lunes, 13 de junio de 2011

Difícil prueba ineludible


En la imagen, pinturas de la Cueva de las manos, en Chile

Dame la mano. Quiero tu mano,
la quiero de cuajo, con sus cinco dedos,
con sus venas rotas, sus huesos cercenados,
su gelatina metafórica de lo que es una mano:
símbolo de lo que el hombre puede entregar,
dar y recibir.
Yo quiero la mano.
Como quiero una flor,
para ponerla en agua
sobre mi mesa.
Para verla iluminando la estancia.
Tu quieres darme la mano en señal de amistad,
quieres darme un buen apretón de manos
para que confíe en ti.
Pero yo quiero la mano sin amistad,
quiero la mano sin hombría,
sin apretón. Quiero la mano tal y cual
la tienes, con marcas y manchas,
con cuatro pelos desorientados.
Necesito la mano, me dices, para llevar el reloj.
Para rascarme cuando me pica.
Podrás mirar la hora en el móvil.
Podrás rascarte con la otra.
Tu mano lucirá como una rosa
en mi ojal.
Si prefieres la cojo yo mismo
como se coge una flor silvestre.
Pero no me vas a eludir, amigo.

1 comentario:

Arruillo dijo...

Buena prueba de amistad esa de ser capaz de dar la mano propia.
Un poema reflexivo donde los haya.
Un saludo