jueves, 16 de septiembre de 2010

Origen


Ayer encontré, por fin, modo de nacer, de emerger, de surgir, no sé cómo decirlo cabalmente, de aparecer en escena. No es fácil para una criatura como yo mostrarse. Asomé mi pequeño hociquillo afuera y la brisa me conmovió las cerdas, lo hice desde una caja en la basura. Así debió de empezar todo. El mundo, la vida, quiero decir. Algo, alguien, algún ser, alguna cosa, asomó la cabeza o sólo una parte de la cabeza: un dedo, un pie, una oreja, y miró el tráfico. Cuando fui creado, yo ya estaba allí. Me metí las manos por la barriga y saqué un bicho que palpitaba, de hígado o de riñones. Hice unos filetes y me los comí. Luego levanté esos ojillos enrojecidos de animal albino y me dije: nazco. Eso fue ayer. Sin embargo, no salgo de mi asombro, haberme nacido me ha dado paz, alegría, amor. No salgo de mi asombro porque estoy desapareciendo, lo que hace que me cuestione todo el tinglado.

La imagen es el gusano de arena de la película Dune

3 comentarios:

Mita dijo...

Pues a mí me ha recordado ese cuadro de Goya de la cabeza del perro asomando en la duna de arena.
Un tinglao sí que es.
Besotes

Arruillo dijo...

Una buena manera de que nos demos cuenta de lo poco que somos, o de lo afortunado que somos, según se mire.
Saludos

Isabel María González dijo...

Así como si nada llegamos y nos vamos, ¿importa realmente de dónde venimos y a dónde vamos?