miércoles, 28 de enero de 2009

Lunático


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Usted quizás en este instante esté pensando que lo que le digo hay que tomarlo con humor. Se equivoca. Lo que le digo es muy serio. No se deje llevar por mi aspecto. Por este bigote que parece postizo. Es un bigote de verdad. Tire de él. Pero hágalo con cuidado, me duele. No es usted el primero que lo comprueba. Y lo mismo le digo de mi pelo. No se trata de un peluquín. Las gafas, por supuesto, son graduadas. Aunque parecen de carnaval. Sólo porque estoy tan cegato como Mr. Magoo. ¿No sabe quién es? Dios mío, esa es otra. Ya soy una antigualla. Ayer, sin ir más lejos, me parece que fue ayer, yo corría detrás de las chicas. Hoy no estaría bien. Me llamarían viejo verde. Lo que le digo es que el asunto es serio. No se deje impresionar por mi levita ajustada con un cordel. Así me siento, ¿cómo le diría?, arropado. Los agujeros de los zapatos no han de restarle importancia a mis palabras. En otra época yo fui un hombre importante al que se le preguntaba su opinión sobre los más diversos asuntos. Quizás lo que puedo ofrecerle, una baratija de reventa, es lo que le hace recelar y sonreír ante lo que le digo. Imagine que le digo lo mismo en un buen restaurante delante de una suculenta cena. ¿No me tomaría entonces en serio? Sin embargo, no crea que no le entiendo. Yo mismo. Si alguien entonces, en la época en la que era tenido en cuenta, se me hubiera acercado con estas pintas...Qué le digo. Hubo, ahora que lo pienso, una ocasión en la que alguien así me llamó la atención. Pero, no lo tomé en serio. Parecía un fantoche. Como salido de una película extraña. Un ser extravagante con los pantalones hechos jirones, una corbata sobre una camiseta y unos zapatos desparejados. Ni siquiera le permití que me hablase. Al menos usted me ha oído. No me toma en serio, pero me ha oído. Se equivoca, esto no es una broma. Casi nada lo es. Hoy día todo parece una broma. Todo el mundo se ríe de todo. Es por lo que me siento apenado. Créame. Los he visto. Anoche yo iba de un lado para otro, siguiendo la programación televisiva en los escaparates de las tiendas de electrodomésticos. Me detuve a ver el baloncesto en La Diagonal. Y allí aparecieron. Primero estuvieron a punto de atropellar a un perro. Frenaron. El pobre animal se quedó paralizado por el terror. Como petrificado. No se movía y tuvieron que salir del vehículo para espantarlo. Más concretamente sólo salió uno. Era alto, hermoso, despedía...¿cómo le digo?luz, eso es, luz, pero era una luz invisible. Una luz que se aspiraba en perfume. Una cosa complicada de explicar. Me miró y me sonrió. Le habló a los que se habían quedado en el interior del coche y todos asomaron la cabeza para mirarme. Todos con esa luz. El pobre chucho se vino hacia mi. Es ese, en la acera. Un animal que a veces desea hablar. Se lo noto. Me mira y creo que si no me habla es porque no sabe cómo me lo puedo tomar. Pero yo le digo:
-No temas, dí lo que quieras, que yo no me voy a morir del susto.
Pero no me cree. ¿A usted que le parece? ¿No ve la mirada, esa nostalgia? Pues eso, que el perro está conmigo. Que supongo que estaremos juntos hasta que a uno de los dos lo pille un coche. No sería raro. Vamos y venimos entre este tráfico. Me gano la vida en los semáforos desde hace mucho tiempo. Aquí en este, desde hace más de un año. Gracias, le doy la vuelta. Otras veces tengo mecheros, pañuelos de papel. En fin, un poco de todo. Vale. Ya ha pasado a ámbar. Mire, es un asunto serio. Yo estoy aquí todos los días. Le puedo contar todo lo que sé. Por lo pronto le digo que ya están entre nosotros. Mi teoría. Se la voy a decir: yo creo que vienen, a ver, buscando diversión. Sí, no sé. Quizás mujeres, juego. Me dieron esa impresión. Verde. Le dejo marchar ya. Iban en el coche como si hubiesen salido de marcha. No sé, en ningún momento sentí miedo. Esa luz que se aspiraba era tan confortable...

3 comentarios:

Joselu dijo...

Lunático pero de delicada sensibilidad. Me siento identificado en eso de cuando eran otros tiempos y te tomaban en serio, y en que ahora todo el mundo se ríe de todo. Quizás sea un poco fúnebre o excesivamente dramático, pero me atrae la seriedad a un lado y el humor inteligente a otro. Buen relato como los que sueles trenzar con habilidad en tu espacio. Un saludo.

antón dijo...

Ah, la inmensa tristeza de la pornografía, con sus aburridos espasmos, con sus deflagraciones e histerias, sus rostros contorsionados y sus cuerpos sin historia, sin tiempo, esos santos de la transpiración intentando convertir el puro instinto en un arte angélico, esos diálogos anémicos y, por favor, esos decorados taciturnos que parecen anunciar el futuro del hombre, o lo que sea, sobre la faz de la tierra. Pues avanzamos hacia esos escenarios y hacia esas conversaciones breves y alucinadas de los microdramas pornográficos. Incluso en el movimiento de los labios de los actores puede leerse la fatiga de intentar ser demasiado primarios, demasiado contundentes, pero si prestas atención, si prestas atención, el movimiento de los labios no se corresponde con la voz, no están sincronizados, no son simultáneos, el doblaje es una verdadera aberración, y cuando, para la supuesta felicidad de las damas, el increíble macho alfa dice por ejemplo: hace calor aquí dentro, en realidad podemos ver que sus labios ya están diciendo adiós, y esa voz de pronto no pertenece a nadie, flota en la pequeña historia, como si esas palabras se tragasen vivo a un hombre. Un saludo.

Diego dijo...

Buen relato. Muy acertado. Tiene "eso".

Este interés nuevo por las performance y las instalaciones de arte urbano ¿De dónde sale?

Un saludo