domingo, 29 de junio de 2008

Poemas de Javier Espinosa




La caída


Cuando nací
el aire me asfixió
y enrojecí de ira.
¡Qué cauterio de soles!
Qué caudal
trepanando por mis ramas
cicatrizaba heridas.

Después ví palomas
agitando sus alas
en un cielo azul
y vi el mar.

Me atraían
rumores de veleros
en luminosas aguas.
Me llamaban.

No dudé,
la amada y temible
condición humana
de nuevo me vestía.


Existen tres versiones de este poema. Esta apareció publicada en Poemas del arco nocturno. Antología (9 poetas). Málaga, 1983.


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Pues sólo tu amor quiero,
por él me humillo
y me reduzco.
Así empezaré a perderte.
Así te enseñaré
lo que es amar,
a ti, que nada sabes de esa muerte.

(Versión 1ª)
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Sólo en la palabra mora quien amo.
¿Dónde podría encontrarte sino en ti?
Verbo de la vida
escondido tras la apariencia fugaz
de las criaturas.
Míralas, recónditas, surgir
del vientre de la tierra,
repitiendo, así las olas,
la eterna llegada de la vida y la muerte,
un paso inalterable;
sucediéndose incesantes,
gangrenas y caricias, puñaladas y besos.
Rostros amados, rostros perdidos,
que dejan una huella sangrienta
en nuestro pecho.
Sólo la palabra, ¿y lo demás? No existe.


(Versión 1ª)



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Paz para Freddy Mercury


Susurra la reina Freddy:
el espectáculo debe continuar,
pero ¿ha comenzado? Nos besa,
nos acaricia, con el último pétalo
que queda en su cuerpo, la voz.
¡Ah! En verdad nos enamora
cuando nos dice que se va,
se va para siempre.
Más ya no habrá amantes
ni amigos generosos
que abran en sus ojos paraísos,
ni fuentes refrescantes en sus poros,
ni ofrecerán como prado su piel y sus mejillas.
El espectáculo debe continuar,
nos canta, triste,
aquel para quien fue dulce la vida,
que se va, se va para siempre.



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Tengo cuarenta años y pocos dientes,
mas alguna noche
glorioso paseo por los jardines,
con la sonrisa de un pájaro en la boca,
como Jesús del brazo de Juan, como un novio,
y murmuran aquellos que te acusan...,
con el dedo te apuñalan, con los ojos,
si supieran...
Por la mañana levanto mis ruinas
mientras la luz silenciosa me saluda
con el dedo en la boca, susurrando
me dice: cállate,
nadie sepa nuestro blanco secreto.



Estos poemas de Javier Espinosa (Campillos, 1953- Málaga 2000) aparecen en el volumen titulado entre el tigris y el eufrates, editado por el Centro Cultural de la Generación del 27, Málaga, 2004.