viernes, 12 de junio de 2009

Diario de un hombre que corre 3


El domingo 31 de Mayo (2009) salió en El País el reportaje de Juana Viúdez, ilustrado con dos fotografías a color. En una de ellas el féretro en el que era transportado camino del cementerio el hombre. En otra, el interior del vehículo en el que, según algunos vecinos observadores (un chico montado encima de una tapia es uno), el hombre llevaba viviendo unos días. Muy cerca de donde cayó apaleado. En el reportaje se dice que Miguel. Aquí el hombre que corre. Dice que frecuentaba el bar El pasaje de la barriada obrera de La Luz. Le pregunté a mi padre si le sonaba el bar. Mi hermano tampoco lo conocía. Según las Páginas Amarillas estaba en la calle Alcalde Joaquín Alonso. Ya no es La Luz, sino Vistafranca. La geografía de la Carretera de Cádiz también necesita de sus expertos. Viví un par de años en esa calle después de regresar de Almería a Málaga para dar clase en un instituto. Y ahora no vivo lejos, hacia la playa, en la zona pija. De modo que me pasé por El Pasaje, pero estaba cerrado. Por la tarde, L y yo después de recoger a los niños y de comer en casa de mis padres fuimos con ellos al Museo Picasso, gratuito cada último domingo de mes.

No sé qué edad pueda tener el hombre que corre, pero Miguel tenía 37 años. Esa edad está bien. Y 1,80 de altura. Un tipo fornido. La verdad es que da igual lo alto o bajo que sea un hombre para serlo tendido en el suelo, muerto. Siempre será demasiado largo. Así se puede despachar el asunto, a lo literario, pero quizás muerto un hombre, por muy largo que sea tendido, sea muy poca cosa. A lo económico. En el paro, con hipotecas, etc, vete tú a saber. El hombre que corre, al igual que Miguel, es un obrero. Obreros de todo el mundo, corred. Corred, pero no os dejéis pillar por los obreros que os sueltan sus alientos amenazantes en la nuca. Corred sin descanso como si llevarais detrás una jauría de hombres con palos y piedras, obreros como vosotros.

Espero que esta historia no ponga sólo en ridículo a este escritor. Espero más de un suceso como el ocurrido.
De cualquier manera no hacía falta ser un gran fisonomista para ver en la primera fotografía un parecido común entre los hombres que transportaban la caja, dentro de la cual iba Miguel. Miguel y también el hombre que corre tienen 7 hermanos, 6 de ellos varones. Hombres de campo, rostros curtidos, manos abiertas que sujetan la caja posada en sus recios hombros.

El lunes día 1 de Junio tuve que ir a comprar un transformador nuevo para el portátil. En la tienda de informática atendía un dependiente engreído y displicente, con aires de suficiencia. Y tuve que hacerle la pelota en vez de mandarlo a la mierda para que me encargase el chisme adecuado, después de varias idas y venidas, trayendo y llevando el portátil y su cable. De allí se me ocurrió ir al bar El Pasaje, adonde llegué derrengado, con la bolsa del ordenador al hombro. Me subí a un taburete y pedí una CocaCola. La tele mantenía un volumen ensordecedor, pero nadie parecía incómodo. La mujer que atendía la barra se levantó desganada de una silla de plástico para ponerme el refresco. Un par de jubilados, uno viejo y otro joven disputaban acerca de la posibilidad de perder sus pensiones debido a la crisis. En una de las paredes había fotos familiares de niños guapos. La pata del jamón estaba seca. El cautivo arriba con las manos entrelazadas. Y en una de esas, en la televisión apareció una noticia sobre Falete. En la esquina contraria a la mía un obrero de voz estentórea, rota y vinosa, hizo una broma que nadie le celebró, sobre Falete y lo que él le hacía a Falete y su gordura. Tuvo gracia, una gracia de mal gusto, pero eficaz. Quizás este no sea el bar al que se refería Juana Viúdez en su reportaje, me dije. Quizás Miguel frecuentara otro bar. Pero el hombre que corre podría frecuentarlo sin duda. Ese y otros cientos como ese. Terminó la noticia sobre Falete y la siguiente era sobre el hombre que corre. Mejor dicho, sobre Miguel. Lo que pasa es que lo llamaron Manuel. Enseguida el obrero se encaró con el aparato de televisión:
-Manuel, ahora se llama Manuel, gritó, indignado por el lapsus, a mayor volumen, si es que se podía, que la tele.
Las imágenes correspondían a los comercios de la calle vecinos al bar. A una tienda de congelados.
- En la primera no te sacan, le grita ahora el obrero a la mujer que atiende el bar.
- A mí me han sacado esta mañana en Antena 3 y en Tele 5. He hablado con Ana Rosa en su programa.
- Ah, ah, por eso hoy llevas los labios pintados. Mira, esa de ahí es mi furgoneta, dice señalando las imágenes, ahora podré venderla más cara, ha salido por la tele.

Luego arremete de nuevo.
-En este país sólo hay hipócritas, dice. Ahora Manuel, recalca el nombre erróneo con ironía, era buenísimo, un santo. Todos hablando de él y nadie lo conocía, nadie habló con él nunca. Ni la de los congelados ni el de la droguería.
-Yo sí que hablaba con él y lo conocía, dice la mujer del bar, con sus labios pintados, que en un principio no me habían llamado la atención, pero ahora sí.
-Pues a ti no te han sacado, mira por dónde. Pero cuando no sabías que era él, bien que dijiste que te parecía bien que lo hubiesen matado por robar. Y desde que sabes que el muerto era él no haces nada más que decir lo bueno que era.
-¿Y por qué no voy a decir lo que sé si me preguntan? Además no robó nada. No le hacía mal a nadie, venía aquí, sacaba tabaco de la máquina y se iba o se quedaba y se bebía un pelotazo. Si se pasaba con el ron lo más que hacía era pegarle unos puñetazos a esa máquina, pero en cuanto le regañaba se apaciguaba. Tenía mal beber y él lo sabía. Acuérdate cuando la negra lo encerró arriba para que no pudiese salir. Echó la puerta debajo de una patada. Pero nunca le hizo daño a nadie.
-Pues habla tú, pero que no le pregunten a la tonta de los congelados.

En estas entró y se sentó a mi lado el comerciante que me había vendido hacia unos meses el colchón en el que duermo. En dos sorbos se bajó un whisky. Salió y tras él lo hice yo. Llegué a casa a tiempo de leerles a S y P el cuento de antes de dormir.

2 comentarios:

Arruillo dijo...

Seguimos a la expectativa, a ver que ocurre con ese hombre que no para de correr.
Un saludo

gabo dijo...

Wow mw tuve que leer toda la trilogía de una y espero tener que saber mas de ese correcaminos.