jueves, 9 de mayo de 2013

Leer con niños




Inspirada en el título de un ensayo que se publicó en 2007 y cuya portada es la de arriba nace una sección dentro de este blog con el mismo nombre. Ayer mismo puse en mi estado de facebook un anuncio para ver si alguien me podía facilitar dicho libro (a cambio, por supuesto, de otro que yo le enviaría previo acuerdo). La idea inicial es la de anotar las impresiones, observaciones o cualquier ocurrencia al hilo de una serie de lecturas en voz alta practicadas con mis propios hijos.

En el experimento participarán los siguientes sujetos: dos adultos (Adulto1, Adulto2) y tres tiernos infantes, consignados con nombre y edad: Santiago9, Pablo7 y Juan3. En un principio los lectores serán los adultos y los otros actuarán como receptores en sesiones que tendrán lugar, principalmente, durante sus cenas.

La primera lectura, elegida por Adulto1, sin consulta ni acuerdo previo es Pippi Calzaslargas. Todas las historias. Editorial Blackie Books.
.

Es a raíz de las sesiones de lectura en voz alta de este libro y del visonado de los capítulos de la serie televisiva, cuando surge la idea de crear una sección en el blog para compartir la experiencia.



Los capítulos son breves, como mucho se tarda veinte o venticinco minutos en leerlos, dependiendo de las interrupciones del sujeto Juan3, al hilo de cualquier palabra que le sugiere una experiencia propia digna de ser compartida. Tras la cena, que no debe prolongarse mucho más allá, se procede a ver un capítulo de la serie rodada en el año 1969 y emitida en España en los 70, cuando los sujetos Adulto1 y Adulto2 eran unos infantes más o menos tiernos.




En su momento, y aún después, se levantaron voces contra el personaje, que lo consideraron perjudicial para la educación de los niños. Pero las pegas a estas alturas resultan obsoletas y casi que ridículas. Desde aquí pensamos todo lo contrario y reivindicamos la necesidad de esa actitud crítica y divertida que Pippi tiene ante la vida.


martes, 16 de abril de 2013

Vivir en la cabeza del pulpo en el blog laplazadeolavide






En Madrid hay una plaza que me gusta mucho, a la que además le han dedicado un blog que no os deberíais de perder, por lo menos los que vivís allí. Se trata de la plaza de Olavide, a la que en el año 74 le volaron el mercado que tenía en su centro y que es el que se ve en la fotografía. Quedó una cabeza muy despejada de la que salen ocho calles como ocho patas. Como más o menos todos los años paso algunos días por la zona, hace un par de meses, con ocasión de la última visita y gracias a la hospitalidad de mis sin embargo amigos Ana y Jose Manuel, escribí un relatillo que ahora se pubica.

Aquí

lunes, 8 de abril de 2013

Tres cuentecillos escatológicos



MEAS PILLADO

   Un catedrático les dice a sus alumnos de medicina durante una clase que es posible detectar la presencia de un exceso de azúcar en la orina degustándola. Para demostrarlo, moja un dedo en una muestra de orina y luego se lo mete en la boca. Declara que la muestra es demasiado dulce y les pide a los alumnos que lo comprueben ellos mismos.
   Todos los estudiantes repiten la prueba, algunos se muestran de acuerdo con el diagnóstico y otros no acaban de percibirlo. Pero ninguno descubre, hasta que se lo explica el profesor, que él ha metido el dedo corazón en la muestra y el índice en la boca. Lo que quería probar era la atención de sus alumnos, no la capacidad de estos para descubrir el azúcar en la orina.


JAN HAROLD BRUNVAND, El fabuloso libro de las leyendas urbanas, Alba Editorial, Barcelona, 2002, 344 páginas.




EL PEDO EN LA OSCURIDAD

   Había una vez un hombre que sentía una pasión desmedida por las alubias estofadas. Le encantaban, pero siempre le producían unas enormes flatulencias inmediatas. Un día, conoció a una chica y se enamoró de ella. Cuando estuvo claro que pronto se casarían, pensó: “Es una chica tan dulce y delicada que nunca soportaría este comportamiento.” Así que hizo un supremo sacrificio y dejó de comer alubias. Poco después se casaron.
   Unos meses más tarde se le estropeó el auto mientras volvía del trabajo y, como vivían en el campo, llamó a su mujer y le dijo que llegaría un poco tarde, ya que tendría que ir caminando. Por el camino pasó cerca de un café y le llegó un abrumador aroma a alubias estofadas, pensó que podría liberarse de sus tremendos efectos antes de llegar a casa y se detuvo en el café. Antes de volver a la carretera se comió tres raciones dobles de alubias estofadas.
   Durante todo el camino a casa fue tirándose pedos y, al llegar, se sintió razonablemente seguro de que había soltado hasta el último gas. Su mujer parecía agitada y nerviosa y exclamó, encantada: “Cariño, esta noche te he preparado una deliciosa sorpresa para cenar.” Entonces le vendó los ojos y lo condujo a su silla en la cabecera de la mesa. Se sentó y, justo cuando iba a quitarle la venda de los ojos, sonó el teléfono. Ella le hizo prometer que no se quitaría la venda hasta que volviera y se fue a contestar la llamada.
   Aprovechando la oportunidad, basculó sobre una pierna y se tiró un pedo. No solo fue sonoro, sino apestoso como huevos podridos. Cogió la servilleta de su regazo y abanicó vigorosamente el aire de su alrededor. Las cosas ya se habían normalizado cuando sintió que una nueva urgencia le acuciaba, así que se ahuecó en la otra dirección y soltó otro pedo. Éste fue de campeonato. Siguió así otros diez minutos, mientras escuchaba la conversación que tenía lugar en el vestíbulo, hasta que las despedidas al teléfono le señalaron el final de su libertad. Se colocó la servilleta en el regazo y cruzó los brazos, sonriendo satisfecho, y cuando su mujer regreso disculpándose por haber tardado tanto, era la viva imagen de la inocencia.
   Le preguntó si había espiado y él, naturalmente, le aseguró que no. En ese momento ella le quitó la venda de los ojos y vio su sorpresa: sentados a la esa estaban los doce invitados a su cena de cumpleaños.

JAN HAROLD BRUNVAND, El fabuloso libro de las leyendas urbanas, Alba Editorial, Barcelona, 2002, 344 páginas.


LA BOÑIGA

   Una historia de origen polaco ilustra admirablemente cierta estructura del espíritu. Habla de un polaco y un judío que, juntos, se dirigen a pie a un mercado. Ven un montón de excrementos y el judío le dice al campesino polaco:
   —Te doy diez zlotys si te comes esa boñiga.
   El campesino se queda pensativo. Imagina todo lo que podría hacer con diez zlotys mientras se pregunta por las intenciones ocultas del judío, que tiene fama de pícaro.
   Al fin acepta y, mal que bien, se traga la boñiga. El judío le da los diez zlotys prometidos y los dos hombres siguen caminando.
   Sin embargo, el judío reflexiona y se dice que sólo ha conseguido perder diez zlotys y que el polaco no parece haber sufrido gran cosa al engullir la boñiga.
   Al descubrir un segundo montón de excrementos, el judío se para y le dice al polaco:
   —Si me como esa boñiga, ¿me devuelves los diez zlotys?
   —Bueno, de acuerdo —dice el campesino tras pensarlo brevemente.
   El judío se pone manos a la obra y, a duras penas, gruñendo y ahogándose, se traga toda la boñiga.
   Vuelven a ponerse en camino los dos. Una media hora más tarde, el polaco le pregunta al judío:
   —Puesto que eres tan inteligente, ¿puedes decirme por qué nos hemos comido toda esa mierda?
   No conocemos la respuesta del judío.


JEAN-CLAUDE CARRIÈRE, El círculo de los mentirosos, Lumen, Barcelona, 2008, 380 páginas.

domingo, 7 de abril de 2013

La elección de Ángeles Prieto Barba


Ángeles Prieto Barba ha publicado microrrelatos en diversos medios digitales y ha aparecido en la recopilación de Fernando Valls titulada Mar de Pirañas.





DISCRIMINADAS


A Ángel Olgoso

Kampa descendió majestuosa extendiendo sus torneadas extremidades, perfectas tras muchos siglos de genética aplicada. Recuerdo que mientras los rayos polares del sol lustraban su piel de circulares manchas oscuras, y los ojos purpurinos nos miraban con la seguridad de su raza salvaje, nuestra exclamación colectiva logró que se dibujara en su boca una especie de sonrisa, puerta temible de unos pequeños y afilados colmillos que se saciarían no más llegara al camerino lujoso que le habíamos preparado. Allí le aguardaban, conforme a lo solicitado, cuatro hombres de altura superior a los dos metros que nos había exigido para algún divertimento desconocido. Aunque dada la inmensidad de su belleza sólo tuvimos que seleccionarlos entre los cientos de varones voluntarios, agolpados en el hall, nada más enterarse de su petición extraña. Creo que nunca olvidaré aquel largo paseo suyo por la alfombra roja, con ese vestido de argentíneo tafetán plegado, hombros al aire y ahíta de suficiencia, con la afilada barbilla dividida en dos mirando a un lado y al otro, deteniendo tiempo y espacio para nosotras, pobres espectadoras asombradas y llorosas ante la primera de las reinas de la belleza que nos había deparado el destino.

A los diez minutos bajó Delenn, suma sacerdotisa de los Mensai, con ese brillo especial que le otorgaban los azules ojos achinados. Su hermosura era distinta, o al menos así me pareció porque mostraban esa modestia propia de los seres inteligentes, capaces de entrever lo que nos depara el futuro. Destacaba también por su vestimenta oriental con sedoso kimono rojo, como gesto de aprecio a nuestra cultura vetusta y por las joyas, con ese collar de amatistas que rodeaba el transparente cuello, combinación excelsa de buen gusto. Por ello, cuando alzó aquella cabeza suya sin cabellos, adornada con una diadema propia en forma de pez y nos saludó, supimos verdadero aquel viejo proverbio que afirmaba que el encanto, la clase y la belleza surgen de dentro, de algún lugar indeterminado entre el corazón y el cerebro. Además, no nos había pedido nada extraordinario para acudir, tan sólo unos cuantos tomos sobre aquellas viejas tácticas bélicas que necesitábamos en el pasado. Qué hermosa la vi aquel día. Era mi favorita.

Más tarde, la más original de todas no se hizo de rogar, sólo alargó su paseo triunfal con dos enormes y largos tentáculos que salieron de su vestido níveo terminados en pinzas rojas de cangrejo, crueles alicates que no dejaron de agarrar y destrozar a cada nuevo admirador que saltaba la valla. En su fiereza, con cada crujido de costillas humanas, sonreía ufana, segura de que ninguna de las otras podría igualarla en poder y fuerza. Su cuerpo artrópodo era inmenso, sus piernas peludas parecían kilométricas sin necesidad de zancos o tacones, Talao se sentía feliz e inmortal.

Y entonces yo, eufórica, no quise seguir contemplando más reinas excelsas para lanzar mi crónica al mundo. Qué poco me importó entonces el frío y las insistentes amenazas agoreras de mis compañeros periodistas, adustos varones humillados. Pues como remate ese día, tras siglos y siglos de marginación, tras repetidos intentos e incesantes luchas por alcanzar la belleza perfecta, las hermosas y valientes mujeres habíamos triunfado: por fin podríamos celebrar en la Tierra, aquí en el Polo Norte, un auténtico certamen de Miss Universo.



THERMIDOR



Cuando el riachuelo de sangre desbordado alcanzó un extremo de la plaza de la Concordia, el hercúleo Samson alzó la hoja con esfuerzo y dio por concluido su trabajo, sin saber que aquel sería su último día. Y su última noche. Pues espíritus, fantasmas y otras ánimas en pena por él creados, dóciles criaturas de su memoria hasta ese mismo instante, se rebelaron con estruendosos gritos que le impidieron dormir y con el mandato urgente de que debía acompañarles, por lo que Samson sufrió un infarto fulminante.
No pudo enterarse de que los lideraba un rabioso Robespierre, recién decapitado. Ni tan siquiera supo que, sin su eficiencia, la Revolución Francesa había terminado. Pues aunque algunos abogaran por la vuelta a la justicia y a los derechos humanos, más verdad fue que aquella cuchilla maldita pesaba demasiado.


CERCO A LA BELLA DURMIENTE

Ángel Olgoso (De La máquina de languidecer, en Páginas de Espuma)

El príncipe se inclina sobre el lecho adornado con flores y besa a la Bella Durmiente, pero la princesa no se despierta. Es posible que a) tenga el sueño muy, muy pesado, b) no sea la auténtica Bella Durmiente, c) él sea un impostor de mirada tierna en horas bajas, incapaz ya de despertar a una doncella tras otra, d) advertida por sus lecturas de cuentos populares, la Bella Durmiente se niegue a entregarse al primer príncipe que la roce con los labios, e) el huso que pinchó su dedo estuviese emponzoñado a conciencia, f) el príncipe no haya besado a la princesa en el punto propicio acordado por la tradición, g) la Bella Durmiente, dada su aristocrática condición, considere procaz e indigna la actitud del príncipe al no haber sido debidamente presentados, h) simule estar dormida al entrever el horrible aspecto del príncipe, i) la princesa, de naturaleza escasamente virtuosa, necesite algo más que un simple y casto beso para ser despertada, j) el hada benévola intente así evitarles la crueldad de vivir juntos hasta la muerte, y k) cuando el príncipe acertó a pasar cerca del palacio encantado y atravesó el espinoso seto de escaramujos, no habían transcurrido aún los cien años prescritos ni llegado, por tanto, el día en que la Bella Durmiente tenía que despertar, lo que obligará al torpe príncipe a esperar aquí dos, quince, treinta y ocho años más.

ACOSO CONTEMPORÁNEO Y METE-PATAFÍSICO A LA BELLA DURMIENTE by Ángeles Prieto Barba (inédito)

l) el anticuado príncipe apenas puede reconocerla ahora bajo atavío punkie, con ostentoso piercing en los labios que impide romper el hechizo, m) en realidad, la bella yace bajo halitoso coma etílico y él ni siquiera puede controlar sus arcadas, n) más de veinte cámaras esperan retransmitir el ansiado momento a todas las televisiones del mundo, por lo que el elegido, enfermo de tímida ansiedad y pese a los incentivos económicos, decide no comparecer, o) la princesa en verdad continúa bajo anestesia tras operación drástica por cambio de sexo y el príncipe, atribulado, se niega a aproximarse a eso, ¡qué corra el aire!, p) los áulicos consejeros integristas han cubierto por completo el rostro de la Bella con un burka que no permite el morreo salaz, q) superadas las oposiciones principescas, ella fue destinada a Siam y él, a Burkina Faso, por lo que deciden no continuar ante la imposibilidad de pasar más de tres días al año juntos, r) el príncipe, forofo del Atlético, es advertido antes de que la Bella luce tatuaje del Real Madrid situado justo entre el ombliguito y su frondoso venusberg: no hay nada que hacer, s) él nació en la señorial Sevilla y la princesa es gaditana: aún menos, t) certero fue el dramático diagnóstico que firmara Raymond Chandler, u) hasta el conde Drácula se adelantó al príncipe bobo, luego sería eficaz una estaca de madera y nunca un besuqueo cariñoso, v) la ardorosa Blancanieves, también princesa, ya sedujo antes al príncipe con senos mucho más firmes y orondos, w) él no ha conseguido aún superar su natural condición anfibia y sólo puede depositar sobre ella ósculos viscosos y fríos, inútiles, x) al menor contacto el milagroso botox que mantiene la juventud de esta princesa trimilenaria perderá toda su eficacia, y) el despertador verdadero de la Bella no radica precisamente en esos labios y z!) ¿Acaso conoce alguien pócima, remedio o beso mágico que pueda curar, de improviso y a la vez, la disfunción de un torpe príncipe y la frigidez de una doncella lacia?.



DOS MICROS MÁS DE OTROS AUTORES


HELIOTROPOS


de DANIEL MOYANO

El hombre es bípedo y andante por error biológico. De lo contrario, volaría. La evolución tiende a las congruencias, y el volar con naturalidad hubiera sido una de ellas. Todo estaba preparado para ese brillante comienzo. Porque volar era lo suyo. Una oportunidad única que le daba el Tiempo, entonces lento y generoso.
Por error o inclinación, prefirió el largo y tortuoso hecho de erguirse para reptar como un inválido (está a la vista que caminar sólo con dos pies es una de las costumbres más absurdas y antiestéticas) recorriendo el planeta, que, de paso, depredó escrupulosamente. A partir de entonces, el resto de los vivientes le llamó Dos Patas, triste nombre con el que lo reconoce la memoria biológica.
Pegado a la Tierra, a la que, por su naturaleza de evadido, no pertenece cabalmente, su comportamiento, debido a esta circunstancia, es el de un parásito, o como el de un pequeño y pernicioso gusano del universo, según la vio la implacable lupa del irlandés Jonathan Swift.
La Tierra estaba lista, como un regalo del tiempo en su primer milenio, para ser el descanso del vuelo, la mesa tendida llena de alimentos, un árbol en el diluvio. Pero él prefirió convertirla en cárcel, y como tal la ama, aunque a veces, en sueños, añora los espacios planetarios.
Cada vez que es consciente de la pérdida, dice que aquí abajo tiene como sustituto el consuelo del amor, y lo esgrime como respuesta a esa carencia fundamental. Ignorante de que en el espacio hubiera tenido acceso a esas casi increíbles mujeres descubiertas por el poeta y astrónomo argentino Oliverio Girondo, que hacen el amor en vuelo y que cada mañana, mientras desayunas terrícolamente, si te asomas un poco a la ventana puedes ver haciéndote señas desde las nubes bajas invitándote a un regreso.
Para cazarlas inventó unos sucedáneos metálicos del vuelo, de los que ellas huyen asustadas y como olas que desde la playa se alejasen mar adentro.
Acuciado por la nostalgia del paraíso perdido, últimamente construyó artefactos capaces de viajar por el cosmos. En el espacio, que pudo ser del hombre para siempre, estos pergeños, con o sin astronautas, actúan como intrusos.
En sueños, estos hombres que perdieron el espacio pueden a veces ver la Tierra-Jardín como desde lejos, ostentosa de mares azules mezclados con crepúsculos, salpicada por ínsulas extrañas, aguas súbitas, flores espasmódicas y mujeres en vuelo.
Y además verse a sí mismos, muy por encima de ese globo envuelto en luz, tal como hubiera podido ser, flotando, volando, renaciendo, arriba y abajo, como enormes mariposas transparentes y con consentimiento de los grandes heliotropos.



SIRENA EN SILLA DE RUEDAS

de Carmela Greciet

La sirena pidió a los servicios sociales que la llevaran tierra adentro porque iba a surcar los mares el atractivo, astuto, fecundo en ardides, saqueador y felizmente casado Ulises.
Algunos días de sol la llevan al parque, donde se la puede ver con su hermoso pelo suelto, leyendo a Joyce junto al estanque. Lleva una mantita de cuadros sobre -la que dicen es- su majestuosa cola plateada, y ya nunca nunca canta.

Los textos elegidos (Angel Olgoso, Carmela Greciet y Daniel Moyano) pertenecen a escritores a los que siempre guardé una gran admiración y amistad eterna, aunque me parece que de ellos no se me ha pegado gran cosa, como me gustaría. Bueno, eso deben juzgarlo los lectores.



viernes, 5 de abril de 2013

La elección de Eduardo Cruz Acillona

Eduardo Cruz tiene un blog llamado Más claro, agua.

Al buscar su imagen en internet te salen estos dos tipos. No sé.



De todos los géneros literarios, el que más me gusta es el microrrelato: ofrece emoción y concisión a partes iguales. Imagínense el tiempo que nos habríamos ahorrado si Dan Brown hubiera escrito:

El Código Da Vinci es: E H J R 7 5 3

Claro que, luego, a ver quien era el Tom Hanks de turno que hacía una película con ese material…

Si haces una rápida encuesta (yo es que no tengo tiempo) sobre cuál es el microrrelato más corto del mundo, la mayoría de lectores te dirá que el de Augusto Monterroso:

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

Pues no. Existe un microrrelato mucho más breve escrito por el argentino afincado en Granada Andrés Neuman:

Se despertó recién afeitado.


Yo, cuando sea mayor, también quiero despertarme recién afeitado y vivir tanto como los dinosaurios, que habitaron la Tierra durante millones de años, aunque luego tenga que extinguirme por causas desconocidas.

Mientras eso sucede, me dedico a escribir y publicar microrrelatos. Esta es una pequeña muestra:

# 1

“¡Carguen!... ¡Apunten!... ¡Fogueo!...” La guerra duró mucho tiempo, pero todos vivieron para contarlo.

# 2

Decidió suicidarse. Abrió la ventana y se lanzó al vacío… Años después, sigue viviendo en un bajo.

# 3


Uno de los invitados escondió un tenedor de plata en el bolsillo de su pantalón. Tuvo que disimular el pinchazo durante toda la cena.


Y ahora, otros tres microrrelatos de autores consagrados:


# 4 (Ana María Shua)

Todo es relativo. En mi planeta ganaba concursos de belleza, llegué a ser el equivalente de lo que Miss Universo es en la tierra. Aquí soy un fenómeno de circo, dice con tristeza la hembra de Alfa Centauri, sacudiendo sus apéndices vibrátiles. Total, quién puede desmentirla.

# 5 (Juan José Millás)

Hay novelas que aun sin ser largas no logran comenzar de verdad hasta la página 50 o la 60. A algunas vidas les sucede lo mismo. Por eso no me he matado antes, señor juez.

# 6 (Eduardo Galeano)


Un buen día, la alcaldía le encargó un gran caballo para una plaza de la ciudad. Un camión trajo al taller el bloque gigante de granito. El escultor comenzó a trabajarlo, subido en una escalera a golpes de martillo y cincel. Los niños lo miraban hacer….

Los niños partieron de vacaciones, rumbo a las montañas o al mar; cuando regresaron, el escultor les mostró el caballo terminado.

Uno de los niños, con los ojos muy abiertos le preguntó:
- … ¿pero cómo sabías que dentro de aquella piedra había un caballo?


jueves, 4 de abril de 2013

La elección de Xrisstinah

Una de Microrrelatos xrisstinheros

Xrisstinah es un seudónimo, nick, heterónimo, no sé muy bien, de Soledad González Fernández, que tiene un blog en el que escribe demasiado poco llamado Hablando en loro.



1ª Elección

Cuando una o uno está en la luna de Valencia, se puede escribir casi de todo, y encima hay algunos que te leen y se ríen.

MI MOSCA DESPISTADA

Mi mosca despistada, se quedó conmigo en el último verano y me dio pena echarla de casa.
Andaba siempre dando vueltas por mi habitación, conmigo detrás, armada con trapos y revistas, subiéndome por camas, mesas y sillas, tratando de ahuyentarla. A punto estuve de utilizar insecticida, pero temí morir yo antes y me abstuve de cometer el insecticidio. Empecé a acostumbrarme y a mirarla con otros ojos, desconozco con cuáles de los suyos me miraba ella, pero desde luego está claro que no veía muy bien, porque se daba unos guarrazos sonoros contra los cristales, que seguro producían mucho dolor, luego se quedaba un rato atontada, pero yo no sentía que fuera ético atacarla en su estado de desventaja.
Y yo ya se lo decía cada dos por tres, "mira Maruja, si sales por el cristal que está abierto llegarás muyyyyyyy lejos, pero no vuelvas a entrar corazón, porque te vas a dar la torta otra vez".
Pero, eso, lo dicho, empezó a darme pena, fue llegando el otoño y la dejé que se quedara haciéndome compañía, amenizando mis horas de abstracción en el ordenador y posándose en las páginas de mis libros para indicarme por dónde tenía que seguir leyendo. Yo le daba miguitas de galleta, cachitos de entrecot pulverizado, pizcas de manzana,... y así está ahora, hermosa como una mosca reina, así no hay quien salga de ningún sitio. Si ya me lo dijo mi madre, "hija mía, mejor podías cuidar así a los moscones, que se te van todos, en vez de aplastarlos de un zapatazo".
Maruja tiene un zumbido cariñoso y sensual, se conoce ya todos lo rincones de mi casa, ha explorado los conductos del aire acondicionado y estoy segura de que habrá encontrado allí a algún inquilino polizón con el que cambiar pareceres.
Estoy pensando en incluirla en mi plan de pensión de jubilación.





2ª Elección

Queridos alumnos de don Antonio, ya que Quevedo hizo una sátira retratando a vuestro profe en ese soneto, ahora toca que yo os retrate a vosotros. ¡Aaahhh, se siente!, ¡no haber venido!

7 cerebros compartidos 7


Es bonito empezar en Septiembre, todavía no se han caído las hojas y el mar aún no se ha enfadado demasiado.
Después de tantos años me sigo poniendo nervioso esperando el momentazo. Cuando comienza el curso y yo tengo que saber con quiénes cuento para ver si aprendo algo. Bueno la verdad es que soy yo el que tiene que enseñarles algo a ellos, pero como aún no tienen mi nivel de conocimientos, que no es mucho, siempre aprenden algo. Lo más interesante es lo que ellos me transmiten a mí. Y el primer día todos tienen los ojos redondos.
Los chavales son especialistas en poner los ojos redondos, signo de su disposición a percatarse de todo, a fijarse, aunque luego les importe tres pimientos y medio lo que intentes decirles. Y así es, otro año más, entro en el aula, mientras ellos aún no tienen confianza suficiente para tirarse papeles ni romperse las gafas ni otras amorosas crueldades. Aún se sienten aislados, si no conocen a los otros y piensan que son tontos pero que los demás no tienen por qué darse cuenta.
Mi mirada triunfal, esa que invade el primer día, abarca todas las cabecitas. La de final de curso ya será una mirada algo más humilde o, para ser sinceros, de estar hasta las narices. Pero estrenar curso es como cuando yo estrenaba lápiz y goma de pequeño.
Me miran, sé que tengo que decir algo, muchas cosas, pero me gusta hacer notar que estamos delante de una pizarra en blanco, bueno verde-gris, y que nuestra relación va a ser laaaarga e intensa.
A veces me doy cuenta de entrada: son unos zoquetes este año y no lo pueden disimular. Y les digo que no está mal que entre los 7 podemos lograr un cerebro, cosa que ya es mucho, con uno solo entre todos, me doy con un canto en los dientes.
Pero el primer día no suelo llegar a tanta sagacidad.
Y empieza el momentazo, ese en el que yo voy soltando metralla y ellos me miran con gesto de potenciales premios nobel, y yo me engaño, me gusta engañarme a conciencia, pensando que me están captando, que están entendiendo todo y que son la esperanza de la humanidad. Aún no he descubierto al tonto del todo, ni al cruel hiperbólico. La crueldad es un bien innato en todos ellos, con un nivel de manifestación más o menos censurado. Pero siempre existen, en todo curso que se precie, el cruel de solemnidad y el tonto de solemnidad, que forman parte del paisaje de un aula como los naranjos en Valencia. Pero yo aún no lo sé, no los distingo. Bueno, también existe el alumno esquizo, especialista en desestructurar todo empezando por él mismo y dando porculito lo que no está escrito, el generador espontaneo de sangre, sudor y lágrimas.
Y yo, feliz, empiezo el aprendizaje. El mío. No, no se trata de que yo les enseñe algo a ellos, eso es demasiado fácil ya para mí. A poco que hagan caso, darán un salto con las cuatro chorradas que yo aporte. Se trata de mi aprendizaje, de lo que yo puedo aprender de ellos, de lo que ellos me enseñan a mí, sin nómina fija ni complementaria, ni tan siquiera extra de Navidad. Son los verdaderos maestros. Sus peculiaridades me doman como a un tigre sin rayas. Es tan asombroso que un chaval pase de los rollos patateros que le cuento y llegue a sus propias conclusiones sin tantas vueltas como me costó a mí, que me lo paso bomba dando clase. Es posible que siempre me haya producido envidia la chulería infantil, o la capacidad de poner la mente en blanco sin enterarse de nada, porque ya están en un umbral superior. A lo mejor es que yo soy simple, o demasiado llano, aunque mis colegas me consideren un genio. No sé. Sólo sé que estrenar curso y saber todo lo que voy a sacar de allí me produce calor, temblores, respiración acelerada y algo de mareo.
Lo mismo es que al estar con ellos me da la gripe.



3ª Elección

No mangar e-book

Querido Inda:

No, si yo ya lo sabía desde el principio, tú sólo me quieres por mis aparatos electrónicos y lo demás son aderezos de Don Juan de internet.
Me mosqueé bastante cuando te apoderaste de mi centro de planchado, eso de pasarte el día planchándote las camisas no iba con tu estilo primigenio, siempre me pareciste más bien del club de la greña y la legaña natural.
Me puse también muy triste cuando tus arrumacos de hombre miel se transformaron en largos silencios, tú contemplando fascinado la pantalla de mi Mac Pro con procesadores de xeon westwemere, y yo contemplándote a tí desde atrás mirando melancólica la curva de tu deltoides y recordando cuando aún bebíamos agua.
Pero lo que clama al cielo es que me hayas robado impunemente mi lector de ebooks. ¿Para qué narices lo quieres? He visto que te lo has pegado a esa barriguita tan adorable que tienes con esparadrapo, a modo de tableta de abdominales ¿no?, a lo mejor te piensas que va a producirse un trasvase cultural por osmosis barriga-ebook.
Esto raya ya la más absoluta desidia y desfachatez.
Te abandono. Ahí te quedas con mi lavadora ultrasónica de frigoríficos y mi máquina de coser.
Yo me largo con el del butano,como tiene que ser, hay que conservar las tradiciones.
Si por casualidad te das cuenta de que ya no estoy en la casa, no me mandes un email, mejor mándame un bote con tus babas, es posible que sea la única manera de redimirte.


Te quiere
Perlita Juliana




CLÁSICOS

1ª Elección

Capítulo 7 de “Rayuela” de Julio Cortázar

He de aclarar a tus alumnos que existe una leyenda que dice que si uno va a una librería de segunda mano y sale con la hoja de dicho capítulo en la mano y se la hace llegar a la persona amada, esta caerá rendida a sus pies.
Y por si a alguno de vosotros os apetece oír el capítulo en la voz del autor, aquí hay un enlace: http://youtu.be/OzvEZ4LBg_g
Para mí es el mejor microrrelato que he leído, dentro de una novela difícil pero preciosa.


<< Capítulo 7
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.>>

La 2ª elección de Xrisstinah es un un cuento de Herman Melville : “Bartleby”, el escribiente. No lo ponemos aquí por tamaño. Hablaremos de él en clase.

3ª Elección

En lugar de microrrelato, he preferido elegir un soneto de Quevedo, que con toda su mala hizo este magnífico retrato que cualquiera de nosotros podemos hacer de nuestro vecino o de nuestro profe:

Francisco de Quevedo (1580-1645)
A una nariz
Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.

Era un reloj de sol mal encarado, 5
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.

Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto, 10
las doce Tribus de narices era.

Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.

Estrofa: Soneto (catorce versos de once sílabas:
dos cuartetos [o serventesios] y dos tercetos)