jueves, 17 de enero de 2008

Pornostar

Natalia, me dirás que estoy loco. Y que ni siquiera tu nombre es ése. Pero a mí no me importa. Yo te llamo Natalia. Eres Natalia. Mi Natalia. Como aquel personaje que, según mi opinión, bordaste. Y ya que me atrevo a pensar en tí, no vayas a creer que lo hago sin tener un lugar y un tiempo perdidos, a los que llevarte. Hay un rinconcito en mi duermevela, en la parte de allá de mis sueños, pero no aquí, no en esta existencia, Natalia, donde quiero tener tiempo contigo. No se trata de follar. Bueno también de follar. Podemos follar al principio, o al final, o al principio y al final. Ya veremos eso. Desde el mostrador he visto poco mundo, eso sí es verdad, insuficiente en conocimientos geográficos. Quince años viendo pasar hombres y mujeres. Pero eso ya es algo. Una de las cosas que sucede en el 100% de los casos es que en estos asuntos no hay reglas fijas. Sería más fácil quizás si tú fueses la nueva vecina del cuarto, pero no lo eres. Qué le vamos a hacer. De quien yo estoy enamorado es de tí. Naciste en un pueblecito de Oregón. Yo en esta ciudad. Al otro lado del océano. Pero le doy gracias a Dios, porque te he podido conocer a través del cine. Muchos se han enamorado de Marilyn o de Nikole Kidman. Pero no las han visto en las posturas indecentes con las que yo te he conocido. A las otras, después de todo, las madres las pueden ver en sus películas. Pero cómo le enseño yo a la mía cualquiera de tus títulos. No puedo, si no quiero que le dé un ataque al corazón.
-Mamá, te presento a mi novia.
Y, no obstante, es por eso por lo que te quiero tanto, Natalia. Por eso te siento tan cerca de mí. Al haber encendido la mecha de millones de pajilleros en todo el mundo. Te escribo esta carta, que espero que te traduzca alguien, para hacerte saber que al otro lado de tu existencia y de sus posibilidades, estoy yo. Solo. También en el negocio. Regento un sexshop. Así que entiendo tu mundo. No dejo de soñar contigo. Es más fácil de lo que parece. Si tú no quieres venir, me lo dices y lo dejo todo. Tampoco es tanto lo que he de abandonar. Y si nada de eso ocurre, Natalia, mi vida, que sepas que aquí siempre hubo alguien que te quiso. Me pareció que quizás te podría alegrar saberlo. Eso y que sueño que me comes el rabo.

5 comentarios:

Diego dijo...

Já.
¡Qué bizarro!
¿Es la semana del personaje o te estás poniendo a prueba?

Mariano Zurdo dijo...

Impresionante relato, sobre todo el final, jajajaja.
Me ha encantado. Tienes un don para estos relatos breves.
Me pongo a tus pies.
Besitos/azos.

hombredebarro dijo...

Bueno, a ver si sacamos adelante una serie en la que los personajes dialogan con sus amigos o enemigos invisibles.

Carmen dijo...

Estupendo! Y es que con otro final hubiese sido imposible creerlo...

Tawaki dijo...

Vaya final para una carta como esta. Sorprendente.

Un abrazo.