sábado, 19 de febrero de 2011

La ciudad soñada



Un muro se aproximó a un hombre. Admitidlo. Fue así. El hombre estaba quieto en mitad de la calle y fue el muro el que vino corriendo hacia él, estrechando el perímetro de la ciudad, empujando casas, calles y vehículos hacia dentro. El hombre se vio ante el muro y lo quiso saltar, pero en el intento se rompió una pierna. Se dijo: por mí no ha quedado, pero nunca volvió a caminar como antes. Un día, sin haberlo pensado de antemano, el hombre marchó hasta el muro, que se había ido alejando campo através, aproximándose a cualquier viajero que aparecía por los caminos. Lo saltó entonces con sorprendente facilidad, a pesar de los achaques de su pierna, y se encontró extramuros cerca del paso de los viajeros, a los que el hombre advertía que tuviesen cuidado con el muro. En los sueños las personas son quienes son y sus contrarios con la mayor naturalidad. Yo a veces era el muro y a veces era el hombre, en ocasiones los dos a un tiempo. Despertaba por la mañana, miraba hacia fuera a través de la ventana para ver qué tiempo hacía, y así averiguaba también si ese día, para ir a mi oficina, tendría que salir de la ciudad o entrar en ella.



Las dos fotografías son de las pintadas sobre el muro de Berlín, de Rafael Muñoz

4 comentarios:

Francisco Machuca dijo...

Laberintos y ciudades soñadas.Me encantan estos relatos,de verdad.
Un abrazo,amigo.

Baizabal dijo...

Cortazariano el asunto. Me gusta.

Saludos


PS. Llegué por recomendación de Jesus Esnaola

Buscadora de Recuerdos dijo...

A mi soñar me encanta xD

Antonio Senciales dijo...

Me parece adivinar que tus personajes huyen de la realidad y discurren con agilidad en cambio por un mundo que fabrican a su medida: ciudades despobladas, autobuses sin gasolina abandonados en los arcenes, palabras dirigidas a seres inexistentes...
A mi juicio, están buscando un mundo que intuyen que existe y que será, según ellos, posiblemente mejor que el nuestro, y quizás tengan razón, solo que deambulan todavía por un mundo absurdo...
Pero siguen buscando, lo que es digno de elogio.
Saludos,