viernes, 4 de enero de 2008

Navidad y algo más


Lo que ha dado de sí estos días, más allá de las celebraciones navideñas, ha sido la recepción del modelo de contrato para la publicación de un conjunto de relatos. Hasta donde entiendo el contrato me parece bien. No se me pide ni un euro. La editorial se compromete a la difusión y distribución de la obra a través de internet y, según dicen, por los canales habituales del mercado del libro. Pero de sobra sé que en asuntos de este tipo el problema siempre está en llegar a tener visibilidad en un mercado controlado por los grandes grupos. Por otra parte yo empiezo y ellos también. Todavía no he firmado nada. A ver. A mí como experiencia y plataforma para emprender futuros proyectos ya me vale.
En cuanto al título he tenido algunas dudas. Entre un número, el de total de cuentos, el que le endosé a la selección en el momento del envío o el que definitivamente creo que va a llevar. Que no es el título de ninguno de las historias que conforman el conjunto. Más adelante, cuando esté seguro, lo anotaré aquí. Se trata de una expresión algo paradójica entre lo que viene a decir y lo que en primera instancia parece desprenderse de lo contado. En lo que hay un deseo de darle a esa expresión un matiz de contenido nuevo. Uno es así, qué le vamos a ser. Un puto tocapelotas.
No he escrito nada, cuando un vago plan era la continuación de la serie Fotos.
En cuanto a la lectura, mejor.
Como era muy previsible en mí, he dejado de lado (no sé hasta cuando Las benévolas de Jonathan Littell), y a la sombra de mi reciente descubrimiento de Dalton Trevisan, me he acercado a la Nueva antología del cuento brasielño contemporáneo (Universidad Nacional Autonoma de México, 2ª edición, 2001).
En previsión de que el todavía en el aire libro de relatos de mi autoría llevase una foto con mi careto, me he agenciado 62 maneras de apoyar la cabeza (y unas cuantas más), de Andrés Virreynas, en Tumbona Ediciones, México 2007. Muy ilustrado y gráfico. Ya hablaré de él.
De la biblioteca pública saqué una edición de cuentos de Kafka con un estupendo tamaño de letra para quienes empezamos a tener la visión algo confusa. Kafka para mí es sobre todo humor. Y sentido de la tragedia.
Ajuar Funerario de Fernando Iwasaki me ha decepcionado. Historias breves y microrrelatos de aire actual, pero construidos sobre una concepción muy anticuada de lo que es el terror. O es que a mí el terror me da la risa. Menos mal que no he llegado a comprar el libro. Era de la biblio.
En una excursión para disipar la nube que la orgía navideña había levantado sobre mi cabeza, me hice con Vida de un loco, de Ryunosuke Akutagawa, en Emecé, Argentina, 2006. Tres relatos de un autor que se suicidó en 1927 con una sobredosis de pastillas. La manera de narrar de un japonés que quiere trasladar la tradición oriental al conocimiento que él tenía de la literatura occidental. Interesante como otra referencia a la hora de buscar modelos que no sean los archisabidos.
Y para la memoria sentimental, en un mercadillo dominguero y por pocos céntimos, conseguí una novela que leí hace más de treinta años y que en cierta ocasión le vendí a un librero de lance: Tiempo de castigo, de Henry Jaeger, Barcelona, 1966. Supongo que uno de aquellos bestsellers de la época, pero que a mí me sirvió para iniciarme en la lectura de lo que me iba dando la gana leer.
Follar, lo que se dice follar, he follado poco.
A ver si en Enero leo menos.

3 comentarios:

Mariano Zurdo dijo...

Yo acabo de apartar Las Benévolas en la página doscientos y pico y tampoco sé por cuanto tiempo.
Ahora estoy con El mundo de Millás. Ya veremos.
Ánimo con la publicación. Todos son dudas, precisiones, tocapeloteces pero una vez en el mercado lo disfrutarás seguro. Te lo digo yo, que he tenido menos difusión que uno que tenía poca y aun así lo he pasado genial.
Follar, he follado más de lo esperado. Así que no me puedo quejar.
Besitos/azos.

Fernando dijo...

¡Bienvenido al adorable infierno de la publicación literaria!

leo dijo...

Me has hecho reír, Hombre de barro: ya estaba yo pensando que cómo te arreglabas para leer tanto, que a algo tendrías que renunciar.
Un saludo