lunes, 4 de febrero de 2008

Superhéroe


Me hice un lío con los pies al pasar de una ventana a otra y caí en picado. Si es que yo no quería ponerme esas botas. De cabeza contra el bordillo de la acera. Nada que hacer. Ni las chicas de la panificadora que olían a palmeritas. Ni el peludo médico de la ambulancia. Ni mamá. Ni la abuela. Ni las vecinas. Nada, no pudieron hacer nada por mí. Todo el mundo llorando.
-Si es que hay que tener un cuidado con los niños. Cien ojos son pocos para ellos.
El trajecito tenía un acolchado que intentaba reproducir la musculatura de Superman. Bajo él, yo. Me quedé frío como un polo. O más. Mamá me intentó quitar el traje, pero me resistí. Cuando andaba calentito, que mamá me decía, qué gloria, eres como una madalena recién salida del horno, mamá nunca me hacía caso. Le dije: no quiero que me pongas las botas. Y ella, mi vida te las tienes que poner para corregirte. Me da igual. No las quiero. Pero me las puso, mamá quería que mis pies mirasen al frente. Yo andaba mejor sin ellas. A ella no le quedó más remedio. Se lo dijo llorando a la abuela. Él se quiere quedar con el disfraz.
-Pero hija mía, es por su culpa que se ha descalabrado.
La S en el pecho, la capa roja, el caracol de pelo que la abuela me había pegado en la frente con un poco de su laca. Mamá comprendió y me quitó las botas. Los pies se giraron hacia dentro, imantados, como unas manecillas indicadoras. Como las del coche de papá. Volvían a su sitio.
Llegó el lunes. En la fila del cole mis amigos se empujaban y reían. Las madres tenían unas caras algo raras. La seño habló de mí en la clase. Pero no sé lo que dijo.
-Álvaro, Álvaro. Esa noche casi todos mis amigos me llamaron en la oscuridad. Pero no les contesté. No era Álvaro. Ellos parecían no saberlo. Todo el mundo llamándome.
Volar es muy fácil. Yo lo sabía. Pero todo el mundo no puede volar. Ni siquiera todos los niños que se vistan como yo. Es sólo un juego. Pero algo triste. Y lo que uno siente es que hace frío, muchísimo frío, tanto si uno vuela por encima de las cabezas, como por debajo de la tierra.

4 comentarios:

Diego dijo...

Hay un humor macabro detrás de todo esto. No he podido evitar imaginarme al niño con el disfraz acolchado rebotando en el suelo pesadamente, como una pelota de espuma tirada con la suficiente fuerza.

Francisco Machuca dijo...

Siempre he detestado los superhéroes.Primero; poque son todos unos fachas y no ven más allá de la máscara.Segundo;sus ridículos disfraces de colores chillones.Claro,te lo cuento ahora que soy mayor de edad,pero de niño me gustaba Spiderman.Por aquel entonces no estaban a la venta esos pijamas Marvel y tuve que ingeniarmelas de mil maneras.Una bolsa de red de la compra de mi madre.Un antifaz del cotillón de fin de año,y un pijama de mi padre que él odiaba.No sé por qué te cuento todas éstas estupideces,pero creo que en tu relato subyace una historia trágica,quizá como la mía.
Un abrazo.

leo dijo...

Jo, es horrible. Quiero decir que es un relato muy bueno, pero que es horrible. Y doloroso. Ahora se ven muchos superhéroes diminutos. Algunos llevan nuestra sangre y...

Mariano Zurdo dijo...

Tortilla de superboy, glub.