martes, 5 de octubre de 2010

La habitación


Penetré en la habitación sin muchas expectativas, algo ensimismado. El hombre que había dentro salió a mi encuentro, de frente, y me dio una buena bofetada, sonora, lúcida, que acabó por hacerme comprender dónde me encontraba: en la habitación. ¿Y tú de dónde vienes?, me preguntó, con el semblante desabrido, abierto. Vengo de fuera, le contesté. Afuera no hay normas, afuera sólo hay vagos inútiles, sólo aquí comprenderás lo que es la ley. Ya me iba dando cuenta, me toqué la mejilla con sonrisilla irónica y se volvió a enfurecer. Aquí las costumbres son diferentes, todo el mundo desea entrar en la habitación, pero son muy pocos los que lo consiguen. Pasarás mucho tiempo mirando esa pared cada día, te conocerás mejor después de haberlo hecho, me dijo. Pensé que era una broma, pero en esas volvió a darme un guantazo, reglamentario, medido. Cerró la puerta y me miró, no con una sonrisa malévola, sino con magisterio. Y eso me puso los pelos de punta.

3 comentarios:

Herman dijo...

Tu relato me ha noqueado.
Mil gracias.

Elèna Casero dijo...

Un relato impactante..

Aparte de eso, felicidades por el libro de las Velas.

No podré ir a la presentación. No vivir en Madrid tiene eso.

Mita dijo...

Con las bofetadas lo prepara para el Zen??!
Fui a la presentación de Velas al viento, conocí a Manuel Espada , lo que me hacía mucha ilusión. Al salir coincidí con André Neuman, me encantó.
Suerte con las ventas del libro.