lunes, 27 de abril de 2009

Fe ciega


Mi pregunta fue directa:
-¿Crees que podrías pilotarlo?
El miró la estampa que yo le mostraba. Sin precipitarse, a conciencia, primero asintió con un leve, pero firme cabezazo, luego con rotundidad, mirándome a los ojos, me dijo:
-Sí.
Era un avión de combate que se había usado en la guerra de Corea.
Teníamos 11 años y un aplomo a prueba de bombas.
Ayer nos volvimos a encontrar. Gordos, calvos, o simplemente amaestrados por los oficios.
Según pude ver, se dedica al mantenimiento de las máquinas tragaperras, esas que de vez en cuando me gusta sacar en mis historias.
Hicimos como que éramos unos completos extraños.
Hicimos lo mejor para cada uno.

La fotografía es de Roger Ballen.

5 comentarios:

Literato dijo...

Y suelen pasar esas cosas amigo. La vida tiene vericuetos, raros, impensados, que te llevan ha hacer cosas que jamás soñaste y muchas veces a mutar y sucumbir ante tus propios sueños.

Muy bueno tú blog y excelente tus escritos.

Saludos.

nancicomansi dijo...

tantas expectativas que cvan menguando como un jersei mal lavado...
AY.
El niño de la foto, parece un poseido...;)

Carmen dijo...

¿Ni un poco quedaba en la mirada de ese sí de fe ciega? Hubiesen podido mirarse un poco más...

Camilo dijo...

Hay encuentros que es mejor evitar, futuros que nos conviene no conocer.

leo dijo...

Genial.
Y tristemente cierto: nos ha pasado a todos, ¿no? hacernos los locos al cruzarnos con algún amigo/a de la infancia, sólo por no reconocer todos los sueños que cayeron.
Un saludo