domingo, 3 de febrero de 2008

Los desconocidos


La sombra de un desconocido siempre planeaba sobre nosotros: a la salida del cole, en nuestros juegos del parque, al volver a casa, en el descansillo de la escalera. Para nosotros los desconocidos eran siniestros, tenían intenciones ocultas, querían atraernos hacia ellos para hacernos desaparecer. Es lo que le había ocurrido a la pequeña Estela. A la que habíamos estado buscando por todas partes sin haber llegado a dar con ella. No os acerquéis a nadie, nos decían. Si alguien os pregunta algo, vosotros seguid vuestro camino. Si os ofrecen chucherías, no las cojáis. No os subáis a ningún coche. Pero los desconocidos eran, al fin y al cabo, una solución, una respuesta. La manera de saber que se trataba de un desconocido era mirarle la sombra. Fijaos bien si la sombra parece despegada del suelo, como si estuviese a punto de adoptar una iniciativa independiente. De doblar la esquina por el lado contrario del que vaya a tomar el desconocido. En ese caso dad la voz de alarma. No nos quedaba claro quién de los dos era más peligroso. En caso de duda hacia qué lado huir, qué perseguidor elegir. Al desconocido o a su sombra. Lo discutíamos. Yo ya tengo ganas de vérmelas con uno, decíamos, mientras lanzábamos un golpe de canica. Los desconocidos, no obstante su omnipresente amenaza, aparecían de tarde en tarde. El último se había llevado consigo a la pequeña Estela. Jo, ahora otro va a tardar en venir, decíamos. Pueden pasar años antes de que el próximo quiera actuar, nos dijo uno de los chicos mayores, presumiendo, con un cigarrillo en la mano. Porque no todos los desconocidos eran auténticos. Y la prueba de la sombra era dudosa o ambigua.
-¿De verdad eres un desconocido?
-De verdad.
-¿Y lo que quieres es raptarme?
-Desde luego.
-Entonces tendré que gritar para que te detengan.
El hombre dudó, se frotó las manos, que le sudaban.
-Has tardado mucho en venir, le dije.
-Pero ya estoy aquí, no temas. Verás que divertido es.
-¿Es divertido de verdad?
-Mucho. Todo el mundo estará buscándote. Pondrán tu fotografía en todas las paredes. Y la sacarán en la tele.
-Qué guay, vámonos cuanto antes.
-Pero ten en cuenta que la verdadera diversión no permite que regreses a casa nunca.
-¿No volveré a ver a mis padres ni a mis hermanos?
-No.
-¿Y a mis amigos?
-Tampoco.
-Pero bueno, puedes venir más adelante y llevarte a uno, ¿no?
-No, jamás volveré a pisar por aquí. En todo caso serán chicos de otros barrios, chicos que tú no conocerás.
El jardín de los desconocidos siempre era pequeño y estaba lleno de malezas, pero el lecho de tierra siempre era húmedo y tierno. ¿Por qué no podía valer la pena?

2 comentarios:

Ispilatze dijo...

Francamente, menudo recorrido: he pasado del miedo, a la rabia, al asco. ¿no te cuesta... jugar con cosas así? Tienes valor modelando cuentos. Ojalá dibujases un espantadesconocidosqueraptanniños.

Diego dijo...

Uf, uf, uf. Cómo te la juegas. Pero la cabeza bien fría, de narrador. Felicidades.