lunes, 29 de octubre de 2007

Hazte un deo


Siendo joven, todavía más, practiqué el difícil y emocionante arte de hacer deo. Yo era entonces pobre, algo más que ahora, pero con la ventaja de no haber estampado mi firma en ningún documento que me endeudase. Me gustaba viajar. No me gustaba esperar a tener dinero para hacerlo, como muchas veces oía a mi alrededor. Así que aprendí a hacer deo. Igual otros prefirieron la papiroflexia. A lomos de mis pulgares recorrí el país. Así de barato, la gasolina la ponían los amables conductores. Me topé con situaciones divertidas, más o menos misteriosas, y conocí a gente igual de rara, o más, que yo mismo. El cuento que se titula Autostop está basado en la mezcla de algunas de esas historias. Por lo general, los conductores que no desconfían del autoestopista tienen algo de solitarios. Saben que no hay tanto loco suelto por ahí como nos quieren hacer creer. Mi truco era muy fácil, ir siempre acompañado de una chica. Las posibilidades de que te paren se triplican. En el interior de un vehículo durante unas horas los desconocidos a veces cuentan mucho. Descubrí que a veces mentían. Yo también mentía. Y con esas mentiras lo que conseguíamos era hacernos algo más felices. El cuento Autostop habla de la soledad, de las mentiras que uno se cuenta y cuenta a los demás, de la confianza en los otros y de cosas que me ocurrieron confundidas con otras que no me ocurrirán ya.

2 comentarios:

xrisstinah dijo...

Pues iba yo haciendo deo (Deo gratia) hacia Guarromán y ne llevó uno con un tractor que no era amarillo y mira tú que me dijo que iba a la estación de servicio a comprar unas bagettes y un libro nuevo muy instructivo: Autostop.
:-p

hombredebarro dijo...

Ya tengo una camiseta azul con una G en el pecho. Pero nadie quiere subir al hombre-guarro en su coche. A partir de ahora voy a viajar volando, más barato. Yo también te saco la lengua.