domingo, 20 de enero de 2008

Por los aires


Tengo memoria en los dedos. Lo que no tengo son dedos. Me acuerdo de cómo era tu piel, tus pliegues y la humedad de tu interior. Pero volaste con mis dedos. Te desintegraste. Esparcida en muchos trozos. Así que ahora para mí lo real son las pesadillas. Estallas en el universo y uno de mis dedos vuela contigo, acariciando tus labios. Un ojo tuyo va a caer en una rama, donde se clava como si fuese un fruto. Llueves y también mis diez dedos son sucios goterones de sangre y carne rota. Despierto y es eso, memoria. Un arbol de muchas ramas, en el que estás tú ensartada a cachitos. Era tu bomba. Lo decías. Esta es mi bomba. ¡Cuánto tuviste que esperar para que llegase el momento de colocar tu bomba! Estabas radiante, con tu bomba debajo del brazo. Me guiñaste un ojo. Por fin, querías decir. Y allá que traspusimos juntos, felices de poder cumplir con nuestro sueño de terroristas. Sin embargo, algo falló. Mis dedos te estaban tocando la cara y se desintegraron contigo.
Me acuerdo del instante anterior al estallido. Una sonrisa. Salí de allí dando traspiés, sin manos. Me acuerdo tanto de nuestros planes, de nuestros sueños, de nuestros deseos de justicia, que a veces no puedo reprimir las lágrimas. Lágrimas que al rodar cara abajo se hacen dedos. Dedos con los que me toco la cara en el instante en el que el deseo de conseguirlo me hace estallar. De modo que ya no soy otra cosa que memoria. Un árbol de muchas ramas cuyos frutos son sangrientos.

3 comentarios:

Diego dijo...

Joder. Qué bueno. Vas a más. De momento éste me parece el más conseguido. Sigue, sigue...

leo dijo...

Me uno a la opinión de Diego: tus relatos van creciendo en intensidad.
Amor, gore y terrorismo...
Aplausos.

Tawaki dijo...

Lo que empieza como un sueño surrealista se convierte enseguida en cruda realidad. Muy bueno.

Un abrazo.