viernes, 17 de junio de 2016

La magia de los días. Entrevistas breves con lectoras sugestivas. Rafael Muñoz




Hola, Rafael, se trata de una promoción que voy a hacer de mi novela a partir de entrevistas que le hago a sus lectores y lectoras. Si me pasas una biografía breve, aficiones y gustos, etc... Y una foto tuya con el libro o sin él, como te dé la gana, la publicaré en mi blog y en Facebook.

Breve biografía

Fui profesor en secundaria sin desertar... pero prefiero hablar de mis aficiones y etcéteras.
Estudiante de asignaturas pendientes, Arte, Literatura y Estética. Decreciente en redes sociales, me derivo en hablar donde sea con amigos o gente desconocida. Caminante incansable para chutes de endorfinas. Alumno de Yoga en cultivo de adentros. Atento a signos de refugiados. Cooperante de concretos estos o aquellos. Apasionado de la fotografía y comparto algunas en Instagram. Escribidor críptico adrede y compositor de piedras para regalar.



Rafael, el otro día tuve la oportunidad de comprobar la intensidad de tu lectura sobre La magia de los días. Lo primero que me dijiste es que lo entroncabas con la poética del extrañamiento y enseguida me pareció muy pertinente. ¿Lo podrías explicar?

En el concepto de extrañamiento me introdujo el profesor de Estética Luis Puelles. Una de sus lecciones magistrales sobre El cortesano y su fantasma, como referencia de experiencia estética, propone tres tiempos, primero el desconcierto por el impacto y desconocimiento que nos puede producir una obra, segundo el reconocimiento que podemos alcanzar tras la reflexión, el análisis, la documentación etc. de dicha obra, y finalmente el des-reconocimento que puede suceder si la obra se sitúa más allá de lo que se dice en ella, genera una ruptura y no acaba de dejarse coger.
Me tomo la licencia de aplicar a la La magia de los días el tercer tiempo, el des-reconocimiento, el "extrañamiento", que percibo como leitmotiv de esta obra, su lectura me lo ha evocado de forma racional y emotiva. Paso a explicarlo en nueve epígrafes con dosis de parafraseo.

1.Extrañamiento
La indagación en el miedo desde un hastío infantil que da ojos para el mundo, levantarse dubitativo e insatisfecho en un ataque de melancolía que dura una semana, la pomada en la primera frase de El limón...
La extrañeza que produce la oreja de un gato, delgada y fría como la piel de una caña de bambú, coger cartas ajenas y no abrirlas, desarrollar la ironía buscando el nombre propio en las lápidas de los cementerios, -que por cierto amigo Antonio, con lo poco amigo que soy de visitar esos espacios, encontré la mía recientemente-
Imaginar a los amigos, la familia, como esos desconocidos que nos acompañan o correr perseguido por el aburrimiento en las oscuras y grumosas arenas de la Misericordia.
El zarandeo de La magia de los días en los dos versos últimos del poema de Alejandro Céspedes.

2.Extrañeza en lo propio
Con edad muy tierna y sonrisa pícara, Adán preguntó a su madre por qué la tierra se llama así, y ya adulto se cuestiona el planeta con pulmones de Asfalto y Nirvana. Se inspira en la observación y llegado el caso, sus enseñanzas son orales, le interesan las levitaciones y, aunque suspendió en el examen para mimo, sueña con representar en vivo a su Cristo levitante. Entrará en Madrid con el monóculo de las manifestaciones, y en el Km 0 encuentra la mejor versión del hombre volador así como un premio que le otorga cierto comisario, que agradece de todo corazón.
Adán es acuícola y anfibio, mueve el café sin endulzar y considera que el ceceo hace parecer más moreno, y en más profundidad, un suceso que se puede considerar, cuando menos de muy mal trago, para él es el fin de semana más divertido de su vida. ¿Se trata de un desconocimiento de los miedos o es la forma decidida o no, pero "extraña-inquietante" de abordar lo propio? La equivocidad está servida.

3.Conciencia fría de lo otro
Adán es un fisgón en la casa Amarga y Guarra, y en la casa de Teresa, la que llega a sentir miedo de él. En Figueres se encarama entre los huevos del Teatro-Museo, sin robar nada, mientras que a él le robarán el inexistente tomo de cuentos de Dalí. En Villa Felicidad revive sombras del pasado, y coronará sus escaladas en los muros del nº 11 de Jesús del Monte...
Las reiteradas alusiones a la hidrocefalia de Paco Tierra explica las obsesiones, los crecimientos, porque a quién no le ha crecido alguna vez la cabeza y no se ha ocupado con artimañas de internet para disimular. Si hasta Dios creó el pelo en los hombres el séptimo día, puesto que eran todos calvos.

4.Obstrucción de la transparencia
El recuerdo es como la caja de un puzle donde se juntan trozos y actúa como el taxidermista chino que falsifica piezas mezclando partes de animales. -metáfora prólogo en los avatares del protagonista-
El ganapán que entró por el ojo del Alemán, las reiteradas alusiones a la ceguera de Adán y esa parte por donde la bala perforó a Carlo Giulliani...
La mosca que eligió el libro canijo de Paco Vaca, que podría servir para calzar la inestable mesa de noche con el ras del suelo. Las diferentes formas de otear a quien rumia en el fondo de la Vaca Multicolor de Zaratustra como el gesto inútil de poner un tiesto con flores sobre la mesa de la biblioteca.
El ojo por el que el universo puede desahogarse llorando, la dolce vita de la metáfora del estanque del parque del oeste... si pudiese caminar con aquel libro, sobre sus aguas como Jesucristo, como si fuese una novia enamorada junto al pecho... allí donde nadan carpas gordas y sucias y peces cebados... y el jardinero advierte a Adán lo prohibido, para que éste pierda el anillo de compromiso, quizás porque le sobraba un brazo y le salían tres del troco. El mismo que con monóculo de cristal y ropa robada de Zara, dice que es traductor de húngaro y no fuma, el provocador... el fingidor de enfermero con la madre de Doña Elpidia... el que miente como solo los buenos poetas supieron hacerlo.

5.Estética de lo siniestro frente a lo bello
¿Será Adán un socarrón con el profe?, !no señor, su cara es así¡ Sonríe en el café Van Gogh como si ya supiera la cara que hay que ponerle a las hostias.
Porque no es lo mismo Pegar un martillazo a la belleza plástica espacial de la Piedad de Miguel Ángel, que pegar con una porra a un hermoso cuerpo desnudo y desarmado que debe gritar como el Laoconte temporal de Virgilio.
El grito que debió dar el jardinero gigante, armado con instrumentos de tortura, cuando fue arreado con la columna salomónica, -lo siniestro como en el hombre de la arena-, o el grito de Adán en la Villa Felicidad hasta enterrar dudas con sombras bajo siete capas de cal, -el extrañamiento como en El Horla-

6.Enrarecimiento del signo que deja cosas por significar
Adán se adapta al medio como los perros en el metro de Moscú, sin pretensiones de que a él le pongan un monumento en caso de apuñalamiento, duerme bajo una barca de la playa y de día hace números en la Paz, en uno de ellos se pone un metro por encima del suelo. En La ciudad perruna hay muchos perros pendientes de encontrar amos que los quieran como hizo Tamara, ella quería un Perro, y hubo Perro. Adán, agradecido desde su ojo sano, es consciente del sentido trágico y absurdo de las existencias ajenas.
Los perros no hablan, Perro comprende muchas implicaciones. Cuando Adán lo saca a pasear ve ¿en qué caverna? las sombras de los vecinos tras los visillos de las ventanas.
Y otro día que Perro no acudió a su llamada miró el techo ¿en qué sol? vio una pantalla de sombras caminando como el orbe de todas las tierras. Adán camina como si quisiera atornillarse al aire, sin pensamientos elevados, sin dignidad, insolidario con sus semejantes y se cruza con perros que no son Perro.

7.Ironía
Quien se ha permitido adquirir pronto un punto de vista irónico sobre sí mismo engendra un personaje con esperanza a veces, a pesar de los reveses y dificultades cotidianas, como el hecho de llevar semanas sin agua caliente. Adán dedica su sonrisa final al vacío, al número cero, a la nada inmaterial. La magia de los días es una odisea desesperanzada y alegre (!).

8.Pesimismo
Para quien ha penetrado en lugares de sombra, porque solo en ellos encuentra la ternura de la tristeza, el bienestar que transmite lo despreciable, hay maneras elegantes de entretenerse solos, como ayudar a que todos los pasajeros se pongan el salvavidas antes de que el barco se vaya a pique. La más sublime de todas es sumergirse en el mar del fracaso como si se ascendiera por un castillo de luces.

9.Absurdismo
Un hombre, por poco imaginativo que sea, siempre alberga una esperanza absurda, inconfesable, y el día que esa ilusión se extingue, mejor haría, como alguno que otro hace, en arrojarse por el balcón, -!no es una llamada al suicidio¡-... lo único que hacen las quimeras de la vida es superponerse a la desesperación...Teresa y Adán no saben si podrán rellenar los agujeros nuevos, los nuevos vacíos, por los que aparecen nuevas angustias, nuevos encierros en negro, una tristeza que les asalta a última hora de la tarde, esa decepción que les empuja a los karaoke. Recordemos a A. Camus: el absurdo surge del abismo que separa del mundo.


El primer relato del libro te está dedicado, porque en cierta ocasión me contaste una anécdota de tu adolescencia, que yo he aprovechado para resolver en forma de relato al unirla con lo que solo era otra simple anécdota de mi infancia. El resultado final creo que explica una forma de crecer en lo que ya son aquellos lejanos años 60-70. No sé si estarás de acuerdo conmigo en que una de las miradas más interesantes del adulto es la que puede rescatar el pasado.

De la nada no viene nada y, después de leer el primer relato, si no me lo hubieses dedicado, quién iba a pensar que te inspiré esa anécdota, ni yo, es solo un aspecto del relato en su amplitud. En todo caso me resultó halagador y en particular sentí agrado por tu honestidad como escritor.

Comparto lo que dices respecto de la mirada del adulto sobre el pasado y la extiendo a otras miradas, a los sueños, poner la imaginación en las vivencias cotidianas, el buceo en historias recientes y presentes, lo privado, lo público y lo íntimo en extracciones confrontadas desde el inconsciente con el imaginario consciente y provocador .


Te interesan muchas manifestaciones artísticas, poesía y literatura en general, fotografía, cine, teatro y artes escénicas, y siempre que he hablado contigo he comprobado tu inclinación a ir de unas a otras, a establecer relaciones. Hiciste una serie titulada Piedras que era una fusión muy oportuna de alguno de esos intereses. ¿Podrías hablar de esa experiencia?

Si tuviese que elegirme probaría como Leonardo, de ahí mis intereses. !Quien fuera Wagner y tener excelencia para la obra de arte total¡ En rigor me declaro escultor, sin ningún futuro, hasta hartarme de reír.
Pisando suelo y levitando un poco, uno va queriendo plasmar lo que siente, lo que recuerda, lo que aprende, desde las escasas competencias con que he sido premiado por la naturaleza.
Leer me da oxígeno, soy escribidor en sentido irónico, no soy poeta, me apasionan las imágenes y veo el mundo desde infinitos encuadres, necesito meter mano a las cosas, no puedo parar y compongo con lo que me llama, y me llaman las piedras. Detrás de las formas, están lo panglosiano, lo refugiado, el abrazar lo inmigrante, lo rebelde, el querer, lo insumiso, lo dardo y los vellos de punta aunque se perfore el tímpano. Las composiciones con piedras son un hilo conductor, un recurso que me facilita poder explorar y expresar sobre personajes, situaciones, vivencias, utopías y miserias.



Compartimos cierta preocupación por el modo en el que nuestros jóvenes tienen que salir adelante en un sistema educativo más preocupado de las teorizaciones pedagógicas que de las actuaciones concretas del aquí y ahora. Hasta qué punto crees que la educación es un instrumento más de los intereses de quienes nos gobiernan.

Permíteme comenzar con dos cuestiones de mi historia docente. El mejor recuerdo que tengo de los profesores que me tocaron, tiene que ver con quien teniendo un nivel de excelencia me hizo "pensar", y alguno que me enseñó ciertos valores y me trató como persona. También tuve la desgracia de constatar como ciertas prácticas y políticas educativas machacaron a jóvenes y en particular a niñas. Para bien o mal, el currículum oculto sobrepasa cualquier predicción conductista.
En cuanto a la finalidad de los sistemas educativos, y sus concreciones políticas, siempre he sido pesimista. Estas integran a la gente en lo que hay, les importa muy poco que algunos prefieran estudiar húngaro, practicar levitaciones o inventar motores ecológicos. ¿Cuál es el valor de las ciencias, si en la práctica solo sirven para mejorar la vida de minorías? ¿Por qué la filología de la palabra predomina sobre la filología del espíritu, y la filosofía y el arte son extirpados de la educación de los jóvenes? Los políticos gobernantes imponen pedagogías de papeles hasta reventar, utilizan la educación en valores como floreros. Se priman culturillas de adocenamiento y museos de rapiña como estrellas de un firmamento mediático que secuestra la Cultura. Y no obstante, en la era de la globalización la ilusión no extingue la voluntad de querer otro mundo posible.



La magia de los días tiene dos partes bien diferenciadas, una primera de relatos cortos en primera persona que en general habla de cómo crecemos y vamos pasando las diferentes etapas de la vida y la segunda, en tercera persona, la historia de Adán, que se supone contada por quien es el protagonista de los primeros relatos. ¿Qué parte te ha resultado más interesante?

Considero que la primera parte tiene una presencia en la segunda, más allá de la historia de Adán, y así la interpreto como una declaración de intenciones desarrolladas en el protagonista de la segunda parte, me remito a los epígrafes en respuesta a la pregunta sobre la poética del extrañamiento.


Eres un lector muy sagaz, me has hablado de planos que hay en la historia sobre los que yo no tenía demasiada conciencia. Por ejemplo, me has señalado que Adán se declara en cierto momento acuícola, así como en otro momento es un ser del asfalto, frente al autor teatral, que lleva en su apellido real, Vacas, o literario, Tierra, su pertenencia a esa otra esfera. ¿Lees con un lápiz en la mano tomando notas y subrayando?


Hay que leer, relacionar, releer, abstraer y ello requiere una excelente memoria de la que carezco o bien afinar el lápiz, lo que me interesa lo leo con el saca punta a mano. Adán es acuícola, anfibio y asfalto, sabe moverse entre lo peguntoso y la tierra y está atento a las levitaciones, es un observante de hidrocefalias y usa monó_culo para ver con el único ojo sano que le queda !jajaja¡




¿Qué tipo de literatura te gusta?


Estoy en el estudio una bibliografía crespillana relacionada con la filología del espíritu. La poesía me atrae especialmente. He sido seguidor de blogs de poetas en la red pero me retiré, de momento no sigo nada ahí, prefiero leer la poesía en sus libros, mi musa es Chantal Maillard. Este verano leeré los cuentos de F Pessoa, y me daré un festín con Lorca y Machado en la Universidad de verano de Baeza.



Si un libro no te interesa, ¿lo abandonas o, una vez empezada la lectura, eres disciplinado y la acabas?


Leo menos de lo que me gustaría. Suelo acabar lo que comienzo aunque en lecturas difíciles como por ejemplo, Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación, necesito tiempos de rumiar, y en ello estamos.


¿En qué intereses o proyectos andas metido actualmente?

Actualmente estoy cooperando en un colegio de infantil y primaria, con temas trasversales. Participo en el Observatorio Frontera Sur donde intentamos humanizar y visibilizar la dramática situación de las personas que deciden venirse para el Norte, aquí donde se hacen leyes para devoluciones en caliente que incumplen la legalidad del derecho internacional, y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y en particular su artículo trece, es un adorno de la Constitución.
Aprovecho para felicitarte por la visibilización de personas migrantes en La magia de los días, ... la ley francesa que penaliza a las personas que ayudan a inmigrantes "ilegales"... los negros corriendo ante la presión policial... y la pregunta: no sería uno de aquellos negros acosado por el gobierno francés quien encontró la cámara de foto que dejasteis olvidada en la parada del autobús, y qué decir de la bella gambesa...
También estoy preparando para el otoño, una exposición monográfica de piedras con poemas sobre refugiados, las composiciones serán regaladas a cambio de una voluntad que recoja fondos destinados a refugiados.



¿A quién le recomendarías La magia de los días?

Se lo voy a regalar a mi hermana porque va a entender algunas claves sobre la infancia en barrios periféricos y se lo estoy recomendando a todos mis amigos y amigas.




Muchas gracias, Rafael







lunes, 13 de junio de 2016

La magia de los días. Entrevistas breves con lectoras sugestivas. José Luis Caballos, @kavayitoo





Hola, José Luis, se trata de una promoción que voy a hacer de mi novela a partir de entrevistas-diálogo con sus lectores y lectoras. Si me pasas una biografía breve, aficiones y gustos, etc..., y una foto tuya con el libro o sin él, como te dé la gana, la publicaré en mi blog y en Facebook.

Tarea difícil la de “autobiografiarme”, siempre he imaginado que sería otra persona la que cantaría mis hazañas después de haber pasado ya a mejor vida, pero básicamente diremos que nacido en 1975 en Manresa (Barcelona) siendo el mayor de los tres hijos de unos emigrantes andaluces que aceleraron el regreso a su tierra, Osuna (Sevilla), para que el término “charnego” no llegase casi a aparecer en nuestros CVs. Tras licenciarme en Filología Inglesa por la Universidad de Sevilla y pasar por algunos trabajos temporales tan variopintos como ejercer de recepcionista nocturno en hostal, servir copas, vender tornillos en negocio familiar o, incluso, dibujar viñetas cómicas para un periódico local, trabajo actualmente como profesor de secundaria en la asignatura de inglés en Estepona, casado y padre de una niña.




José Luis, el otro día me mandaste un mensaje diciendo que tenías una sensación muy grata cuando leías algo escrito por alguien a quien conoces. A mí me pasa lo mismo. Yo acabo de leer la novela de un amigo y su lectura me ha ido abriendo perspectivas sobre el conocimiento de su personalidad que, aunque pueden ser hasta infundadas, enriquecen la relación que hay entre uno y esa persona...


Es verdad, la lectura cuando conoces en cierta medida al escritor, por momentos se complica convirtiéndose en un ejercicio mental en el que intentas saber qué es cien por cien ficción y qué pertenece a las entrañas de su autor. Te preguntas constantemente si le pasaría algo parecido realmente a este tío o si esa opinión sobre un determinado tema es exclusiva del personaje o la comparte con el autor; es una experiencia curiosa cuando menos.
En el caso de tu libro, muchas veces oía en mi cabeza tu voz contándome historias, hacía tuyas vivencias de Adán, que en su manera de ser contadas y en su magia me recordaban a anécdotas que me contaste algún día entre cervezas en una comida de compañeros o entre copas al terminar una obra de teatro de la que salíamos juntos sin haber concertado cita previamente. Es un desafío añadido a la lectura que sin duda aumenta su encanto.
Como te dije en esa ocasión, echo mucho de menos los momentos que pasamos y La Magía de los Días me ha hecho sentirme algo más cerca.




Dices también que ciertos pasajes de La magia de los días te han recordado a ti mismo hace unos años sobre ciertos momentos que a veces uno pasa por alto o no tiene en cuenta y luego ve que forman parte de su vida de manera importante...

Totalmente de acuerdo, puede que sea una manía, aunque seguro que compartida con muchos lectores, pero la lectura que más me cautiva es en la que logro intimar con algún personaje con el comparto algo. Siempre que leo busco semejanzas o paralelismos con algún personaje, cuando consigo una cercanía notable me río y lloro con ella o él. Con Adán, sus vaivenes y su coherencia, llamémosla incoherente, ha sido fácil reconocerme en algunos de sus momentos, momentos de esos que muchas veces pasan sin darte cuenta de que estás fabricando tu historia; esa manida metáfora de que la vida es un camino, por muy repetida que sea, no deja de ser cierta: la vida es una secuencia en la que todas sus escenas tienen su peso, algunas son reconocidas de momento como hitos vitales pero otras cobran protagonismo con el tiempo, incluso desde el olvido, pasando a veces ocultas toda la vida o en ocasiones siendo evocadas de manera inesperada. Y es que, por ejemplo, todos podríamos olvidar el día en el que, huyendo de un encuentro, entras en una librería para encontrarte con un libro que te marcaría.



¿Qué importancia tiene la ficción en tu vida?


Muchísima, soy una persona que vive en la ficción siempre que la realidad me lo permite. Ya desde pequeño, mi madre insinúa que era un niño muy bueno, excesivamente bueno hasta que empezaron a aparecer primos y hermanos que sirvieron para malearme, insinúa que yo era de esos buenos que parecían tontos siempre que se me sentaba frente a un televisor. Desde entonces siempre he disfrutado de una buena historia, una novela, una película... disfruto de ellas de forma pasiva como espectador o lector y también activamente: me apasiona contar historias, inventarlas, variarlas, escribir retazos que acaban perdidos en el limbo cibernético cada vez que rompo un disco duro, esbozar proyectos cinematográficos que nunca saldrán, decir lo que se me pasa por la cabeza, con mis amigos, con la familia, con mis alumnos... incluso a veces cuando estoy solo y paseo, conduzco o hago deporte, y esto es un pequeño secreto, me invento historias que suelen oscilar entre que tengo una misión secreta o que de repente he viajado en el tiempo o me encuentro con una identidad que no es la mía. “Flipes” que tiene uno.


Cuéntanos algo de tu experiencia como actor.


Un día un compañero que es un auténtico fuera de serie usando 3D y trabajando con vestuario y decorados cayó en la cuenta de que para realizar uno de sus sueños de siempre, grabar un corto con gente de verdad, sólo le hacía falta una cosa: unos tíos con una cara muy dura. A partir de ahí, otros cortos fueron sucediéndose hasta rodar Náufragos Estelares, un cortometraje sobre unos astronautas andaluces que ha sido reconocido con premios en seis o siete festivales y que ha acabado por convertirse en una webserie que también está gozando de cierta aceptación entre nuestros “centenares” de seguidores, os invito a darle una oportunidad. Pero nunca me he considerado actor, me encanta actuar bien sea en cine o teatro, pero mi profesión es la docencia, el actor de la familia es mi hermano Carlos, él sí estudió Arte Dramático y ha logrado impresionarme más de dos veces con sus actuaciones haciendo cosas a las que yo nunca seré capaz ni de acercarme.



¿De qué manera tus aficiones te ayudan en tu trabajo como profesor de secundaria?


La elaboración de cortos como herramienta tanto para la evaluación de aspectos orales de la lengua como para la inmersión en aspectos morales es una de las actividades cuyo resultado es de las mayores alegrías que me llevo cada curso.
Pero iré un poco más allá, aunque muchos no lo crean, dependiendo muchas veces de nuestro grado de afinidad con un grupo en cuestión, nuestra profesión tiene bastante de exhibicionista (¡no se me malinterprete!), exhibicionista emocional me refiero; en ocasiones sin querer compartes con ellos cosas que no corresponden, como pueden ser tus aficiones o incluso pensamientos, al fin y al cabo, ellos son tus verdaderos compañeros de trabajo en cierto modo. Pero en lo que es la vertiente más pedagógica también tienen su peso, yo por ejemplo uso lecturas, música o películas en versión original que me gusten para actividades de comprensión... intentas de manera disimulada inculcar tus gustos a “tus niños”, uno no se limita a ser profe de inglés, durante las cinco horas semanales que pasas con algunos grupos de manera más o menos voluntaria acabas introduciendo otros contenidos, y de esos te sientes igualmente orgulloso: Hace años un chico se me quejaba en una guardia de recreo de que a su “viejo” le gustaba un grupo “antiguo y hortera” como Triana a lo que yo repliqué poniéndome evidentemente del lado de su padre, años más tarde encontré un mensaje que me mencionaba en twitter firmado por este alumno que venía a decir -”Ahora entiendo cuando @kavayitoo (un servidor) decía que Triana era como una mezcla perfecta entre Pink Floyd y Camarón”.



Tengo que agradecerte mucho no solo tu generosidad como lector, sino como lector consumidor, ya que has comprado mis libros. Hoy día es muy fácil leer, oír música, ver películas sin tener que desembolsar un euro. ¿Crees que eso es un problema para la creatividad, para la industria, para los propios consumidores?

Mi punto de vista es el de consumidor y para mí es mucho más fácil acceder a cualquier cosa, recuerdo los noventa en plena fiebre grunge (Nevermind por bandera) los cassettes de doble pletina, el oír hablar de grupos que aquí no llegaban... la accesibilidad hoy en día a cualquier creador en cualquier corriente está ahí, en un click. En mi opinión esto nos beneficia tanto a consumidores como, creo, a escritores, músicos, artistas y pensadores... siempre que tu intención sea que tu obra llegue al mundo. Eso sí, la industria es la gran perdedora y la persona que quiera vivir del arte, aunque permíteme dudar si varía mucho el fruto de nuestra situación asediados de piratas o en la que se está a expensas de editoriales, discográficas y otros piratas varios, pero estos con licencia.
Por otro lado esta accesibilidad tiene un aspecto negativo, muchas veces echo en falta algún tipo de filtros que nos evitaran perder el tiempo. Es el arma de doble filo que supone internet, cualquiera es libre de decir lo que quiera y el resto de tragárnoslo.



Una buena parte de mis lectores son amigos de mis amigos a los que no conozco (y esa es otra gratificación inmensa), ¿le has prestado mis libros a personas de tu círculo?

La verdad es que en la situación vital y geográfica en la que me encuentro actualmente no dispongo de la vida social-cultural que me gustaría, aun así recomiendo tu obra con frecuencia, hace poco incluso (no sé si roza la ilegalidad) alenté a un compañero fotocopiándole uno de tus pasajes, el relato de “El Magnetofón” para ser más exacto. Suelo ser bastante receloso con mis libros (ya se sabe lo de “Libro prestado...”) pero incluso con esas presté La Memoria del Gintonic a un amigo cercano y muy aficionado a la lectura. Añadiré que debo aclarar que tu obra en mi casa es “dos por uno”, marido y mujer vamos en el mismo paquete cuando compramos un libro tuyo.

Nos hemos encontrado varias veces fortuitamente en algunos lugares y la situación podía ser propicia para el inicio de un relato, ¿qué relación estableces entre tu cotidianeidad y las posibilidades de la imaginación?

Igual que antes defendía la cercanía a los personajes, la cercanía a situaciones reales a lo más normal del día a día juega como aliada en muchos casos. El hecho de que estas situaciones sean la partida de los relatos también nos sitúan en una perspectiva más real e íntima que fomentan que nos adentremos en la escena. El título de tu obra lo resume, las primeras líneas, los versos introductorios... el que pase desapercibido lo normal no lo deja exento de su importancia, como ya comentábamos antes, ni desde luego de su belleza. A veces las cosas pasan porque, simplemente, no pasan de otro modo porque son así, hay momentos en los que también es como se cuenta, como uno lo ve... no sé, me estoy poniendo muy pesado, ¿verdad?


Eres, como yo, padre. ¿Qué tipo de mundo crees que van a encontrar nuestros hijos?

Por lo general me considero un tío optimista y hoy en día, con mi niña a punto de cumplir un año, cuando ves lo que hay a nivel global y en la habitación de al lado, en nivel personal y común, en materia espiritual, laboral... cuando lees las noticias o ves ciertas actitudes, uno piensa qué mierda de mundo le va a tocar vivir. Viendo lo que hay es para tirarse de los pelos, para decir lo de “paren el mundo, yo me bajo en la próxima” pero, como digo, soy un tío optimista, o al menos eso intento. Lo que tengo claro es que nuestros hijos no merecen la porquería que tenemos ahora... ni de mundo, ni de país.



Si salieras de copas con Adán, el protagonista de La magia de los días, ¿de qué te gustaría hablar con él?

Charlaría bastante.
Siempre están los comodines de conversación, existe una especie de escala de charlas sociales dependiendo de la cercanía entre los que dialogan, siendo el tiempo y las charlas de ascensor el escalafón más bajo; de esas pasaríamos directamente, de esas y del fútbol, que es el siguiente escalafón, por el que tu protagonista tampoco parece perder la cabeza (yo sí). Escalaríamos la confianza, probablemente con la ayuda de alguna bebida espirituosa, con gustos musicales, cinematográficos y literarios para pasar, quizás, a algo más íntimo, a estas alturas ya no está muy mal visto hablar de gustos sobre mujeres. El alcohol nos elevaría a la fase “arreglar el mundo” y yo estaría muy interesado en conocer su particular visión sobre cómo arreglaría él la educación en España (¿tendrá algún plan de educación basado en particular escuela peripatética?). Llegados a este punto, la evolución ya permite casi hablar de cualquier cosa, le preguntaría por anécdotas y andanzas que compararía con algunas de las mías. Para terminar en el punto de conversación más íntimo y arriesgado, le preguntaría por sus heridas.




Muchas gracias, Caballos.

Gracias a ti, Antonio.





miércoles, 8 de junio de 2016

Hijomadre


Yo soy un tipo de persona, un tipo de persona que imagina que podría hacer fotografías con el culo, sí, como si el ojete fuese el obturador de la máquina. Se abre, se cierra, y foto. Yo soy... podría decirse que el hijo. Sí, sin duda el hijo soy yo, por mucho que mi comportamiento a veces haya inducido a pensar otra cosa. Anoche le enseñé al chico de la fila de delante mis largas uñas, largas y duras uñas pintadas de blanco que él tocó, acarició, bajo la atenta y vigilante mirada de su papá. Íbamos a ver una película en la calle, vimos la película en la calle, bajo la vigilante mirada de las estrellas, dándole sorbitos a la lata de cerveza, yo con una lata en la mano y otras dos en la mochila a mis pies. Soy ese tipo de personas que hace fotos con el cerebro, si el culo lo tiene sobre el duro asiento de una silla en la plaza, donde se proyecta una peli bajo las estrellas que vigilan. Soy quien se pregunta qué hay que vigilar. Ese tipo de personas que siendo el hijo va y viene como si fuese otra cosa. Quien también podría llamarse el chico raro, sexualmente ambiguo. Ahora estoy mucho más delgado, hablo más con quien me habla, día tras día por todas las calles, hasta el punto de que no estoy seguro de no haber estado en dos lugares distintos simultáneamente, mirando a un lado y otro a ver qué puedo encontrar abandonado, anotando en la libreta los palotes que me llevan la cuenta de lo que oigo, de lo que veo, de lo que olvido. Un día quizás me marche, quizás busque la calle por la que se abandona la ciudad. Ahora soy el tipo de persona que tiene algo que hacer, que lo sabe, que tira o empuja, a pesar de ser el hijo. No soy el hijo despreocupado que sale y toma copas charlando con otros individuos que fingen como él un presente imperativo, individualista, falso como ellos falsos hijos y falsos padres en un futuro que ya los tiene en sus zarpas. Soy quien se preocupa, quien ve venir la ruina, la muerte, quien pasa mirando a ver qué encuentra abandonado, monedas y asquerosidades. Cada vez que paso hago una foto con mi culo de todo lo que ocurre a mis espaldas. Ella, en cambio, es un tipo de persona muy diferente. Ella no se asoma nunca a la calle, todas las noticias de la calle le llegan por mí, pero también por la televisión. La televisión le dice blanco y yo le digo negro. A veces lo que me duele es que crea a la televisión más que a mí. Ella es ese tipo de persona que se fija mucho en los pequeños detalles, que recuerda las palabras que alguien dice sin pensarlas. Ella indaga vuelta hacia la pared, recostada sobre su dolor. Yo le digo, por ejemplo, que hay cine en la calle y ella dice que no puede salir, que tiene que..., que está esperando en casa. Ella es... podría decirse la madre.
La madre se da la vuelta, abre los ojos y sonríe al ver al hijo.
-¿Ya te vas?, le pregunta, acostumbrada a no obtener respuesta.

lunes, 6 de junio de 2016

La mudanza




Cuando comprobé que los últimos trastos estaban en el camión de la mudanza, me subí a la cabina con aquellos operarios silenciosos y eficaces, completamente alejados de mi imagen de los mozos de carga parlanchines y bebedores. Llegamos al nuevo domicilio y fueron depositando los muebles donde les indiqué, sin que se hubiese producido ningún desperfecto. Mi mujer y las niñas se bañaban en la piscina, entusiasmadas con las ventajas de nuestra nueva residencia, frente a las incomodidades del piso poco espacioso que acabábamos de abandonar. Para la noche todo estuvo en orden, cada cosa colocada en su sitio.
- Pensaba que las mudanzas eran mucho más complicadas, le dije a mi mujer.
No me respondió. Estaba de espaldas, preparando una cena ligera para todos.
- Digo que ha sido más fácil de lo que esperaba, insistí.
De nuevo pareció que no me oía.
Enseguida se sentaron las tres a la mesa y se dispusieron a tomar las tortillas y una ensalada. Pero no pusieron un plato para mí, que había estado todo el día trabajando duramente para ellas. Además ninguna parecía reparar en mi presencia. Por lo que me enfadé muchísimo, ya que era un complot injusto e inadmisible. Como no acertaba a entender lo que estaba ocurriendo, puse una atención especial en ellas y fijándome en ciertos detalles, hallé que no se trataba de mi mujer ni de mis hijas. Eran, eso sí, muy parecidas, pero ellas no. Poco a poco comprendí que no podían oírme ni verme. A continuación llamé a la empresa de mudanzas para dar cuenta del error, pero me dijeron que hasta el lunes siguiente no se podía hacer nada. Sin embargo, en la casa, llevado por el impulso de una ciega obstinación, seguí actuando como el cabeza de familia. A la hora de dormir entré en el dormitorio principal y me metí en la cama. A los pocos minutos, en la oscuridad, la mujer se volvió y me abrazó apasionadamente. Por la mañana desayunamos los cuatro en el jardín. Ella me decía cariño y las niñas, papá. Después bajamos a la piscina. Eran tres mujeres excepcionales, guapas y divertidas. Pero en algún lugar de aquella urbanización, en una piscina muy similar, las tres mujeres de mi vida estarían esperando que yo llegase con la parte de la mudanza que faltaba. Tenía hasta el lunes para pensar qué haría.

jueves, 26 de mayo de 2016

Pornografía


Desde chiquito tengo ruedas en el lugar de las piernas. No está mal tener ruedas, pero es mejor tener piernas, como todo el mundo. Si me paro a pensar, quizás a mí me hubiesen tocado unas piernas, si todo el mundo tuviese ruedas. En ese caso desearía las ruedas, que es justo lo que tengo. En resumen: estoy jodido.
Había que inflar las ruedas y había que engrasar los ejes. Además no iban solas. Tenía que empujarlas con la fuerza de mis brazos. De ahí que los tenga tan fuertes y musculosos. Como los pectorales. Si las personas empezaran de cintura para arriba, yo sería un hermoso ejemplar de persona. Guapo, además. Pero las personas también van de cintura hacia abajo. Y ahí es donde yo ya no he sido yo, sino ese chico pegado a unos hierros, a unas ruedas. Un ser extraño, híbrido. Como un centauro. Lástima que hoy casi nadie sepa nada de mitología.
Moverse por la ciudad en silla de ruedas es una aventura complicada. Nunca hay suficiente espacio para pasar y todas las puertas son estrechas. No obstante, de la calle he hecho mi reino. Me he ganado la vida vendiendo lotería. Mi vista está llena de cinturas. Por ellas reconozco a las mujeres antes de elevar los ojos hacia la cara. A los hombres, según el tipo de hebilla que lleven en el cinturón.
Cuando era un muchacho unos monitores me arrastraron a un equipo de baloncesto. Pero a mí lo que de verdad me gustaba en aquella época era el cine. Así que no tardé mucho en decirle a mi entrenador que me importaba poco si la pelota pasaba o no por el aro. Me hice socio de un videoclub. Me gustaban todos los géneros y a veces, sobre todo los fines de semana, alquilaba las películas por lotes. De este modo di en una ocasión con una película diferente, entre una serie de títulos del oeste. La cinta iba dentro de una carátula errónea. Aproveché la circunstancia y dije que la había perdido. Pagué la multa y me la quedé. Llegué a verla incontables veces. Mientras me empujaba sobre la silla de ruedas con la única fuerza de mis brazos, recitaba los diálogos de aquella película, que tenía memorizada desde la primera hasta la última secuencia o plano. Había dos chicas, dos amigas, que en los primeros minutos del metraje ya habían seducido al muchacho en el estudio de la que era artista, pintora. Hablaban con un gemido provocador, insinuante, antinatural. Con inflexiones y tonos que me erizaban la piel y me provocaban una erección permanente. Después de usarlo como pincel y consolador, o como el pincel-consolador, la pintora lo invitaba a la clausura de su exposición en una importante galería. Donde seguramente todos acabaremos follando con todos, dijo.
El caso es que yo subía una empinada cuesta y mascullaba el diálogo entre la pintora y su amiga, con esos hipidos en la inflexión, que insinuaban una calentura constante:
–¿Crees que querrá venir el martes?
Y la otra, o sea, yo mismo, en su remedo, me decía:
–No lo sé, supongo que sí.
Y me sentía como Ulises pasando por delante de las sirenas, seducido por su canto, atado al mástil. De hecho, el muchacho, que había sido recogido a las puertas de un instituto por las dos pervertidas mujeres para ser usado como modelo, en la exposición, ese martes de cierre, le diría a la artista:
–Me gusta mucho tu pintura, creo que es enormemente plástica.
Y a mí, como a él, no sólo me temblaba la voz, sino también la barbilla. Pero mis escenas favoritas eran aquellas en las que el chico, en pie, ya se había hecho dueño de las situaciones y en medio del estudio de la pintora, con las piernas abiertas y un enorme bulto apretado en el pantalón, miraba hacia la cámara como un coloso, y traspasaba todas las barreras de la inercia y el vacío, hasta llegar al espectador, al mirón, yo mismo.
Con el mando a distancia rebobinaba hacia delante y hacia atrás para ver cómo se erguía y se presentaba desafiante. Luego, cuando la chica, la pintora, se arrodillaba ante él y le bajaba los pantalones, o la otra, la amiga, se ofrecía desde atrás, subiéndose las faldas, yo cumplía con mi deber manual. Finalmente le daba a Pause y congelaba la imagen del video con el chico despatarrado.
El chico me miraba y yo estaba pegado a la silla, a las ruedas, con los pantalones bajados, hechos un nudo entre mis muslos blandos, blanquecinos y escuálidos. Yo, igualmente lo miraba a él, sostenido por dos fuertes pilares, piernas de Hércules hundidas en el amasijo de ropa que le trababa los pies de un modo ridículo. Un hombre entero y un hombre por la mitad, frente a frente, asomados desde dos dimensiones distintas.
Escribí a la productora. Les envié una fotografía, pero no les dije nada más. No tardaron en llamarme. Les interesaban las caras nuevas.
–¿Y las ideas nuevas, os interesan? –les pregunté.
–Eso menos –me contestaron.
En el porno, como en el resto de los géneros, impera la inercia. Me costó, pero los convencí. Me contrataron para una película. Mi papel era el de un malvado resentido que se quería follar a la hija del presidente y a partir de ahí dominar el mundo. Pero el resultado comercial no fue el esperado y en ese momento acabó mi carrera como estrella discapacitada del porno. Y como guionista.
A veces voy a un cine del centro. Pago la entrada y me tengo que quedar en el pasillo. Pero ya no es lo mismo que en los 80. Ya no quedan salas X. Y las echo en falta. En su turbia oscuridad aquellos seres del desahucio amoroso, exiliados de la composición erótica, componíamos un bestiario muy escogido de las maravillas mitológicas.
Había un hombre perfecto de cintura hacia abajo, con el que me entendía muy bien. Me gustaba abrirle la hebilla de su cinturón con los dientes. El jamás se agachaba, erguido en la oscuridad de la sala. La altura a la que quedaba mi boca era la perfecta. La hidrocefalia le había estado ensanchando los rasgos del rostro, le había abierto la narices y por ellas resoplaba como un búfalo, cuando el placer de su carne y el de los seres del celuloide coincidían.
Lo que tiene la calle es que se ve a mucha gente. Muchas caras, muchas cinturas, muchas hebillas. Y algunas acaban por repetirse. Aunque sea sólo en un par de ocasiones, se quedan grabadas en el cerebro. La primera vez le ofrecí lotería. Yo en mi silla de ruedas, él en su coche. Casi a la misma altura. Me quedé mirándolo porque no me lo podía creer. Lo reconocí. Era el chico de la película. El mismo. No me cupo duda. Como a mí, le habían pasado unos cuantos años por encima. Intentando triturarlo. Sentí una emoción muy intensa que me sobrecogió. Y pasé los meses siguientes sin poder conciliar el sueño.
Ya pensaba que había desaprovechado de un modo ridículo la oportunidad de haberle hablado. Ya, que todo había sido un error de percepción. Un lapsus imaginativo, un desliz sentimental que me había llevado a confundir a cualquiera con aquel mito de mi juventud. Fueron transcurriendo los meses y pasaron algunos años más. El pozo del olvido se lo fue tragando todo. Ni siquiera podía estar seguro de que el encuentro hubiese tenido lugar, independientemente de la identidad de aquel hombre. Acababa de estrenar una silla con motor. El tipo tenía una hebilla reluciente con motivos vaqueros. Entendí que había pasado por momentos mejores, pero que no estaba dispuesto a renunciar a las señas de identidad de su elegancia. La abrí con los dientes. Me apliqué, pero el tipo no soltó ni un gemido, nada.
No era mi costumbre mirar hacia arriba, a la cara, pero esta vez lo hice. El tipo estaba muy tranquilo y yo sabía que su mutismo no era hostil.
–Eres tú –le dije.
Se me presentaba una segunda oportunidad.
–¿Me conoces?
–Te reconozco. De joven me sabía de memoria los diálogos de tus películas, sobre todo de una.
–Hice muchas, pero todas eran iguales, ¿cómo se titulaba?
En ese momento se me soltó la lengua y empecé uno de aquellos diálogos excitantes por el tono hueco, vacío, y ambiguo, de todo lo que decían:
–¿Tú? ¿Por qué tú? Podría ser yo –le dije.
–Seguid, seguid, soy un hombre muy liberal.
Y luego, ya en plena faena:
–Desde luego, eres un cachondo. Acércate, ven con nosotras.
El tipo no daba crédito a lo que le estaba ocurriendo. El lisiado que se la chupaba se conocía de memoria todo su repertorio. Al cabo del tiempo a mí también me cuesta creer que eso me haya ocurrido. Pero me he llevado las manos a la cintura en un movimiento involuntario. Acabo de tocar la hebilla. La que el tipo me regaló.

Este relato apareció en el número 10 de la revista Narrativas (Julio-Setiembre de 2008) dedicado al erotismo. Aquí el número compelto.

martes, 10 de mayo de 2016

La magia de los días. Entrevistas breves con lectoras sugestivas. Sergio Verdugo






Sergio Verdugo, 52 años, nací en Alfarnate, me crié en La Luz y vivo en Torremolinos, casado y con una hija, me gusta el tenis y el Barsa, el cine sin efectos especiales (El Padrino es ciencia), leo novela tipo Noah Gordon, John Grisham y ahora Antonio Báez, visito el Museo del Prado cada vez que puedo y me gusta pasear por el centro de Madrid (yo también busqué el kilómetro cero), ver un musical o un concierto con mi mujer y mi hija. Recargo pilas cuando estoy con mis hermanos y mis amigos, soy trabajador autónomo y por lo tanto ADN sin baja médica en treinta años.


Hola, Sergio, tú y yo nos conocemos desde hace casi cuarenta años, fuimos juntos al colegio y creo que tienes algunos recuerdos de aquella época en clase...

Tengo muy buenos recuerdos, cómo olvidar un examen de recuperación en sexto de EGB que tú me lo hiciste con mi nombre, yo solo tuve que pasar por tu lado y presentarlo, y además saqué un sobresaliente, yo sabía que tú no fallarías con el libro por delante.


Vives y trabajas en Torremolinos, donde tienes una tienda de souvenirs. Te he visto tratar al público con una guasa que es muy propia de Málaga. El otro día estuve allí y unos turistas preguntaron si bordabas el nombre en las gorras. Tú les dijiste que sí, que costaba 6 euros, pero que si el nombre era muy feo costaba 7. Luego fuimos al chino de al lado y nos regaló una bolsa de tangas donde me bordaste la leyenda de La magia de los días. ¿Siempre te lo pasas así de bien trabajando?

Intento atender a la gente lo mejor que puedo, el ambiente lo requiere, son turistas y están de vacaciones, me da coraje no entenderme con gente que te quiere hablar y no los entiendes, luego a los cinco minutos entran dos vascos o dos catalanes hablando en su euskera y piensas por qué cojones no hay un idioma universal. Conoces gente que te toca la fibra, el otro día pregunté a un cliente de Gibraltar que cómo era una zona de La Línea a la que mi hija tiene que ir una semana a un curso de inglés y se empeñó en darme su móvil por si tuviera algún problema. También pasó hace poco la presidenta de la Junta de Andalucía, estuve un buen rato hablando con ella. Enriquece mucho la gran variedad de gente que pasa por mi tienda.

¿Qué piensas de un tipo como Adán que no se interesa por trabajar ni prosperar?

Adán es un luchador que va sobreviviendo según le van viniendo las cosas sin importarle más que el día a día, y en parte tiene razón porque el ayer ya no existe y el mañana aún no ha llegado.

Cuando salíamos e íbamos a alguna discoteca de Torremolinos te recuerdo como un caballero con las chavalas, yo tenía otro modo de comportarme, ¿tienes alguna imagen al respecto?

Tengo la imagen y los recuerdos de reírnos mucho, de reírnos de no ligar, pero al ver a algún conocido, al igual que Adán fingía, cuando iba a la entrevista con Paco Tierra para alquilar el piso, concentrando todas sus armas en la expresión del rostro, te recuerdo exactamente igual, decir todo lo que habíamos ligado y lo que habíamos dejado de ligar porque no dábamos abasto, y reírnos del que se lo había creído y de pensar a quién le contaría nuestra trola y estar luego toda la semana riéndonos cada vez que lo pensábamos y si alguno ligaba también nos reíamos de él.

Has leído el libro y ahora creo que quieres recuperar el dinero que te costó devolviéndolo a la librería. ¿Por qué no se lo regalas a alguien, cabrón?

Yo creo que debería ser información reservada si yo voy a devolver un libro a una librería, pero la chica ya la vi yo muy borde cuando no me lo ha querido devolver, porque según ella, y palabras textuales, “no devolvemos libros dedicados”, le insistí en que algún Sergio podría comprarlo, pero ya vi yo que aquello no prosperaría. Ahora de ahí a que te llame para decírtelo lo veo una falta de respeto. Catorce euros a la mierda.

Cuando íbamos a la playa decías que mi cuerpo era como el de tu padre, pero yo siempre fui más guapo que tú. Ahora tú tomas una pastilla para la tensión y yo para el colesterol. ¿Eso es que estamos jodidos?

Estamos en lo mejor de la vida, tenemos una edad, pero somos jóvenes si miramos lo que nos queda por delante. Hemos aprendido a darle importancia a lo que realmente vale la pena, a ver las cosas de una manera más tranquila y con más claridad, a no cabrearnos por cualquier tontería, a valorar lo que tenemos. A mí el hecho de que pasaras el otro día por Torremolinos y me llamaras para tomar un café conmigo tiene más importancia que muchas otras cosas, y si al final de la semana me paro a pensar lo bueno y lo malo de esos días, el café contigo es de las cosas que más aprecio.

Tu padre y el mío son amigos y pasan mucho tiempo en el barrio en torno a un árbol charlando con otros jubilados. Me gustaría escribir sobre eso. ¿Qué diferencia principal crees que hay entre la vida que ellos han llevado y las nuestras?

Ellos han pasado mucho a lo largo de su vida, a mi padre lo echaron a la calle con ocho años con mi abuela y mis tíos. Él era el mayor de los hermanos y, huérfano de padre, tuvo que buscar casa. Después pasó diez años de emigrante en Suiza y Francia y toda la vida preocupado por sus hijos. Nosotros no podemos ni compararnos en ese sentido, siempre hemos tenido el apoyo y la seguridad que ellos no tenían. Además los dos comparten la desgracia más grande que pueda tener un ser humano, la pérdida de un hijo. Ahora a sus ochenta y tantos siguen preocupados por sus nietos. Yo creo que la preocupación por nuestro futuro ha sido el centro de sus vidas y nosotros ese tema lo llevamos de otra manera. Yo he disfrutado el ver crecer a mi hija más que mi padre de sus hijos.

¿Te vas a comprar los otros libros que he publicado o vas a seguir esperando que alguna vez te los lleve por la patilla?


Voy a comprar ahora “La memoria del gintonic”, pero ese no me lo dediques, te lo agradezco. Quería ver cuantas excusas eras capaz de poner para no regalármelo, “es que voy de paso” , “es que como hemos quedado a comer para no llevarlo encima todo el día”, “es que…” en fin, lo compraré.


¿Le recomendarías a tu hija la lectura de La magia de los días?

Hombre, simplemente la duda me ofende, me considero tu amigo y por supuesto que no. Ella te tiene por un escritor serio y prefiero que siga teniendo esa imagen, prefiero que no se entere cómo se las gastaba el Perico.

Torremolinos es una ciudad en la que seguro que pasan muchas cosas dignas de figurar en una novela, cuéntame alguna.


Si yo te contara llenarías tres libros pero que recuerde a bote pronto, un gitano limpiabotas y analfabeto que cada vez que habla es pura sabiduría, frases como “si te ven con un mangante tú eres otro mangante”, “hay quien ve que no comes y te quita la cuchara”, o “porque tengas cuatro duros te crees tener a Dios cogido por los huevos”, te dejan pensando un rato. Luego mi amigo Manolo que a sus 85 años, tiene teorías muy personales de muchos temas, por ejemplo, dice que la sanidad no mejora porque todos los médicos son del PP y van en contra de la junta, y te argumenta que los padres son de izquierdas, se han sacrificado mucho para que sus hijos puedan estudiar y ahora que son médicos, los ziosputas son de derechas. Por último mi amigo Jose es el mejor camarero que yo haya visto jamás, es un poco Adán y ha dado muchos tumbos, ahora vive en Barcelona y no pasa un día que no me salude por wasap. En la mejor actuación que yo le he visto se presentó un grupo de ocho guiris buscando el famoso tablao flamenco Pepe López y él con un arte que no se puede describir, les contestó: “¿Pepe López? ¡Pepe López soy yo!” Y subiendo los brazos y taconeando en el suelo les bailó y los sentó en una mesa con ocho sangrías de litro.

Un abrazo, Sergio.

Te quiero Báez.

martes, 3 de mayo de 2016

La magia de los días. Entrevistas breves con lectoras sugestivas. Pepe Narbona








JoseMNarbona, recién nacido o amnésico: mi recuerdo más lejano es de cuando el librero me engañó. Iba a comprar ‘Cincuenta sombras de Grey’ y cuando llegué a casa me encuentro con ‘La magia de los días’ de (José) Antonio Báez. Quizás esa fue la magia de aquel día, que te cambien un libro por otro y ni te enteres: ‘Çiñoagüé’ (para saber más de esta palabra se puede acudir a internet, que todo lo sabe), dijo el librero, el prestidigitador de los libros.
De profesión, tirar palante y de aficiones contarle cosas al ordenador y que me saquen a pasear, a veces mi mujer (y mi hijo) y habitualmente la Bruja, esa perrita que también y tan bien hace magia.


Pepe, tú yo fuimos juntos al instituto, así que durante la adolescencia y primera juventud compartimos muchas cosas, como fiestas, salidas, barrio, etc... Supongo que en el libro habrás reconocido ciertas situaciones o personajes. ¿Recuerdas aquel tiempo de forma parecida a la mía o tienes otra percepción?


Tengo hermosos recuerdos de aquella época (emborrados por la presencia continua de un tío que me estafó en la compra de unos libros). Las fiestas, las salidas, el barrio, nuestro lugar de reunión en torno al asador de pollos… En el relato del capitán Trueno he visto reflejada nuestra juventud. Las veces que le dio al ‘Juanca’ por Neil Diamond y la zarzuela y por las fotos y por la música y por el perro que se compró. La peluquería de su madre la recuerdo, pero yo no tenía esos sueños con las clientas. Recuerdo los días en el instituto, en el que entramos siendo niños y salimos siendo hombrecitos. Las veces que, sin ningún éxito, intentábamos ligar. Las playas en verano… Tengo infinidad de recuerdos, todos ellos magníficos. Y me acuerdo de tantas chicas que me gustaron en el instituto. Y tantas cosas más.
 
Tengo una deuda grande contigo, porque cuando estábamos en COU yo te compraba libros de una colección de quiosco titulada Obras Maestras de la Literatura Contemporánea. Hace poco, para hacer sitio en mi casa, me deshice de la mayoría, que me han acompañado durante más de 25 años. Ahí leí por ejemplo A sangre fría, Lolita, La peste o Viaje al fin de la noche. Me alegro de que me timaras...

No fue un timo. Y si lo fue, yo fui la víctima. Tú elegiste lo mejor de la colección a un precio muy inferior al que me había costado a mí. Esos títulos forman parte de la Historia de la Literatura. Hay mucha gente que escribe y mucha gente que escribe bien, y que escriben buenos libros, pero no todos van a ocupar un lugar en la Historia de la Literatura, pero las que has nombrado sí. Algunos de esas obras (que no tenías ni puta idea que se hubieran escrito y no conocías siquiera el nombre de los autores) están universalmente reconocidas. Si no hubiera sido por mí no habrías pasado más páginas en tu vida que las de las revistas para adultos. Me debes tus inicios en la literatura, me debes parte de tus libros, me debes tus aficiones, me debes tu interés por los libros, me debes dinero, me debes parte de tus recuerdos, me debes que te ayudara a tener una mejor adolescencia, que te sacara a pasear cuando nadie quería saber nada de ti. Y también una comilona. Y eres un desagradecido que dices que fuiste timado…

¿Cuáles son tus autores favoritos?

Yo soy de Gabriel García Márquez, de Pablo Neruda y, especialmente, de Borges. Nadie me gusta más que Borges, al que releo con asiduidad. Tengo sus obras completas (eso dice el título de los cuatro tomos). Por otra parte, aunque parezca contradictorio después de lo que he dicho, yo no soy de autores, soy de novelas, de obras. Mis gustos son amplios, pero abandono rápidamente muchas novelas que no me enganchan. Últimamente la novela ha cambiado, hay mucha gente que escribe una novela muy buena, pero la segunda baja de calidad y la tercera, con la que ponen fin a su carrera, mejor ni leerla. Me gusta la novela histórica, las novelas que me aportan algo, Coelho también me ha aportado cosas. Me gustan las novelas de suecos que están de moda y que escriben sobre detectives, porque son amenas: leídas y olvidadas, pero las de Millennium me gustaron mucho y las he releído. Leí varias de Matilde Asensi, de Pérez Reverte, de Isabel Allende. Ahora recuerdo que mis primeras lecturas fueron de Enid Blyton (los cinco) y Karl May, unas novelas del oeste que mi madre compró en el Círculo de Lectores y que me entusiasmaban y que leí varias veces. Ahora con internet puedes leer muchas cosas, muchas novelas. He leído de mucha gente, decir autores favoritos, es difícil. Recientemente he leído tres de Khaled Hosseini, que creo que es afgano, pero no puedo decir que sea un autor favorito. De Ken Follet me gustan sus obras, aunque creo que éste debe ser un negrero y tener un montón de negros escribiendo para él. Estos autores que escriben anualmente libros de mil páginas seguro que no trabajan solos. Pero me gustan sus obras. Hablar de escritores y obras puede llevar días, considerarlos favoritos es otra cuestión. Poe, Juan Rulfo, Pío Baroja… ¡yo que sé! Vaya preguntas que haces.

Tienes algún libro publicado en Amazon y tienes intención de publicar una novela. ¿Cuáles son los asuntos sobre los que te interesa escribir?

He publicado un par de cuentos para niños. Están en Amazon. Son de un búho despistado que es detective y que resuelve los asuntos de aquella manera. Son interactivos y el pequeño lector puede decidir algunos aspectos sobre el desarrollo del cuento. Me gusta escribir cuentos para los más pequeños (tengo escritos varios), porque ahí dejo volar mi imaginación. Por otra parte, casi con toda seguridad voy a publicar una novela ‘Para Elisa’. Seguramente la presentación será en este mes de mayo. En ellas se reflejan muchas de mis cuestiones acerca de la vida. Es una historia compleja, un tanto densa y, aunque la he aligerado (por recomendación de mis lectoras-asesoras), al final no he recortado lo suficiente, de acuerdo con sus opiniones, pero no quería ‘mutilar’ mi novela. Una de las cosas que me gusta de ‘La magia de los días’ es que es ligera, amena en su lectura. Creo que ‘Para Elisa’, en cambio, requiere una lectura lenta, y no sé si los posibles lectores estarán dispuestos a ello o terminarán echando la novela a la chimenea, que seguro que arde bien. Recientemente, porque así me lo han recomendado, para estar un poco en las redes, por si alguien que lee alguna cosita mía quiere conocer algo más acerca de mí, he iniciado un blog en el que voy a ir insertando un libro de relatos que tengo escrito “Çiñoagüé” y una serie de “Personajes que surgieron del teclado”. El blog se llama josemnarbona.blogspot.com.es. Por esa misma razón, también me he dado de alta en Twiter. Yo hasta hace poco era ajeno a las redes sociales.

¿Qué es lo que menos te ha gustado de La magia de los días?


Me ha gustado mucho, en general. Quizás me descuadra (o me desconcierta) el nombre de Esperanza Aguirre del personaje del último capítulo. Lo mismo tienes razones que desconozco para usar ese nombre. Me gusta que se lee rápido y me encanta el personaje de Adán, porque me gustan los personajes peripatéticos y las situaciones hasta cierto punto absurdas de las novelas.

Pepe, me has leído porque somos amigos, pero de no serlo, ¿hubieras comprado un libro de un fulano que no tiene marca de reconocimiento?

No. Definitiva y desgraciadamente no. Tradicionalmente se ha leído lo que dicen las tres o cuatro editoriales que manejan el cotarro. Recuerdo que hace varios meses leí en un periódico de tirada nacional la relación de los mejores libros de 2015 (los que ellos decían que eran los mejores). Casi todos estaban editados por su grupo editorial, lo que deja en entredicho la imparcialidad del informe o del periodista. Luego, estos premios literarios, que sirven para vender muchos libros y que a veces le dan uno de los premios a algún famoso que no es ni escritor, lo que termina por desprestigiar al propio premio. Yo antes compraba los libros premiados, pero luego dejé de hacerlo, porque dejó de ser una garantía de buen libro. A veces me sentía estafado. El lector cree que elige, pero es todo lo contrario. El lector nunca elige lo que va a leer. Lee lo que los editores quieren que lea. De todas maneras, las pequeñas editoriales, que necesitan gente nueva para competir contra los monstruos, el ebook e internet, han abierto mucho las posibilidades de leer. Ahora te puedes descargar gratuitamente (por desgracia, pero, al mismo tiempo, por fortuna para los escritores) un montón de libros que antes ni se te ocurría comprar y lo mismo alguien se descarga tu libro, lo recomienda y el boca a boca te puede dar la posibilidad de que una editorial más fuerte te haga algún contratillo y te ponga tu nuevo libro en un montón de librerías (aunque no es fácil que esto ocurra). Entonces, el monstruo pasa a ser el hada madrina.


No sé si le recomendarías la novela a tu hijo, por ejemplo. Creo que nuestros hijos van a tener una percepción diferente de su pasado. Nuestra vida tenía muchas más limitaciones que la suya. ¿Qué piensas?

Mi hijo no es de mucho leer. Yo he escrito un montón de cosas y no le ha dado siquiera por preguntar ni por el título de la obra. Pero sí se lo voy a recomendar a lectores (lectoras, mejor dicho) que devoran libros. Voy a recomendar que se compre en la biblioteca de la Agencia Tributaria (no sé si me harán caso).
En lo que respecta a las limitaciones del pasado no estoy de acuerdo contigo. En nuestra juventud no había limitaciones, había lo que había y con eso nos apañábamos. No había internet y qué. No había móviles y qué. ¿Alguna vez los echaste en falta? No estábamos continuamente localizados y qué. Las cosas son distintas, han cambiado. Ahora resultaría difícil volver al pasado y renunciar a muchas de las cosas que tenemos, pero el futuro será igual, con cosas nuevas que ahora no tenemos, pero que no por ello creo que debamos hablar de limitaciones.


No te he sacado todavía en ninguna historia, pero si lo hiciera podría coger alguna anécdota interesante que compartimos y luego retorcería el asunto a mi conveniencia, ¿te importaría?

No. Todo lo contrario, me acuerdo cuando me abandonaste en un bar de Granada sin pagar. Eso fue una putada, propia de ti. Y sí me has sacado: una noche nos ‘robaron’ dos o tres o cinco duros en el parque de la plaza de la Luz y a eso sí haces referencia por ahí. Tengo muchos recuerdos, un día nos reunimos y hablamos de nuestra juventud y sacas todas las notas que consideres.

Cuando lees un libro, ¿te gusta identificarte con algún personaje? ¿qué opinas de Adán?

No me identifico con ningún personaje del libro. Creo que tampoco te identifico a ti con ninguno. En lo que respecta a Adán es un pedazo de personaje, pero eso es mérito del autor. Quizás no me cuadra que siendo tuerto no llame más la atención. Al Adán de las Escrituras le sacaron una costilla y a éste un ojo y le cortan un dedo, se ve que el nombre va asociado a mutilaciones. Tener un solo ojo no suele pasar desapercibido y puede suponer un rechazo a la hora de mantener relaciones. En la novela no parece que a las mujeres con las que se relaciona Adán pongan muchos reparos. En todo caso, me alegro por Adán. No le van bien las cosas, pero al menos que folle con diversas mujeres, que es lo único positivo que le pasa. A mí, personalmente, si el parche va a juego con las enaguas o con el picardías, pos palante. A mí siempre me puso Ana Bolena, pues tenía mucho de misteriosa y creo que me quedará la duda de saber qué se escondía tras el parche.

Durante mucho tiempo no nos hemos visto, lo típico de que la vida te lleva por caminos diferentes, sin embargo he tenido una foto de grupo en la que tú salías en el salón de mi casa. Normalmente la gente tiene a sus familiares. Yo tenía a un grupo que parecía de quinquis, aunque éramos de los niños buenos del barrio..., de los que salimos adelante, ya que allí cayó mucha gente en la droga y había mucha extorsión, atracos, etc. ¿Qué me dices?

Dios, el azar, el destino, la casualidad, las circunstancias, o lo que sea gobiernan nuestra vida, todos los detalles, hasta la mínima cosa de nuestra vida. Sea lo que sea, es absolutamente injusto, prevaricador (toma decisiones injustas a sabiendas de que lo son, pues no nos trata a todos de la misma manera, que sería lo justo). Por qué hay personas con distintas fortunas, por qué unos van por un camino y otros por otro, por qué unos viven cien años y otros apenas viven tres. Por qué a unos la vida les concede todo (lo material) y otros el único derecho que tienen es a morir (de momento, que lo mismo cualquier día también lo limitan). ¿Quién decide todo esto? Un día pasas por la calle y se cae una maceta que te puede caer sobre la cabeza o a medio metro. La diferencia entre ambas circunstancias son importantes (no sé si la percibes, pero es así). También es importante la diferencia de si esa maceta cae sobre tu cabeza o sobre la cabeza de una persona que te importa, o si cae sobre la cabeza de un desconocido. Lo primero marca tu vida, lo segundo te es intrascendente.
Por otra parte, yo nunca me sentí inseguro en el barrio ni era consciente de que hubiera tanta droga o delincuencia. El barrio de la  Luz es un barrio muy grande y hay zonas mejores y peores. Creo que en mi zona había mejor ambiente que en la tuya. La sensación que yo tenía es que era un barrio de gente trabajadora. Nosotros éramos hijos de trabajadores y sabíamos cuáles eran nuestras obligaciones y las asumimos: estudiar e intentar salir adelante. Todos vamos buscando las personas con las que encontramos más afinidad y así se forman los grupos. Yo no pertenezco a un grupo en el que no estoy a gusto, lo mismo que tú y que nadie. Yo no estoy a gusto con gente que hace cosas que no me agradan y me aparto de ellos (ellos también me apartan a mí, pues no tengo espacio en esos círculos). Muchos de esos que van por ahí con sus malos (apreciación absolutamente subjetiva) rollos seguramente no estarían a gusto en un grupo en el que uno te vende un libro y luego te somete a un interrogatorio como si fuera un delincuente.

 
Un abrazo, Pepe.


Un beso, Báez.