sábado 12 de diciembre de 2009

Los pelos de mi barba


ZZ Top


Soy uno de esos hombres a los que le está saliendo la barba
sin ningún tipo de misterio
mi barba poética es mucho
más larga que los pelos de mi barba
la sombra en mi rostro es la sombra
que quiere herir la luz de los demás hombres
Por eso huyo de todas las ciudades
No hay misterio Sólo ganas de escapar
Es mi oficio quizás el que hace que la muerte
no sepa dar conmigo
Nací en 1964 como muchos hombres y mujeres a los que en
este instante le está creciendo la barba
sin ningún tipo de misterio
Hoy es 12 de Diciembre del año 2009
Mi barba es un río de luz
mis hijos se acercan a ella
como si fuese un mar
por el que pudiesen caminar
Los pelos de mi barba son hilos de oro
largos filamentos de fibra óptica
para facilitar las comunicaciones
La canción de los pelos de mi barba
le da sentido a ese misterio inútil y hueco
en el que nos sumergimos nada más surgir
Miro fotografías de cuando era un niño
en 1969 y estoy con un paquete de galletas en una mano
y una barba larga que me llega a los pies
Soy uno de esos que se escapa
que sale corriendo enredándose los pies
con los pelos de su barba
No hay camino que no esté tapizado
por un manto de pelos que una vez estuvieron
en mi barba
Los hombres están cosidos con ellos
Las ciudades tienen sus cimientos en
ellos
Es la moneda con la que se comerciará muy pronto
Os convendría dejaros crecer mi barba

viernes 11 de diciembre de 2009

Regalo mi biblioteca


Manolo Valdés, Biblioteca

Tengo gordísimos libros de poesía que hablan de la vida y
del tiempo a 20 euros el tomo
Me he pasado horas mirando en sus huellas blancas
en las oquedades de sus voces
para oír los cantos de las sirenas
que me estaban esperando fuera de sus páginas
Sus autores no son sino truhanes emplumados ya
de sus propias palabras
Hace 25 años me gasté en ellos el dinero que no tenía
esa es la única lección que aprendí
pero no de ellos sino de mí mismo
la necesidad de una elegancia superflua
No quiero que los hereden mis hijos
no quiero vivir entre las ruinas de ninguna inteligencia
No os los cobraría
sólo tendríais que venir a recogerlos

jueves 10 de diciembre de 2009

Condicionales para perderlo todo


Virginia Jiménez, ilustración para "Tributo a Fonollosa"

Si si vas a vivir poco tiempo
piérdelo como si fueras adolescente
Si si vas a vivir 100 años
pierde el sueño como si fueses
a morir pronto
Si si vas a vivir con dinero y morir pobre
o si vas a morir amante y vivir amado
Si vas a morir entristecido
boquiabierto quebrantado
luminoso como los locos
Si vas a vivir después de muerto o
no tienes ningún interés en seguir vivo
pierde todo lo que tengas en los bolsillos
pierde tu tiempo
pierde tu salud
tu carne tu hambre tus ojos y tu lengua
piérdelo todo en ese agujero abierto en ti
pero si descubres que nunca has existido
ay si nunca estuviste muerto ni vivo
nada nada te tengo que decir
eres tú el que habla con un látigo
sobre mis heridas
del alma sin crédito

martes 8 de diciembre de 2009

mirando una foto anónima cualquiera en su cabecita hace reflexión

me miras con esa cara de guarra
como si quisieras decirme que me ausente
un poco de la vida
y que me vaya contigo a ese paraíso
de pornografía de los colores
el celeste sobre el negro
las rosas tras las amapolas
los colibríes dentro de las piernas hacia la boca
por donde mueren los peces
qué fotografía tan saturada de tí
qué labios y qué ojos y qué nariz tan grandes
la apuesta de la última tarde en la última taza de té
me miras con esa cara de ángel
como si quisieras que yo me ausentara
y te mirase con el brillo turbio de la adolescencia
que no me conociste

lunes 7 de diciembre de 2009

la máquina del hambre


que se mueran de hambre todos los que se mueren de hambre
y que también se mueran de hambre los que todavía no se mueren de hambre

que se mueran de hambre todos los negritos hambrientos
y todos los que intentan evitar que se mueran de hambre los negritos hambrientos

que se mueran de sobredosis todos los yonquis hambrientos
y todos sus camellos hambrientos que se mueran de sobredosis

que se mueran de hambre todos los poetas hambrientos y que se mueran
de sobredosis todos los poetas que no pasan hambre

que se mueran de hambre los pobres o de sobredosis
y que los ricos se mueran de pobreza

que se mueran de riqueza todos los ladrones
y todos los empleados de las fábricas que se mueran

que le aten una piedra al cuello a los ángeles y a las palomas
que les den un veneno de paz que acabe con ellas

que se muera el mundo que se muera la naturaleza
que se muera la muerte las noches y los días

que no haya nadie en pie con esperanza

que nadie tienda la mano

que los bosques se echen a arder

que los coches se salgan de las carreteras

que los mares lo ocupen todo y luego se sequen

que la sombra que te cobija te trague y te escupa en el infierno

que no encuentres en mis deseos humor

he inventado una máquina en la que si introduces una moneda de poco
valor te morirás de hambre
la máquina del hambre devorará tu belleza de la hambruna
la máquina del hambre se instalará en tus ojos
y no podrás ver otra cosa que hambre hambrienta
en la máquina del hambre muerto vivo
muerto vivo
en la máquina del hambre
como en cualquier oficio que mata el hambre

domingo 6 de diciembre de 2009

Cohetes


El cohete, Julio Romero de Torres

Son muchas cosas las que no hacen falta
ni que yo te conozca a ti ni que tú me conozcas a mí
tampoco es necesario evitar repeticiones cacofonías
o crear misterio si no hay misterio
En el amor y en los poemas pasa parecido
que se pueden ir a pique yéndose a pique
porque por medio haya cualquier tipo de imbécil
haciendo el imbécil
A veces uno tira un cohete y sale bien
otras veces el brazo se adverbializa
y el verso peludo se entrega con docilidad
luego llegarán los sustantivos para darle una marca
a tu mundo
Pueden ser niebla, comercio, metales, escafandra,
plasma
, etcétera
si tienes la oportunidad preciosa de callar
y no añadir ruido

sábado 5 de diciembre de 2009

El coche


Museo Vostell, Malpartida de Cáceres, coche, foto de Álvaro M.

-El coche es mío, me dijo.
-Eso no te lo discuto, le dije, sólo quiero que me lo prestes para el fin de semana.
-Es mío y lo necesito el sábado.
Aquella insistencia infantil en la declaración posesiva me desveló de repente el aire ridículo de su aspecto: las patillas enmarcándole la cara mofletuda que le llegaban a la mandíbula, y comprendí que su aire moderno sólo era eso, un balón de fatuidad; las espinas tatuadas en torno al brazo blanco y gordo eran una mancha de suciedad para siempre. Esa mierda que cada día que pasaba me ensuciaba más a mí. Esos dos mismos rasgos con los que hacía sólo unos meses lo había vuelto a ensalzar. Me hubiera parecido patético de no ser porque se imponían por encima de cualquier otro sentimiento la rabia y el enfado.
-Habría que ver de quién es el coche, dije, ahora resentida.
-El coche es mío, volvió a decir.
-El coche es mío, dije, haciéndole la burla.
-Lo paqué yo, dijo.
-Sólo quiero que nos lo prestes para el fin de semana. No ya a mí, sino a tus hijos, dije.
Miró a los niños e hizo un gesto negativo con la cabeza, del que enseguida se arrepintió.
Mi amiga Lu me había invitado a pasar el fin de semana en su casa, pero necesitaba coche. Enseguida había pensado en nuestro coche. Era evidente que todo lo nuestro, había dejado de serlo. ¿Todo lo nuestro?
-Pero esos de ahí son tus hijos, ¿no?
Me miró con dureza.
-No me jodas, dijo.
El mayor dejó de lado la pantalla de la televisión y nos miró para volverse enseguida hacia los dibujos animados. El pequeño dormitaba en la mecedora.
-Para que viajéis los tres, el autobús es más seguro, dijo.
-No me lo puedo creer, dije.
-¿Cómo van a ir los niños solos atrás? Dijo.
-Pues ve tú al cuidado mientras yo conduzo, ¿no te parece?
Se levantó como si un resorte en el culo lo hubiese empujado.
-Así que no te fías de mí, acusé.
-Ya te he dicho que necesito el coche el sábado. Me voy a marchar, anunció.
Se acercó a los niños y se despidió de ellos sin que le hicieran mucho caso.
Encendí un cigarrillo y me fuí a la terraza. Lo ví cruzar la calle y montarse en el coche. Tardó en salir, como se hubiese estado entretenido en elegir el cd que iba a poner. Era lo que siempre hacía. Por la ventanilla salió una bocanada de humo y emprendió la marcha. Cuando desapareció en la esquina, volví adentro con la colilla en la mano. La tiré al váter y comencé a llorar.
-¿Tu amigo se ha ido? Me preguntó Marc.
-Tenía prisa, le dije.
-¿Por eso lloras?
-No, es que se me ha metido algo en el ojo.
Para Marc su padre era mi amigo. Volví a notar la punzada de algo molesto en el ojo y regresé al cuarto de baño.
-No te preocupes, me dijo Marc, a mí cuando eso me pasa, cierro los ojos fuerte fuerte y se me quita. Pero tienes que tener los ojos cerrados hasta 10.
Hasta 10, en efecto. El truco estaba en ir contando y no abrirlos antes.