jueves, 17 de septiembre de 2009

Un escritor que ha terminado su novela y miente diciendo que está atascado



Blow job, de Terry Richardson

Se llama Andrea de Vicente (seudónimo) y tiene el pene largo como un día sin pan. Lo lleva fuera mientras teclea el último capítulo de una novela de 1500 hojas, larga como un día sin pan. Así ha hecho durante los últimos tres años. Tres años con el pene al aire y no se ha resfriado ni una sola vez. La novela toca un tema de actualidad desde su óptica.
-¿Tiene usted alguna manía a la hora de escribir?
-Desde que empecé con esta novela siempre lo hago con mi largo pene al aire.
En casa, pero también en la biblioteca provincial, ahí, con eso fuera, le dijo la bibliotecaria a los dos policías. Andrea de Vicente seguía con eso fuera cuando los policías le pidieron que los acompañase. Cerró su portátil, se metió la culebra dentro del pantalón y se dejó conducir hasta la comisaría, donde explicó quién era (ocultando el seudónimo) y qué hacía con el pene al aire. No es mi primera novela, dijo.
Pone la palabra fin y se guarda el pene. Por la tarde le envía un email a su agente diciéndole que se ha atascado con la historia. Va a mentirle durante las próximas semanas, con la novela terminada. Por la noche sale con otros amigos escritores, que admiran su pene y se ríen de sus novelas, aunque fingen lo contrario. De madrugada su pene acabará siendo engullido, pero con el humo del tabaco y el aturdimiento alcohólico es incapaz de reconocer quién puede llevar a cabo tal proeza.
-No te reconozco, dice, y luego añade:
-No te pierdas mi próxima novela si te gustan las cosas largas.
Queda exhausto y al abrir los ojos allí está solo.
A nadie con un calibre bucolaringeo humano le cabe eso, porque eso no sólo es largo, sino también gordo. Andrea de Vicente suele recurrir a su fantasía en esos menesteres, pero no se duda aquí de que el escritor estuviese acompañado en ese momento. Estaba de enhorabuena, aunque se había pasado la noche diciendo que se había atascado, que no le encontraba sentido a lo que hacía después de más de 1000 hojas. Ese tipo de cabrón que no sabes si es que es así de nacimiento, porque ya desde entonces tenía un pene fuera de lo común, o es que la vida lo ha hecho así, porque adónde va nadie con un pene como el suyo. Decidió sacárselo mientras estuviese escribiendo la novela, como si de esa forma llevase a cabo un exorcismo, una limpieza. Pensamos que le vino bien. La novela se titula Los zombies viajan en patera. Para no engañar a nadie. Una aventura con las cartas bocarriba.
Por la mañana recibió una llamada de su agente. Pelirroja, lesbiana, hola, cómo estás, Andrea, en el contestador del móvil, tómate unos días de respiro y verás como la inspiración vuelve a tu lado. Te envío por email el agradecimiento de Isabel Allende por el prólogo que escribiste sin que nadie te lo pidiera y sin haber leído el libro, pero que publicaste en tu blog.
O ponte a pintar, quizás si pintas unos días y te olvidas de la novela la inspiración vuelva a tu lado, porque Andrea de Vicente también pinta y lo hace, como quizás estás a punto de intuir, con una brocha muy especial, con esa que le regaló la misma naturaleza y que hasta aquí no ha sido designada por medio de su más sonoro apelativo, una de esas palabras que vibran en el aire con el mismo orgullo que una bandera y que no es otra que, entona conmigo, polla.
Como comprenderás la vida de Andrea no es fácil en esta ciudad de provincias, sobre todo si sus conciudadanos ignoran que él es quien se esconde bajo ese nombre, Andrea de Vicente, que ya ha tenido éxito, que se ha hecho un público y que sobrevive con lo que escribe. Pasa por ser, simple y llanamente, un escritor de inéditos que nadie quiere publicar, alguien con poco juicio, que ya ha protagonizado varios escándalos por mostrar en público sus genitales.
Andrea de Vicente ocupa una parte de la vieja casa de Lérz, a orillas del río con el mismo nombre. En las otras dos viven su hermana Gloria y su gemelo, Jesucristo, al que todos llaman a la cara Jesús, con el que ya apenas guarda parecido. La segunda novela de Andrea de Vicente se tituló Casandra y se insipiró para escribirla en su hermana. Una noche Pedro, que es el verdadero nombre de nuestro escritor, bajó al dormitorio de su hermana y le enseñó una historia que había escrito. Ella la leyó y dos lágrimas gordas y pesadas se le escurrieron por las mejillas.
-Tienes un don, le dijo.
Pedro se prometió a si mismo en secreto que le haría a su hermana un monumento inmortal. No pudo ser en la primera novela, pero sí a la siguiente, 1245 hojas mecanografiadas y una dedicatoria. A Casandra, porque su generosidad me dio fe en mí mismo. Debajo de esa costra de pelo en pecho refrito siempre hay un tierno corazón a punto del colapso.
Los zombies viajan en patera es, por supuesto, la narración del apocalipsis. La épica del final de la raza humana a manos de los muertos vivientes, que sólo tienen que cruzar el Estrecho de Gibraltar para conquistar la resurrección. Andrea de Vicente es un escritor al que le gusta entrar en detalles y no escatima con las descripciones.
-Recuerda que mañana celebraremos el cumpleaños de papá y mamá. A las dos y media, le dijo Jesús desde la puerta, sin pasar al interior de la habitación.
Pedro miraba el techo planeando enviarle un email a su agente para decirle que había echado al fuego el manuscrito interrumpido. No había más copias que las que él tenía. Le hizo un breve gesto despectivo a su gemelo y éste antes de marcharse le birló un libro azul.

2 comentarios:

xrisstinah dijo...

Uséase, a ver si no lo he entendido mal, que las gónadas a veces me interfieren las meninges, ¿es la historia de un infinito orgasmo de letras que se acabó por fin?, ¿es tu autorretrato? (¡ay, dios!), ¿es la absurda historia de unos hermanos que ignoran con quién conviven realmente?,¿acaso es un cuadro de censura policial velando por la inocencia de la humanidad?, ¿es la vida en llanto del dueño a través de su polla o la vida de una polla dueña de un tecleador?, lo único que tengo claro es que no es La Vida de Brian, porque el protagonista no lleva barba, sólo bigote. Falta aclarar de quién es la mano que mece la cuna.

Marta Mena dijo...

Buenìsimo, genial, ´buenìsimo, me reì mucho y a la vez està perfectamente escrito.
Lleguè a estos cuentos a través de un blogger de un seguidor de mi propio blog de cuentos (?) ni yo entendì, jajaj.
Un abrazo, te felicito por estas letras, y te espero yo tambièn por mi blog alguna vez. Marta