristeza, el bienestar que transmite lo despreciable, hay maneras elegantes de entretenerse solos, como ayudar a que todos los pasajeros se pongan el salvavidas antes de que el barco se vaya a pique. La más sublime de todas es sumergirse en el mar del fracaso como si se ascendiera por un castillo de luces.

9.Absurdismo
Un hombre, por poco imaginativo que sea, siempre alberga una esperanza absurda, inconfesable, y el día que esa ilusión se extingue, mejor haría, como alguno que otro hace, en arrojarse por el balcón, -!no es una llamada al suicidio¡-... lo único que hacen las quimeras de la vida es superponerse a la desesperación...Teresa y Adán no saben si podrán rellenar los agujeros nuevos, los nuevos vacíos, por los que aparecen nuevas angustias, nuevos encierros en negro, una tristeza que les asalta a última hora de la tarde, esa decepción que les empuja a los karaoke. Recordemos a A. Camus: el absurdo surge del abismo que separa del mundo.


El primer relato del libro te está dedicado, porque en cierta ocasión me contaste una anécdota de tu adolescencia, que yo he aprovechado para resolver en forma de relato al unirla con lo que solo era otra simple anécdota de mi infancia. El resultado final creo que explica una forma de crecer en lo que ya son aquellos lejanos años 60-70. No sé si estarás de acuerdo conmigo en que una de las miradas más interesantes del adulto es la que puede rescatar el pasado.

De la nada no viene nada y, después de leer el primer relato, si no me lo hubieses dedicado, quién iba a pensar que te inspiré esa anécdota, ni yo, es solo un aspecto del relato en su amplitud. En todo caso me resultó halagador y en particular sentí agrado por tu honestidad como escritor.

Comparto lo que dices respecto de la mirada del adulto sobre el pasado y la extiendo a otras miradas, a los sueños, poner la imaginación en las vivencias cotidianas, el buceo en historias recientes y presentes, lo privado, lo público y lo íntimo en extracciones confrontadas desde el inconsciente con el imaginario consciente y provocador .


Te interesan muchas manifestaciones artísticas, poesía y literatura en general, fotografía, cine, teatro y artes escénicas, y siempre que he hablado contigo he comprobado tu inclinación a ir de unas a otras, a establecer relaciones. Hiciste una serie titulada Piedras que era una fusión muy oportuna de alguno de esos intereses. ¿Podrías hablar de esa experiencia?

Si tuviese que elegirme probaría como Leonardo, de ahí mis intereses. !Quien fuera Wagner y tener excelencia para la obra de arte total¡ En rigor me declaro escultor, sin ningún futuro, hasta hartarme de reír.
Pisando suelo y levitando un poco, uno va queriendo plasmar lo que siente, lo que recuerda, lo que aprende, desde las escasas competencias con que he sido premiado por la naturaleza.
Leer me da oxígeno, soy escribidor en sentido irónico, no soy poeta, me apasionan las imágenes y veo el mundo desde infinitos encuadres, necesito meter mano a las cosas, no puedo parar y compongo con lo que me llama, y me llaman las piedras. Detrás de las formas, están lo panglosiano, lo refugiado, el abrazar lo inmigrante, lo rebelde, el querer, lo insumiso, lo dardo y los vellos de punta aunque se perfore el tímpano. Las composiciones con piedras son un hilo conductor, un recurso que me facilita poder explorar y expresar sobre personajes, situaciones, vivencias, utopías y miserias.



Compartimos cierta preocupación por el modo en el que nuestros jóvenes tienen que salir adelante en un sistema educativo más preocupado de las teorizaciones pedagógicas que de las actuaciones concretas del aquí y ahora. Hasta qué punto crees que la educación es un instrumento más de los intereses de quienes nos gobiernan.

Permíteme comenzar con dos cuestiones de mi historia docente. El mejor recuerdo que tengo de los profesores que me tocaron, tiene que ver con quien teniendo un nivel de excelencia me hizo "pensar", y alguno que me enseñó ciertos valores y me trató como persona. También tuve la desgracia de constatar como ciertas prácticas y políticas educativas machacaron a jóvenes y en particular a niñas. Para bien o mal, el currículum oculto sobrepasa cualquier predicción conductista.
En cuanto a la finalidad de los sistemas educativos, y sus concreciones políticas, siempre he sido pesimista. Estas integran a la gente en lo que hay, les importa muy poco que algunos prefieran estudiar húngaro, practicar levitaciones o inventar motores ecológicos. ¿Cuál es el valor de las ciencias, si en la práctica solo sirven para mejorar la vida de minorías? ¿Por qué la filología de la palabra predomina sobre la filología del espíritu, y la filosofía y el arte son extirpados de la educación de los jóvenes? Los políticos gobernantes imponen pedagogías de papeles hasta reventar, utilizan la educación en valores como floreros. Se priman culturillas de adocenamiento y museos de rapiña como estrellas de un firmamento mediático que secuestra la Cultura. Y no obstante, en la era de la globalización la ilusión no extingue la voluntad de querer otro mundo posible.



La magia de los días tiene dos partes bien diferenciadas, una primera de relatos cortos en primera persona que en general habla de cómo crecemos y vamos pasando las diferentes etapas de la vida y la segunda, en tercera persona, la historia de Adán, que se supone contada por quien es el protagonista de los primeros relatos. ¿Qué parte te ha resultado más interesante?

Considero que la primera parte tiene una presencia en la segunda, más allá de la historia de Adán, y así la interpreto como una declaración de intenciones desarrolladas en el protagonista de la segunda parte, me remito a los epígrafes en respuesta a la pregunta sobre la poética del extrañamiento.


Eres un lector muy sagaz, me has hablado de planos que hay en la historia sobre los que yo no tenía demasiada conciencia. Por ejemplo, me has señalado que Adán se declara en cierto momento acuícola, así como en otro momento es un ser del asfalto, frente al autor teatral, que lleva en su apellido real, Vacas, o literario, Tierra, su pertenencia a esa otra esfera. ¿Lees con un lápiz en la mano tomando notas y subrayando?


Hay que leer, relacionar, releer, abstraer y ello requiere una excelente memoria de la que carezco o bien afinar el lápiz, lo que me interesa lo leo con el saca punta a mano. Adán es acuícola, anfibio y asfalto, sabe moverse entre lo peguntoso y la tierra y está atento a las levitaciones, es un observante de hidrocefalias y usa monó_culo para ver con el único ojo sano que le queda !jajaja¡




¿Qué tipo de literatura te gusta?


Estoy en el estudio una bibliografía crespillana relacionada con la filología del espíritu. La poesía me atrae especialmente. He sido seguidor de blogs de poetas en la red pero me retiré, de momento no sigo nada ahí, prefiero leer la poesía en sus libros, mi musa es Chantal Maillard. Este verano leeré los cuentos de F Pessoa, y me daré un festín con Lorca y Machado en la Universidad de verano de Baeza.



Si un libro no te interesa, ¿lo abandonas o, una vez empezada la lectura, eres disciplinado y la acabas?


Leo menos de lo que me gustaría. Suelo acabar lo que comienzo aunque en lecturas difíciles como por ejemplo, Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación, necesito tiempos de rumiar, y en ello estamos.


¿En qué intereses o proyectos andas metido actualmente?

Actualmente estoy cooperando en un colegio de infantil y primaria, con temas trasversales. Participo en el Observatorio Frontera Sur donde intentamos humanizar y visibilizar la dramática situación de las personas que deciden venirse para el Norte, aquí donde se hacen leyes para devoluciones en caliente que incumplen la legalidad del derecho internacional, y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y en particular su artículo trece, es un adorno de la Constitución.
Aprovecho para felicitarte por la visibilización de personas migrantes en La magia de los días, ... la ley francesa que penaliza a las personas que ayudan a inmigrantes "ilegales"... los negros corriendo ante la presión policial... y la pregunta: no sería uno de aquellos negros acosado por el gobierno francés quien encontró la cámara de foto que dejasteis olvidada en la parada del autobús, y qué decir de la bella gambesa...
También estoy preparando para el otoño, una exposición monográfica de piedras con poemas sobre refugiados, las composiciones serán regaladas a cambio de una voluntad que recoja fondos destinados a refugiados.



¿A quién le recomendarías La magia de los días?

Se lo voy a regalar a mi hermana porque va a entender algunas claves sobre la infancia en barrios periféricos y se lo estoy recomendando a todos mis amigos y amigas.




Muchas gracias, Rafael







lunes, 13 de junio de 2016

La magia de los días. Entrevistas breves con lectoras sugestivas. José Luis Caballos, @kavayitoo





Hola, José Luis, se trata de una promoción que voy a hacer de mi novela a partir de entrevistas-diálogo con sus lectores y lectoras. Si me pasas una biografía breve, aficiones y gustos, etc..., y una foto tuya con el libro o sin él, como te dé la gana, la publicaré en mi blog y en Facebook.

Tarea difícil la de “autobiografiarme”, siempre he imaginado que sería otra persona la que cantaría mis hazañas después de haber pasado ya a mejor vida, pero básicamente diremos que nacido en 1975 en Manresa (Barcelona) siendo el mayor de los tres hijos de unos emigrantes andaluces que aceleraron el regreso a su tierra, Osuna (Sevilla), para que el término “charnego” no llegase casi a aparecer en nuestros CVs. Tras licenciarme en Filología Inglesa por la Universidad de Sevilla y pasar por algunos trabajos temporales tan variopintos como ejercer de recepcionista nocturno en hostal, servir copas, vender tornillos en negocio familiar o, incluso, dibujar viñetas cómicas para un periódico local, trabajo actualmente como profesor de secundaria en la asignatura de inglés en Estepona, casado y padre de una niña.




José Luis, el otro día me mandaste un mensaje diciendo que tenías una sensación muy grata cuando leías algo escrito por alguien a quien conoces. A mí me pasa lo mismo. Yo acabo de leer la novela de un amigo y su lectura me ha ido abriendo perspectivas sobre el conocimiento de su personalidad que, aunque pueden ser hasta infundadas, enriquecen la relación que hay entre uno y esa persona...


Es verdad, la lectura cuando conoces en cierta medida al escritor, por momentos se complica convirtiéndose en un ejercicio mental en el que intentas saber qué es cien por cien ficción y qué pertenece a las entrañas de su autor. Te preguntas constantemente si le pasaría algo parecido realmente a este tío o si esa opinión sobre un determinado tema es exclusiva del personaje o la comparte con el autor; es una experiencia curiosa cuando menos.
En el caso de tu libro, muchas veces oía en mi cabeza tu voz contándome historias, hacía tuyas vivencias de Adán, que en su manera de ser contadas y en su magia me recordaban a anécdotas que me contaste algún día entre cervezas en una comida de compañeros o entre copas al terminar una obra de teatro de la que salíamos juntos sin haber concertado cita previamente. Es un desafío añadido a la lectura que sin duda aumenta su encanto.
Como te dije en esa ocasión, echo mucho de menos los momentos que pasamos y La Magía de los Días me ha hecho sentirme algo más cerca.




Dices también que ciertos pasajes de La magia de los días te han recordado a ti mismo hace unos años sobre ciertos momentos que a veces uno pasa por alto o no tiene en cuenta y luego ve que forman parte de su vida de manera importante...

Totalmente de acuerdo, puede que sea una manía, aunque seguro que compartida con muchos lectores, pero la lectura que más me cautiva es en la que logro intimar con algún personaje con el comparto algo. Siempre que leo busco semejanzas o paralelismos con algún personaje, cuando consigo una cercanía notable me río y lloro con ella o él. Con Adán, sus vaivenes y su coherencia, llamémosla incoherente, ha sido fácil reconocerme en algunos de sus momentos, momentos de esos que muchas veces pasan sin darte cuenta de que estás fabricando tu historia; esa manida metáfora de que la vida es un camino, por muy repetida que sea, no deja de ser cierta: la vida es una secuencia en la que todas sus escenas tienen su peso, algunas son reconocidas de momento como hitos vitales pero otras cobran protagonismo con el tiempo, incluso desde el olvido, pasando a veces ocultas toda la vida o en ocasiones siendo evocadas de manera inesperada. Y es que, por ejemplo, todos podríamos olvidar el día en el que, huyendo de un encuentro, entras en una librería para encontrarte con un libro que te marcaría.



¿Qué importancia tiene la ficción en tu vida?


Muchísima, soy una persona que vive en la ficción siempre que la realidad me lo permite. Ya desde pequeño, mi madre insinúa que era un niño muy bueno, excesivamente bueno hasta que empezaron a aparecer primos y hermanos que sirvieron para malearme, insinúa que yo era de esos buenos que parecían tontos siempre que se me sentaba frente a un televisor. Desde entonces siempre he disfrutado de una buena historia, una novela, una película... disfruto de ellas de forma pasiva como espectador o lector y también activamente: me apasiona contar historias, inventarlas, variarlas, escribir retazos que acaban perdidos en el limbo cibernético cada vez que rompo un disco duro, esbozar proyectos cinematográficos que nunca saldrán, decir lo que se me pasa por la cabeza, con mis amigos, con la familia, con mis alumnos... incluso a veces cuando estoy solo y paseo, conduzco o hago deporte, y esto es un pequeño secreto, me invento historias que suelen oscilar entre que tengo una misión secreta o que de repente he viajado en el tiempo o me encuentro con una identidad que no es la mía. “Flipes” que tiene uno.


Cuéntanos algo de tu experiencia como actor.


Un día un compañero que es un auténtico fuera de serie usando 3D y trabajando con vestuario y decorados cayó en la cuenta de que para realizar uno de sus sueños de siempre, grabar un corto con gente de verdad, sólo le hacía falta una cosa: unos tíos con una cara muy dura. A partir de ahí, otros cortos fueron sucediéndose hasta rodar Náufragos Estelares, un cortometraje sobre unos astronautas andaluces que ha sido reconocido con premios en seis o siete festivales y que ha acabado por convertirse en una webserie que también está gozando de cierta aceptación entre nuestros “centenares” de seguidores, os invito a darle una oportunidad. Pero nunca me he considerado actor, me encanta actuar bien sea en cine o teatro, pero mi profesión es la docencia, el actor de la familia es mi hermano Carlos, él sí estudió Arte Dramático y ha logrado impresionarme más de dos veces con sus actuaciones haciendo cosas a las que yo nunca seré capaz ni de acercarme.



¿De qué manera tus aficiones te ayudan en tu trabajo como profesor de secundaria?


La elaboración de cortos como herramienta tanto para la evaluación de aspectos orales de la lengua como para la inmersión en aspectos morales es una de las actividades cuyo resultado es de las mayores alegrías que me llevo cada curso.
Pero iré un poco más allá, aunque muchos no lo crean, dependiendo muchas veces de nuestro grado de afinidad con un grupo en cuestión, nuestra profesión tiene bastante de exhibicionista (¡no se me malinterprete!), exhibicionista emocional me refiero; en ocasiones sin querer compartes con ellos cosas que no corresponden, como pueden ser tus aficiones o incluso pensamientos, al fin y al cabo, ellos son tus verdaderos compañeros de trabajo en cierto modo. Pero en lo que es la vertiente más pedagógica también tienen su peso, yo por ejemplo uso lecturas, música o películas en versión original que me gusten para actividades de comprensión... intentas de manera disimulada inculcar tus gustos a “tus niños”, uno no se limita a ser profe de inglés, durante las cinco horas semanales que pasas con algunos grupos de manera más o menos voluntaria acabas introduciendo otros contenidos, y de esos te sientes igualmente orgulloso: Hace años un chico se me quejaba en una guardia de recreo de que a su “viejo” le gustaba un grupo “antiguo y hortera” como Triana a lo que yo repliqué poniéndome evidentemente del lado de su padre, años más tarde encontré un mensaje que me mencionaba en twitter firmado por este alumno que venía a decir -”Ahora entiendo cuando @kavayitoo (un servidor) decía que Triana era como una mezcla perfecta entre Pink Floyd y Camarón”.



Tengo que agradecerte mucho no solo tu generosidad como lector, sino como lector consumidor, ya que has comprado mis libros. Hoy día es muy fácil leer, oír música, ver películas sin tener que desembolsar un euro. ¿Crees que eso es un problema para la creatividad, para la industria, para los propios consumidores?

Mi punto de vista es el de consumidor y para mí es mucho más fácil acceder a cualquier cosa, recuerdo los noventa en plena fiebre grunge (Nevermind por bandera) los cassettes de doble pletina, el oír hablar de grupos que aquí no llegaban... la accesibilidad hoy en día a cualquier creador en cualquier corriente está ahí, en un click. En mi opinión esto nos beneficia tanto a consumidores como, creo, a escritores, músicos, artistas y pensadores... siempre que tu intención sea que tu obra llegue al mundo. Eso sí, la industria es la gran perdedora y la persona que quiera vivir del arte, aunque permíteme dudar si varía mucho el fruto de nuestra situación asediados de piratas o en la que se está a expensas de editoriales, discográficas y otros piratas varios, pero estos con licencia.
Por otro lado esta accesibilidad tiene un aspecto negativo, muchas veces echo en falta algún tipo de filtros que nos evitaran perder el tiempo. Es el arma de doble filo que supone internet, cualquiera es libre de decir lo que quiera y el resto de tragárnoslo.



Una buena parte de mis lectores son amigos de mis amigos a los que no conozco (y esa es otra gratificación inmensa), ¿le has prestado mis libros a personas de tu círculo?

La verdad es que en la situación vital y geográfica en la que me encuentro actualmente no dispongo de la vida social-cultural que me gustaría, aun así recomiendo tu obra con frecuencia, hace poco incluso (no sé si roza la ilegalidad) alenté a un compañero fotocopiándole uno de tus pasajes, el relato de “El Magnetofón” para ser más exacto. Suelo ser bastante receloso con mis libros (ya se sabe lo de “Libro prestado...”) pero incluso con esas presté La Memoria del Gintonic a un amigo cercano y muy aficionado a la lectura. Añadiré que debo aclarar que tu obra en mi casa es “dos por uno”, marido y mujer vamos en el mismo paquete cuando compramos un libro tuyo.

Nos hemos encontrado varias veces fortuitamente en algunos lugares y la situación podía ser propicia para el inicio de un relato, ¿qué relación estableces entre tu cotidianeidad y las posibilidades de la imaginación?

Igual que antes defendía la cercanía a los personajes, la cercanía a situaciones reales a lo más normal del día a día juega como aliada en muchos casos. El hecho de que estas situaciones sean la partida de los relatos también nos sitúan en una perspectiva más real e íntima que fomentan que nos adentremos en la escena. El título de tu obra lo resume, las primeras líneas, los versos introductorios... el que pase desapercibido lo normal no lo deja exento de su importancia, como ya comentábamos antes, ni desde luego de su belleza. A veces las cosas pasan porque, simplemente, no pasan de otro modo porque son así, hay momentos en los que también es como se cuenta, como uno lo ve... no sé, me estoy poniendo muy pesado, ¿verdad?


Eres, como yo, padre. ¿Qué tipo de mundo crees que van a encontrar nuestros hijos?

Por lo general me considero un tío optimista y hoy en día, con mi niña a punto de cumplir un año, cuando ves lo que hay a nivel global y en la habitación de al lado, en nivel personal y común, en materia espiritual, laboral... cuando lees las noticias o ves ciertas actitudes, uno piensa qué mierda de mundo le va a tocar vivir. Viendo lo que hay es para tirarse de los pelos, para decir lo de “paren el mundo, yo me bajo en la próxima” pero, como digo, soy un tío optimista, o al menos eso intento. Lo que tengo claro es que nuestros hijos no merecen la porquería que tenemos ahora... ni de mundo, ni de país.



Si salieras de copas con Adán, el protagonista de La magia de los días, ¿de qué te gustaría hablar con él?

Charlaría bastante.
Siempre están los comodines de conversación, existe una especie de escala de charlas sociales dependiendo de la cercanía entre los que dialogan, siendo el tiempo y las charlas de ascensor el escalafón más bajo; de esas pasaríamos directamente, de esas y del fútbol, que es el siguiente escalafón, por el que tu protagonista tampoco parece perder la cabeza (yo sí). Escalaríamos la confianza, probablemente con la ayuda de alguna bebida espirituosa, con gustos musicales, cinematográficos y literarios para pasar, quizás, a algo más íntimo, a estas alturas ya no está muy mal visto hablar de gustos sobre mujeres. El alcohol nos elevaría a la fase “arreglar el mundo” y yo estaría muy interesado en conocer su particular visión sobre cómo arreglaría él la educación en España (¿tendrá algún plan de educación basado en particular escuela peripatética?). Llegados a este punto, la evolución ya permite casi hablar de cualquier cosa, le preguntaría por anécdotas y andanzas que compararía con algunas de las mías. Para terminar en el punto de conversación más íntimo y arriesgado, le preguntaría por sus heridas.




Muchas gracias, Caballos.

Gracias a ti, Antonio.





miércoles, 8 de junio de 2016

Hijomadre


Yo soy un tipo de persona, un tipo de persona que imagina que podría hacer fotografías con el culo, sí, como si el ojete fuese el obturador de la máquina. Se abre, se cierra, y foto. Yo soy... podría decirse que el hijo. Sí, sin duda el hijo soy yo, por mucho que mi comportamiento a veces haya inducido a pensar otra cosa. Anoche le enseñé al chico de la fila de delante mis largas uñas, largas y duras uñas pintadas de blanco que él tocó, acarició, bajo la atenta y vigilante mirada de su papá. Íbamos a ver una película en la calle, vimos la película en la calle, bajo la vigilante mirada de las estrellas, dándole sorbitos a la lata de cerveza, yo con una lata en la mano y otras dos en la mochila a mis pies. Soy ese tipo de personas que hace fotos con el cerebro, si el culo lo tiene sobre el duro asiento de una silla en la plaza, donde se proyecta una peli bajo las estrellas que vigilan. Soy quien se pregunta qué hay que vigilar. Ese tipo de personas que siendo el hijo va y viene como si fuese otra cosa. Quien también podría llamarse el chico raro, sexualmente ambiguo. Ahora estoy mucho más delgado, hablo más con quien me habla, día tras día por todas las calles, hasta el punto de que no estoy seguro de no haber estado en dos lugares distintos simultáneamente, mirando a un lado y otro a ver qué puedo encontrar abandonado, anotando en la libreta los palotes que me llevan la cuenta de lo que oigo, de lo que veo, de lo que olvido. Un día quizás me marche, quizás busque la calle por la que se abandona la ciudad. Ahora soy el tipo de persona que tiene algo que hacer, que lo sabe, que tira o empuja, a pesar de ser el hijo. No soy el hijo despreocupado que sale y toma copas charlando con otros individuos que fingen como él un presente imperativo, individualista, falso como ellos falsos hijos y falsos padres en un futuro que ya los tiene en sus zarpas. Soy quien se preocupa, quien ve venir la ruina, la muerte, quien pasa mirando a ver qué encuentra abandonado, monedas y asquerosidades. Cada vez que paso hago una foto con mi culo de todo lo que ocurre a mis espaldas. Ella, en cambio, es un tipo de persona muy diferente. Ella no se asoma nunca a la calle, todas las noticias de la calle le llegan por mí, pero también por la televisión. La televisión le dice blanco y yo le digo negro. A veces lo que me duele es que crea a la televisión más que a mí. Ella es ese tipo de persona que se fija mucho en los pequeños detalles, que recuerda las palabras que alguien dice sin pensarlas. Ella indaga vuelta hacia la pared, recostada sobre su dolor. Yo le digo, por ejemplo, que hay cine en la calle y ella dice que no puede salir, que tiene que..., que está esperando en casa. Ella es... podría decirse la madre.
La madre se da la vuelta, abre los ojos y sonríe al ver al hijo.
-¿Ya te vas?, le pregunta, acostumbrada a no obtener respuesta.

lunes, 6 de junio de 2016

La mudanza




Cuando comprobé que los últimos trastos estaban en el camión de la mudanza, me subí a la cabina con aquellos operarios silenciosos y eficaces, completamente alejados de mi imagen de los mozos de carga parlanchines y bebedores. Llegamos al nuevo domicilio y fueron depositando los muebles donde les indiqué, sin que se hubiese producido ningún desperfecto. Mi mujer y las niñas se bañaban en la piscina, entusiasmadas con las ventajas de nuestra nueva residencia, frente a las incomodidades del piso poco espacioso que acabábamos de abandonar. Para la noche todo estuvo en orden, cada cosa colocada en su sitio.
- Pensaba que las mudanzas eran mucho más complicadas, le dije a mi mujer.
No me respondió. Estaba de espaldas, preparando una cena ligera para todos.
- Digo que ha sido más fácil de lo que esperaba, insistí.
De nuevo pareció que no me oía.
Enseguida se sentaron las tres a la mesa y se dispusieron a tomar las tortillas y una ensalada. Pero no pusieron un plato para mí, que había estado todo el día trabajando duramente para ellas. Además ninguna parecía reparar en mi presencia. Por lo que me enfadé muchísimo, ya que era un complot injusto e inadmisible. Como no acertaba a entender lo que estaba ocurriendo, puse una atención especial en ellas y fijándome en ciertos detalles, hallé que no se trataba de mi mujer ni de mis hijas. Eran, eso sí, muy parecidas, pero ellas no. Poco a poco comprendí que no podían oírme ni verme. A continuación llamé a la empresa de mudanzas para dar cuenta del error, pero me dijeron que hasta el lunes siguiente no se podía hacer nada. Sin embargo, en la casa, llevado por el impulso de una ciega obstinación, seguí actuando como el cabeza de familia. A la hora de dormir entré en el dormitorio principal y me metí en la cama. A los pocos minutos, en la oscuridad, la mujer se volvió y me abrazó apasionadamente. Por la mañana desayunamos los cuatro en el jardín. Ella me decía cariño y las niñas, papá. Después bajamos a la piscina. Eran tres mujeres excepcionales, guapas y divertidas. Pero en algún lugar de aquella urbanización, en una piscina muy similar, las tres mujeres de mi vida estarían esperando que yo llegase con la parte de la mudanza que faltaba. Tenía hasta el lunes para pensar qué haría.